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sábado, 14 de julio de 2012

Aprovechando el pan duro...

¿De verdad os da cosa leer spoilers sobre Grey's Anatomy y The Secret Circle?

Vamos a aplicar nuestra política de recortes y eficiencia particular haciendo un 2x1 con la entrada de hoy.  Pero, tranquilos, que no pretendo obligar a series como Fringe o a Once Upon a Time a compartir espacio (espero pronto dedicarle sendos posts decentes a ambas), sino que aprovecho para juntar las migajas de la octava temporada de Grey's Anatomy con las de la cancelada The Secret Circle. Como véis, hay que sacarle partido a las sobras del año televisivo.

En otros tiempos (es decir, el año pasado), habría dedicado bastantes líneas a desmenuzar las andanzas de los médicos del Seattle Grace-Mercy West Hospital, pero esta vez Shonda Rhimes apenas me ha dado razones para ello. Unos de mis trucos cuando me toca escribir sobre Grey's Anatomy consiste en conservar la series finale de la temporada anterior, más que nada por el riesgo a olvidarme de en qué estado empiezan los personajes la nueva temporada. Claro está, esto no ocurre cuando la Rhimes se marca una finale efectista tipo tiroteo, pero el de la séptima fue tan tibio que tuve que recurrir a mis archivos. Bueno, tibio para quien no considere escandaloso que Meredith se haya escapado llevándose la bebé Zola, después de que Derek descubriera el chanchullo que su mujer post-it le hizo a la esposa del Chief para que entrara en el ensayo clínico contra el Alzheimer. Lo que parecía que iba a dar bastante juego en la octava entrega, se resuelve de forma un tanto rápida, con Derek perdonando a Meredith, y los servicios sociales aceptando a la súperpareja como padres adoptivos de Zola.  Ahí muere el drama de los personajes de Ellen Pompeo y Patrick Dempsey, que poco han tenido que hacer en los 22 episodios. No sé si hubiera aguantado otros conflicto duradero entre Mer y Der tras años de tiras y aflojas; funcionan mucho mejor cuando están tranquilos, pero da la sensación de que se podría haber hecho algo más.

De todas formas, en Shondaland siempre debe haber alguien que pringue, y ahí está Christina para fichar. Su problemas matrimoniales con Owen son una apendicitis seriéfila que lleva dando la vara desde la temporada anterior, así que no sorprende que el asunto haya derivado en una peritonitis que casi me quita las ganas de seguir con la serie. Owen es un personaje que hay que digerir en pocas dosis y Yang parece una sombra de lo que fue. Los guionistas les han dado demasiado tute teniendo en cuenta que otros personajes, como Lexie, habían adquirido un aspecto fantasmagórico sin motivo alguno (aunque en la finale ya completa la transición a espíritu). No llegan a los extremos de ninguneo de la pequeña Grey pero Avery, April, Alex Arizona (cuanto nombre con 'A'), Callie, Bailey, el Chief  y Teddy (otra la de las bajas de la serie) se han movido con bastante carta blanca.

En general, todo se podría resumir en 'no pasa nada' y un episodio 'What If' de relleno hasta llegar a los últimos cuatro capítulos donde Shonda y sus secuaces deciden apresurarse hacer todo lo que no hicieron en los episodios anteriores. En primer lugar, está la comedia con el tema de los exámenes para conseguir la residencia definitiva y, en segundo, y buscando superar todas las expectativas, se encuentra el accidente de avión en medio del bosque. Un pseudohomenaje patillero a Lost, que demerece los grandes finales de Grey's. Quitando lo anticlimática que resulta la muerte de Lexie, sólo sirve para poner en suspenso el futuro de Arizona y Mark, ya que Jessica Capshaw y Eric Dane están negociando contrato, si bien noticias recientes podrían sugerir que están más fuera que dentro.

