Nunca he sido fan a muerte de Gran Hermano, salvo las dos primeras ediciones cuando aquello aún estaba lejos de convertirse en el sainete barato que al que podemos asistir todo el día en la programación de Telecinco. España se enganchó a un formato innovador que nos venía importado de Holanda y que actualmente huele a carne podrida, a pesar de que me diviertan algunas cosas. No sé si en Reino Unido ocurrirá lo mismo, pero está claro que están a años luz en ese deporte llamado autoparodia (el Gran Marciano de la primera edición no cuenta). En serio, ¿agitar el 'detrás de las cámaras' de Big Brother con zombis? Eso es Dead Set.Las fronteras de realidad y ficción se funden en esta producción del canal E4 cuya duración total supera las dos horas y media. Cinco capitulillos trepidantes sobran para combinar metatelevisión con añadidos de documental, terror y humor a costa de muchas, muchas vísceras y sangre. En un planteamiento que puede recordar a películas como 28 días después, un brote desconocido infecta a todo el territorio, convirtiéndolo en una nación zombi (el término es impreciso porque zombis son los muertos que se levantan de la tumba, pero está generalizado) dejando a la casa de BB y sus concursantes aislados de verdad sin que nadie que les abra la puerta del confesionario. Bueno, casi nadie, porque para eso está la heroína de los cafés, Kelly (Jamie Winstone), a la que le ha caído un marrón de los que nunca le endiñó el insoportable jefe, Patrick (Andy Nyman).
Bajados de la nube por Kelly en una escena que da una bofetada a uno de los trucos utilizados por el programa real, el plan de escape sobrevuela las cabezas de todos los concursantes que quedan en la casa. Sin embargo, la nueva situación no consigue hacer olvidar al espectador que esta viendo BB a pesar de las cantidades de sangre y derivados que se va a encontrar. La caracterización y las dinámicas de los personajes remiten directamente al programa, por eso en Dead Set es fácil identificar algunos de los tipos humanos que protagonizan las historias del reality: la pareja empalagosa, el freak, el tipo duro, la rubia tonta, la chunga y la reinona, por ejemplo. Incluso Patrick no abandona su papel de 'súper' omnipotente y manipulador.
Por si esto no fuera suficiente para reforzar el envoltorio veraz de la miniserie, el show cuenta además con la participación de la auténtica presentadora del progama, Davina McCall, interpretándose a sí misma y a su versión zombi, algo que, en su momento, me hizo pensar en Mercedes Milá cargándose a fumadores empedernidos (y a Arturo, ya puestos) de esa guisa.
Dentro del género de terror, las historias de zombis/infectados son las que, a priori ofrecen menos margen de innovación debido propia psicología de estas criaturas, que, siendo honestos, no da para mucho. En este sentido, la miniserie no se aparta del camino antes transitado por infinidad de productos, desde el más cutre al más cuidado, desde el que se queda corto de sangre al que más suelta. Como diría un amigo con el que la vi, y que está mucho más puesto en estos temas que yo, quizá falte una explicación al origen del brote, pero a nivel visual Dead Set supera el aprobado. También da el entretenimiento que se espera de una ficción de este estilo. Siempre y cuando vayamos con el estómago vacío, claro.