Reconozco que antes de escribir la presente entrada, he tenido que ir a la habitación de mi compañero de piso y ponerme el ventilador en el cuarto unos minutos. Porque cada vez que intento evocar la season finale de Kings no puedo evitar que me suba la temperatura de la indignación. ¿De verdad que todo se acaba cuando la fábula sólo está por la mitad?Como ya se apuntaba en el piloto, la malograda serie de Michael Green era una carga demasiado pesada para lo que podía soportar la NBC, que, ante el único producto de su actual parrilla sellado con la marca de calidad, no supo ni promocionarlo ni programarlo (publicidad nula y condena al cementerio de los sábados). Por supuesto que nadie sabe con exactitud cómo reaccionará la audiencia ante una nueva serie pero, sin duda, los 'pavitos reales' son responsables de la debacle de la historia de David en los audímetros estadounidenses. El esfuerzo de comunicación para hacer llegar a los espectadores la adaptación del texto bíblico es mayor y se vuelve más complicado cuando tus espectadores no pagan por acceder a los contenidos.
Que una 'network' como la NBC diese luz verde a una temporada de 13 capítulos sabiendo que Kings no era una serie fácil, y para más inri, después ni presuma de ella cuando la crítica la etiqueta como 'El mejor estreno del año', dice bastante de la esquizofrenia que padece la cadena en sus departamentos directivos. Como diría una buena amiga: ¿Para qué gastarte unos miles de euros en un bolso de Hermés si no lo vas a lucir? Pues lo mismo. Eso sí, aún está por ver si el cambio de guardia anunciado ayer da resultados benignos a la cadena.
Esta sensación de sinsentido aumenta tras haber terminado la serie, impecable en el apartado técnico y emotiva en la narración. Quizá su tendencia a excederse en el preciosismo de los símbolos y el lenguaje shakesperiano sean sus 'peros' más destacables, aunque quedan eclipsados por la fuerza y el ritmo de la historia y unos personajes, en general, con sangre en las venas. En concreto, el Rey Silas que compone un inmenso Ian McShane, actor capaz de transmitir amabilidad y celos de favorito caído en desgracia con una gracia pasmosa.

Curiosamente, su personaje acaba en el mismo punto en el que empezó Jack Benjamin, ciego de envidia, pero con el añadido de ser castigado por el mismísimo Dios. Por su base bíblica, la serie no se desprendió de su componente religioso y/o sobrenatural en ninguno de sus capítulos, si bien esto se hizo más patente en el último, que deja al espectador con la miel en los labios y con las ganas de seguir acompañando a David en la senda hacia el trono. Costó una temporada entera para que el chaval aceptara que su destino era ser monarca de Gilboa como para que nos dejen con un final tipo 'coitus interruptus' y sin la posibilidad de ver cómo el Capitán Shepherd supera el arquetipo de héroe impoluto.
Una vez se supo que estaba cancelada, lo mínimo que se le pedía a la serie era un desenlace digno y cerrado, pero considerando que fue rodada en bloque y sin vuelta atrás, pues pocas esperanzas había. Y llegados a este punto volvemos a hacernos la misma pregunta: ¿Por qué encargar un cierto número de capítulos cuando en el fondo estás temblando de miedo? Si la NBC quería conseguir con la propuesta de Green un hipotético éxito de crítica, a sabiendas de que no era un producto masivo, tenía que haberle planteado al creador la posibilidad de articular una miniserie desde el principio, en lugar de una serie al uso. Porque a estas alturas ya nadie se cree que eso de que Kings contaba con un cierre en el que se atan todos los cabos, tal y como explicó el propio 'showrunner'.
Pero lo peor del caso es que, visto el pausado desarrollo de la historia a lo largo de los capítulos, resultaría una chapuza que, de repente, se reuniera de nuevo el equipo de rodaje para darle un final a la trama. Todo hubiese quedado comprimido y acelerado. Por ello, con todo el dolor del mundo, mejor me quedo este final inconcluso antes de que lo hubieran empeorado.