Pese a todo, voy a seguir con la serie (muchos años, son muchos años), cosa que no haría con The Secret Circle ni aunque estuviera renovada.  Los adolescentes brujos de Chance Harbor no terminaron de desplegar toda la mala leche que se les pedía, y los responsables de la serie tampoco exprimieron más al personaje más indicado para meter cizaña: Faye. La ficción insistía en tomarse demasiado en serio el romance entre el Señor de las Cejas aka Adam y Cassie, la protagonista, descuidando otros miembros del círculo con más potencial como Diana o Melissa.

La muerte de Nick puso en escena a su hermano, Jake (Chris Zylka, The Amazing Spider-man), pero la nueva incorporación también cayó en papel mojado para ser arrastrada a un insulso amago de cuadrángulo con la pareja soporífera y Faye. Y eso que el personaje tenía su miga porque era un brujo con un problema de autoodio bastante importante que le había llevado a trabajar para los mismos cazadores que mataron a sus padres... En realidad, el universo de la serie y sus personajes daban para mucho más dentro de los estándares de The CW, que suelen ser bastante laxos, de ahí el fiasco del conjunto. Al mismo tiempo y, aunque en el original literario sea así, el hecho de que la magia sólo surgiera cuando estaban los seis en amor y compañía le restaba espectacularidad a la serie. Un producto de género debe hacer justicia a su apellido.

Aquí también los guionistas se pusieron las pilas demasiado tarde, y presentaron al maligno padre de Cassie, John Blackwell (interpretado por un resucitado Joe Lando, el Sully de La Doctora Quinn), que básicamente fue el inseminador de todos los círculos el pueblo y de más allá. Con el barco ya hundido tuvieron la desfachatez de cerrar el volumen con un 'cliffhanger' de libro que prometía al menos una segunda temporada más entretenida para aquellos que sí estaban dispuestos a continuar con la serie.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cromas mágicos


El otro día comentábamos por Twitter la prisa que se daba The CW en estrenar toda su pólvora en las dos primeras semanas de septiembre en lugar de hacerlo como el resto de networks a finales de mes. Claramente esto obedece a un motivo tan sospechoso como que sus series tienen la calidad de unas gafas de sol del top manta y, por tanto, hay que aprovechar  que no pasa todavía ningún poli de paisano por ahí (léase el resto de networks y canales de cable) para hacer negocio antes de tener que salir por patas. Más o menos ésta es la sensación que se confirma tras ver esta semana los dos pilotos de las grandes novedades de la cadena verde para esta temporada recién inaugurada: Ringer y The Secret Circle.

Ringer, el esperadísimo regreso de Sarah Michelle Gellar (o SMG para los amigos, que tu nombre se pueda resumir en siglas es un indicador de tu divismo) a la televisión tras Buffy ha provocado una sucesión de chascarrillos esta semana por razones extranarrativas. O bueno, quizá no tanto si paramos a pensarlo con detalle. El caso es que, al igual que ocurriera con el humo omnipresente del piloto de The Vampire Diaries, el departamento de efectos especiales ha vuelto a ser la víctima gracias a un cromatín parapetado en una escena marítima que debió de haber sido rodada en el jacuzzi de la Gellar, a tenor de la falsedad de las nubes, la ausencia de gaviotas y la combinación de viento desaforado y un aura brillante que rodeaba la silueta de la actriz. Y no, no se trataba de rodar la aparición de una santa. Cuando creíamos que nada podía superar a los cromas en primetime de la nave nodriza de Anna en V remake (ABC, 2009-2011), aquí tenemos la prueba cutre y patillera de que "impossible is nothing".

Más allá de la pantalla verde, de imposible también encontramos bastante en un piloto donde se desafían las reglas del giro de guión por metro cuadrado. Bajo la architrillada premisa de un intercambio de gemelas idénticas (una, Bridget,  ex prostituta dogadicta que busca redimirse, y la otra, Siobhan, ricachona con casa en los Hamptons pero mala persona), en el piloto se dan cita todos los clichés a los que podemos asistir extendidos en un culebrón de 200 capítulos. Desde amantes, hijastras rebeldes, embarazos fake, desapariciones hasta situaciones de peligro de muerte... Todo eso se cuela en apenas 40 minutos decorados con espejos que, más que ayudar a una Gellar oxidada a diferenciar las expresiones de una y otra hermana,  contribuyen a desorientar el pobre cerebro tras semejante acumulación de hechos.

