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domingo, 15 de enero de 2012

Inadaptados en tierras extrañas


Ya comenté que durante estas fiestas recién terminadas, lo que se dice seriar, poco, pero  me dio tiempo a dar carpetazo a un par de temporadas cortas ofrecidas, en primer lugar, por uno de los estrenos más esperados del año (que ha resultado en relativa decepción) y, en segundo lugar, por la tercera entrega de una de las citas ineludibles del género superheroico en televisión, que ha venido cargada de cambios sustanciales en su elenco. Obviamente estoy hablando de Terra Nova y de Misfits.

A la serie de los dinosaurios pixelados producida por la factoría Spielberg ya la caté hace unas semanas. Y si de aquella ya decía que a la cosa le faltaban unos cuantos hervores para que funcionara, no parece que en los últimos episodios se hayan visto cambios de peso como para pensar que los personajes no eran meros monigotes de papel o la vida en la colonia fuera un quiero-y-no-puedo de documental del Discovery Channel. Los Shannon continuaron su periplo de familia sin matices mientras que el interés se dirigía hacia personajes más secundarios como el Comandante Taylor, cuyo pasado ayudó a construir esa tensión y conflicto que urgían tanto en la serie.

Sin embargo, el giro de timón vino demasiado tarde en una doble season (¿series?) finale muy por encima del resto de episodios anteriores. Con unos datos de audiencia que para nada se encuentraban en las esferas de 'hit' que preveía la FOX, y a expensas del rendimiento de Alcatraz en esta midseason que acaba de empezar, los guionistas han lanzado un órgado de optimismo con un cliffhanger chocante que promete una revisión de todo lo establecido en el mundo de Terra Nova hasta el momento. Un efecto suficiente para retomar la serie el año que viene. Al menos la season premiere, si es que la hay.

Más 'extreme makeover' va a ser el caso de Misfits. Estaba visto que la marcha de Robert Sheehan, que daba vida al ínclito Nathan, odiado por unos y amado por otros tantos, iba a suponer algunos cambios. Al final, ni su marcha (solucionada en un webisodio por debajo de las expectativas), su ausencia ni su sustituto han sido para tanto. Rudy, interpretado por Joe Gilgun, que básicamente era una versión de váter del propio Nathan. Escatológico hasta el absurdo, el diálogo con ese yo tímido que producía su poder de desdoblamieto fue de lo poco interesante que aportaba el personaje, centro de los peores episodios de una volumen compuesto de siete episodios.

Kelly con su relación con el traficante de poderes, tomo el relevo de Simon en la temporada anterior, y se confirmó como la guía que iba a llevar arco argumental de la serie este año. Aunque, claro está, el conjunto final dista de ser satisfactorio. No sólo todo se orquestó de manera deslabazada, sino que la resolución pareció apelotornarse en los dos últimos episodios. Viendo lo cortas que son las temporadas británicas el tiempo sí que no está apra ser desperdiciado. Era lógico que con ese 'mini-reboot' propiciado por el intercambio de poderes, la serie de Howard Overman iba a necesitar de minutos para explicar la nueva situación de los personajes, de ahí que se volviera a una estructura de capítulos más propia de la primera temporada, lo que afectó a esa trama horizontal que no era demasiado consistente por sí sola.

Los nuevos poderes, en general, dieron poco juego, salvo el de Curtis y Simon, que al mismo tiempo tampoco fueron aprovechados en demasía. Entre penes rotos y nazis ('leit motivs' de los episodios más flojos de esta entrega), se comió tiempo para otros desarrollos más rompedores que duraron apenas un suspiro antes de ser desechados en favor de la débil trama principal.

El problema de Mifists este año no estuvo en la marcha de un personaje en concreto, sino en una falta de historias que contar o en un desgaste de las que ya había. Renovada para una cuarta temporada, y con Iwan Rheon (Simon) y Antonia Thomas (Alisha) diciendo adiós, la serie se enfrente a un nuevo terremoto sobre cuyos escombreos va a intentar el más difícil todavía.

martes, 25 de octubre de 2011

Cuando la 'terra' está demasiado revuelta

Aprovechando que esta semana Terra Nova se ha ido, como casi todas las series de la FOX, al banquillo  a causa de los partidos de béisbol que está retransmitiendo la cadena del viejo zorro Murdoch, vamos a hacer un pequeño balance de lo visto en estos primeros cinco episodios. 

