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sábado, 14 de julio de 2012

Aprovechando el pan duro...

¿De verdad os da cosa leer spoilers sobre Grey's Anatomy y The Secret Circle?

Vamos a aplicar nuestra política de recortes y eficiencia particular haciendo un 2x1 con la entrada de hoy.  Pero, tranquilos, que no pretendo obligar a series como Fringe o a Once Upon a Time a compartir espacio (espero pronto dedicarle sendos posts decentes a ambas), sino que aprovecho para juntar las migajas de la octava temporada de Grey's Anatomy con las de la cancelada The Secret Circle. Como véis, hay que sacarle partido a las sobras del año televisivo.

En otros tiempos (es decir, el año pasado), habría dedicado bastantes líneas a desmenuzar las andanzas de los médicos del Seattle Grace-Mercy West Hospital, pero esta vez Shonda Rhimes apenas me ha dado razones para ello. Unos de mis trucos cuando me toca escribir sobre Grey's Anatomy consiste en conservar la series finale de la temporada anterior, más que nada por el riesgo a olvidarme de en qué estado empiezan los personajes la nueva temporada. Claro está, esto no ocurre cuando la Rhimes se marca una finale efectista tipo tiroteo, pero el de la séptima fue tan tibio que tuve que recurrir a mis archivos. Bueno, tibio para quien no considere escandaloso que Meredith se haya escapado llevándose la bebé Zola, después de que Derek descubriera el chanchullo que su mujer post-it le hizo a la esposa del Chief para que entrara en el ensayo clínico contra el Alzheimer. Lo que parecía que iba a dar bastante juego en la octava entrega, se resuelve de forma un tanto rápida, con Derek perdonando a Meredith, y los servicios sociales aceptando a la súperpareja como padres adoptivos de Zola.  Ahí muere el drama de los personajes de Ellen Pompeo y Patrick Dempsey, que poco han tenido que hacer en los 22 episodios. No sé si hubiera aguantado otros conflicto duradero entre Mer y Der tras años de tiras y aflojas; funcionan mucho mejor cuando están tranquilos, pero da la sensación de que se podría haber hecho algo más.

De todas formas, en Shondaland siempre debe haber alguien que pringue, y ahí está Christina para fichar. Su problemas matrimoniales con Owen son una apendicitis seriéfila que lleva dando la vara desde la temporada anterior, así que no sorprende que el asunto haya derivado en una peritonitis que casi me quita las ganas de seguir con la serie. Owen es un personaje que hay que digerir en pocas dosis y Yang parece una sombra de lo que fue. Los guionistas les han dado demasiado tute teniendo en cuenta que otros personajes, como Lexie, habían adquirido un aspecto fantasmagórico sin motivo alguno (aunque en la finale ya completa la transición a espíritu). No llegan a los extremos de ninguneo de la pequeña Grey pero Avery, April, Alex Arizona (cuanto nombre con 'A'), Callie, Bailey, el Chief  y Teddy (otra la de las bajas de la serie) se han movido con bastante carta blanca.

En general, todo se podría resumir en 'no pasa nada' y un episodio 'What If' de relleno hasta llegar a los últimos cuatro capítulos donde Shonda y sus secuaces deciden apresurarse hacer todo lo que no hicieron en los episodios anteriores. En primer lugar, está la comedia con el tema de los exámenes para conseguir la residencia definitiva y, en segundo, y buscando superar todas las expectativas, se encuentra el accidente de avión en medio del bosque. Un pseudohomenaje patillero a Lost, que demerece los grandes finales de Grey's. Quitando lo anticlimática que resulta la muerte de Lexie, sólo sirve para poner en suspenso el futuro de Arizona y Mark, ya que Jessica Capshaw y Eric Dane están negociando contrato, si bien noticias recientes podrían sugerir que están más fuera que dentro.

Pese a todo, voy a seguir con la serie (muchos años, son muchos años), cosa que no haría con The Secret Circle ni aunque estuviera renovada.  Los adolescentes brujos de Chance Harbor no terminaron de desplegar toda la mala leche que se les pedía, y los responsables de la serie tampoco exprimieron más al personaje más indicado para meter cizaña: Faye. La ficción insistía en tomarse demasiado en serio el romance entre el Señor de las Cejas aka Adam y Cassie, la protagonista, descuidando otros miembros del círculo con más potencial como Diana o Melissa.