Quizá la búsqueda de sentido a este desaguisado y, honestamente, la alta y divertida sensación de entretemiento' trash' de sábado 'antenatresero'  sea lo que me haga repetir con el segundo episodio.  Eso y la duda de si no había nada en la BBC para que Ioan Gruffud (Andrew, el marido magnate de Siobhan) haya tenido que aceptar este trabajo alimenticio. Aspirante a placer culpable (otra más), yo te saludo.


Y me temo que también habrá que hacerle sitio a las brujos adolescentes de The Secret Circle, que, tan sólo por su temática y la ligereza de su primera parada ya han conseguido hacer que me pique la curiosidad, al margen de que el aquelarre lo montan los mismos hechiceros de The Vampire Diaries. Sin embargo, al contrario del repelús que me provocó el piloto de ésta (tanto como para no sucumbir ni siquiera tras los comentarios de que la serie mejora), la llegada de Cassie Blake, después de la muerte de su madre, a la casa de su abuela en el pueblo costero de Chance Harbor para descubrir que pertenece a una estirpe de brujas de 300 años, me ha entretenido lo bastante como para volver. Tampoco es que haya que hacer la cuadratura del círculo para superar a aquel desproposito, pero en este primer capítulo se ponen las piezas para llevar un producto sobrenatural digno dentro de las previsibles tramas y arquetipos que se nos presentan en el frente 'high school' liderados desde el minuto uno por unos potenciales cuernos y la aparición de la siempre necesaria bitch,  interpretada por Phoebe Tonkin, una de las (por si no estábamos cargados ya de basura y aires de Antena 3) sirenas de H20.

Tonkin interpreta a Faye, que, además de perra del infierno, también es bruja, como casi todos en el pueblo  (si por algo en los libros el sitio se llama New Salem...), y no hace falta decir que el personaje le da cien vueltas de Cassie , a la que aparte de ser buena sin más , tampoco no ayuda que la encarne Brittany Robertson, por eso de que vivimos con el temor de que le salga el ramalazo de la insoportable protagonista de Life Unexpected. Ella dos forman parte de un círculo de seis jóvenes brujos (dos chicos y cuatro chicas, esto no es como la paridad de Friends) que con la llegada de Cassie se ve completo y habilitado para que sus miembros aumenten y controlen sus poderes a espaldas de lo que queda de sus progenitores, que perdieron a sus respectivos en una de esas sesiones y reniegan de la magia desde entonces... Salvo dos de ellos en concreto que tienen unos planes muy oscuros que involucran a ¡sorpresa! Cassie.  Por supuesto, que, entremedias,  a la novata aún tendremos que aguantarla unos capítulos más con su crisis de "yo no soy bruja" y "no voy a sucumbir a Adam el novio de Diana, la líder, que no se merece que le haga esto porque me trata genial, no como Faye".

Hablando de maromos, el tal Adam no es otro que Thomas Dekker, el amigo de la porrista de Heroes y John Connor en las crónicas de su madre. Decepcionante tratándose de The CW que un cañón en extrañas horas bajas como Gale Harold (Brian Kinney en Queer as Folk), en calidad de villano de la función, arranque más suspiros que el supuesto 'hottie' de la serie por mucha mirada intensa 'cullenesca' que lance. Será el síndrome de abstinencia de Harry Potter pero, por el momento, estoy dispuesta a jugar a adivinar qué artista suena en qué momento con esta serie que ha comenzado con buen pie en los ratings tienendo a los vampiros de Mystic Falls como 'lead-in'.