Que mis expectativas con la serie se encontraran a niveles que rozaban el centro de la Tierra después de tanto retraso para retocar los efectos especiales y la propia narrativa, fue lo que me hizo acoger el doble piloto con más sorpresa catatónica que otra cosa. Eso, y el pésimo recuerdo de otro de los proyectos televisivos apadrinados por don Esteban Spielberg este año: Falling Skies (la referencia es superior a mí, lo siento). El viaje en el tiempo de una familia desde el apocalíptico 2149 a la época de los dinosaurios en busca de una versión de nuestro planeta más respirable, con Sol y Luna visibles, albergaba la promesa de una epopeya de ciencia-ficción con todas las letras. Epopeya en el sentido más 'cecilbedemílico' o 'camerónico', es decir, un despliegue de dólares en cada plano de la serie. Nada menos que 20 milloncejos costó el episodio de apertura, y viendo la textura de los depredadores digitales que exhibe Terra Nova, mucho me temo que los fajos no consiguieron cruzar el portal a lo Stargate por el que los peregrinos acceden a una nueva que labrar. Los dineros, no obstante, no fueron lo único que se quedo atrás en el proceso de producción.

La propia familia protagonista, los Shannon, parecieron tomar una terapia familiar exprés para solucionar el golpe que supuso que el patriarca Jim, un policía que rompió las reglas de natalidad teniendo otro hijo en secreto con su mujer Elisabeth, acabara con sus huesos en la cárcel durante dos años justo antes de escapar y unirse a la prole en el viaje temporal. Que Jim tardase minutos en reconectar con Elisabeth como pareja y con sus hijos, especialmente el insorportable Josh, en un montaje que gritaba 'corte, corte, corte' por los cuatro costados hacía evidente que desde arriba habían instado a Brannon Braga y compañía a cambiar detalles que oscurecían la trama hacía otros derroteros más terrenales y problemáticas parentales en las que el Spielberg cineasta es un maestro.

Terra Nova se parece mucho a la británica Outcasts en su premisa de autoexilio en busca de un mundo mejor por culpa del maltrato del hombre hacia su propio planeta, pero al incluir quedaba claro que no iba a tener las mismas altas pretensiones del fallido producto de la BBC. Lo cual no quita para que tuviera un potencial de convertirse en un buen drama familiar con todo lo que un drama familiar conlleva, mezclado con una atmósfera de ciencia-ficción. En lugar, de eso, se nos presentó algo totalmente diferente y descafeinado, y muy de postal. Confiaba en que después del piloto esto fuera a cambiar poco a poco, pero los siguientes episodios no han hecho mucho más. limitándose a crear amenazas externas en los que ambos padres, él como agente del orden, y ella como médico brillante ponían a prueba sus habilidades. Los niños son una parte más de la de decoración como las palmeras y se han dado pistas sobre un posible pasado turbio del jefe del poblado, el comandante Taylor, interpretado por el villano de Avatar, Stephen Lang. Poca cosa más

Los supuestos malos, los renegados 'sixers', son un cúmulo de tópicos, claramente representados por el hecho de que no se lavan y se pintan el cuerpo y la cara. Mientras tanto,  la mayor amenaza, los dinosaurios, salen 0,3 segundos por episodio y tampoco se ha hecho demasiado por avanzar en la mitología de la serie, en el misterio de esa especie de petroglifos que parecen estar conectados con el comandante.

Con este panorama, los actores, entre los que destacan Shelley Conn (Mistresses) y Allison Miller (Kings) tienen escaso margen para lucirse, prisioneros de unos personajes a su vez constreñidos por una narrativa que no los deja desarrollarse como es debido. Muchos se quejaron de la importancia que se le estaba dando a la familia en la serie como algo negativo y susceptible de convertirse en un medio para lanzar moralina por un tubo, circunstancia que no es tan terrible aquí como en Falling Skies. Pero, en realidad, el problema está en algo tan simple como que esa familia y sus miembros no logran interesar por sí mismos quedándose, como los dinosaurios, en una ilusión de tridimensionalidad. Y, ojo que no me refiero a personajes sacados del tiesto, sino de una familia corriente con sus barreras en el día a día, y más, tratándose de un hogar reunificado en un mundo hostil.

Con unas audiencias estables en la noche de los lunes, pero lejos del bombazo que debería ser, terminaré de ver los trece episodios de esta primera temporada. Si al final es renovada, me lo pensaré a la hora de seguir con esta ficción, a menos que en los capítulos que quedan  los productores decidan volver a meter la mano en el barro para cambiar algunas cosas. Otra vez.