La muerte de Nick puso en escena a su hermano, Jake (Chris Zylka, The Amazing Spider-man), pero la nueva incorporación también cayó en papel mojado para ser arrastrada a un insulso amago de cuadrángulo con la pareja soporífera y Faye. Y eso que el personaje tenía su miga porque era un brujo con un problema de autoodio bastante importante que le había llevado a trabajar para los mismos cazadores que mataron a sus padres... En realidad, el universo de la serie y sus personajes daban para mucho más dentro de los estándares de The CW, que suelen ser bastante laxos, de ahí el fiasco del conjunto. Al mismo tiempo y, aunque en el original literario sea así, el hecho de que la magia sólo surgiera cuando estaban los seis en amor y compañía le restaba espectacularidad a la serie. Un producto de género debe hacer justicia a su apellido.

Aquí también los guionistas se pusieron las pilas demasiado tarde, y presentaron al maligno padre de Cassie, John Blackwell (interpretado por un resucitado Joe Lando, el Sully de La Doctora Quinn), que básicamente fue el inseminador de todos los círculos el pueblo y de más allá. Con el barco ya hundido tuvieron la desfachatez de cerrar el volumen con un 'cliffhanger' de libro que prometía al menos una segunda temporada más entretenida para aquellos que sí estaban dispuestos a continuar con la serie.

viernes, 20 de abril de 2012

It's called Ringer, bitch!

"My name is Bridget, I witnessed a murder. (...) You don't get it; if Bodaway wants me dead, I'm dead. (..) I ran to my sister, Siobhan, for help. Siobhan killed herself and I assumed her identity. (...) It was so easy, I saw a way out and I took it. They all think that I'm her".

Si reproduzco la voz el off de Siobhan del 'previously' de Ringer es porque, de entre todo lo mostrado a lo largo de los 22 capítulos de su primera y (salvo milagro) última temporada, es lo único que permanece mostrar cierta lógica en el planteamiento y ejecución de esta serie. De verdad de la buena, ni siquiera el cromatín naútico del piloto podría presagiar un subproducto tan de celda de máxima seguridad de manicomio como éste. Estoy segura de que en ninguna serie de la factoría de JJ hacen falta tantos croquis para entender los giros copernicanos que dan tramas y personajes como sí pasa en este anunciadísmo regreso de la televisión de la otrora cazavampiros Sarah Michelle Gellar, ahora reciclada en diva de  papelera de cualquier hogar seriéfilo que se precie.

Confieso que antes escribir esta entrada intenté hacer un inventario sesudo de la cantidad de sucesos que han ocurrido, y me ha salido una cosa con aspecto próximo a un enjambre de abejas rabiosas cual Shakiras en celo que me han dejado al borde de un dolor de cabeza. Intentar comprender Ringer es un peligro para la salud humana; la serie se muestra tan enrevesada en su propia mediocridad que corremos el riesgo de acabar igual de tarumbas como los psicólogos que se obsesionan con sus pacientes. Por eso, la manera más cabal (si es que existe) de enfrentarse a esta ficción que, en principio iba a parar a la CBS en vez de The CW (hoy por hoy, no nos extraña la degradación a la hermana pobre), siempre ha consistido en dejarse llevar por el desenfreno piscotrópico que proponen sus guiones. Unos cientos de hojas por episodio que materializan sin límite nuestros delirios de escritor más inconfesables y, lo más importante, son autoconscientes de que eso es lo que están haciendo. En este sentido, Ringer viene a ser otro de tantos placeres culpables, pero quizá lo que le separa del resto es que a la serie de SMG (sí de ella, que para eso la produce) no le queda un ápice de vergüenza, y sí unos huevazos de semental, para rebajar (o exagerar, según se mire)  todos sus elementos hasta tocar el verdadero esperpento; el destino al que debe aspirar todo subproducto si quiere dejar una cierta huella en el espectador y entretenerlo a pesar de sus taras evidentes.

Ringer conecta con nuestros más bajos instintos y nos brinda imágenes que apelan a esa necesidad de lo grotesco, como ese grandísimo baúl con cádaver en medio de una fiesta, y en el que nadie acaba repara aun y cuando no para de chorrear sangre; esa coleta postiza tan barata pegada a la cabeza de Bridget/Siobhan, los oros mal colocados; y esa necesidad imperiosa de que todo el mundo sea sospechoso de asesinato. Porque sí, la premisa promigenia que nos vende la serie es que Siobhan Martin se quiere vengar de su hermana gemela ex drogadicta, Bridget Kelly, por haber sido la responsable de la muerte de su hijo en un accidente de cosa, pero, a la vez, hay otras subtramas que también implican persecución y muerte como la del criminal Bodaway Macawi hacia Bridget, o la de Andrew Martin (Ioan Gruffudd) y su socia Olivia (Jamie Murray) hacia Siobhan y, el rizo del rizo, la de la ex de Andrew, Catherine (alucinadísima Andrea Roth)  hacia Siobhan. Eso por no hablar de los cuernos que Siobhan le ponía su marido con el pusilámine del mejor amigo de éste, el proyecto de escritor/experto en braguetazos Henry Butker (Kris Polaha, abonado a The CW tras Life Unexpected), a su vez marido de la mejor amiga de Siobhan, Gemma 'You Whore!' Arbogast, una rica heredera. Y, por si no fuera suficiente ya, a la pobre Bridget le toca aguantar y resolver todos los trapos sucios de su hermana porque... ¡se está haciendo pasar por ella! Al final he acabado por hacer un minidesglose de todo el tinglado, pero estoy dejando de mencionar intentos de fraude y extorsión, hijas rebeldes y borrachas, y otras subtramas ojipláticas que más vale no desvelar.



Si estás buscando locura,  no vayas más lejos, porque Ringer ofrece en una sola entrega todo lo que Shonda Rhimes dosifica en ocho temporadas. Es una serie para mentes muy rápidas... Y no, no es broma. Los guiones, después de todo, parecen salidos de las mejores escuelas de "It's called improvised, bitch". El capítulo veintiuno, de título homónimo, encapsula la esencia de Ringer. Esa improvisación y soluciones de bombero se llevan a un extremo en el que los flashbacks son meras comparsas de última hora al servicio de las tramas y revelaciones más WTF, y del brillo chillón de las interpretaciones de vodevil. Porque SMG ya puede estar orgullosa todo lo que quiera de la supuesta seriedad de su trabajo como las gemelas, pero si el único elemento diferenciador de su actuacíon es que la primera lleva moño (por supuesto, Siobhan, las malas pécoras estiradas siempre llevan el pelo recogido) y la segunda (Bridget), el pelo suelto, ya puede seguir soñando con el Emmy. Igual que el resto del reparto, con un Polaha digno de las canteras de granito de Porriño.

- "That's for sleeping with my husband, you whore!!"

Pero si hay algo que destacar de esta ficción es su querencia por unas líneas de diálogo elaborados en menos de un minuto en los que siempre se hace mención al oficio más viejo del mundo, ése con el que Bridget parece haber coqueteado en el pasado, o simplemente, al zorrerío, las malas artes, y las conversaciones escatológicas. Con semejante material, los responsables de la serie no podían menos que rinderse un autohomenaje y atreverse a titular cada entrega semanal con joyas extraídas de los propios diálogos como "If you ever want a French lesson", "A whole new kind of bitch", "The poor kids do it everyday", "We can get a dog instead", "Shut up and eat your Bologna" "What are you doing ho-bag", "It's easy to cry when this much cash is involved", "Whores don't make that much", "P.S. You're an idiot", "You're way too pretty to go to jail", "If you're an evil bitch just get over it", or el ya mencionado "It's called...".

Con unos pésimos datos de audiencia, por debajo del 1 en las demos, la apuesta retequeculebronera y cutrelux de Ringer estaba sentenciada desde mitad de temporada. Quizá por ello la serie se despojó de todas sus pretensiones, sobre todo, en su último tramo, y nos brindó a los que la seguimos una huida hacia adelante, quemándose a lo bonzo, divirtiendo como las mejores comedias y, para colmo, teniendo la cara de despedirse con un buen cliffhanger. Tenía que ser Shivette.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cromas mágicos


El otro día comentábamos por Twitter la prisa que se daba The CW en estrenar toda su pólvora en las dos primeras semanas de septiembre en lugar de hacerlo como el resto de networks a finales de mes. Claramente esto obedece a un motivo tan sospechoso como que sus series tienen la calidad de unas gafas de sol del top manta y, por tanto, hay que aprovechar  que no pasa todavía ningún poli de paisano por ahí (léase el resto de networks y canales de cable) para hacer negocio antes de tener que salir por patas. Más o menos ésta es la sensación que se confirma tras ver esta semana los dos pilotos de las grandes novedades de la cadena verde para esta temporada recién inaugurada: Ringer y The Secret Circle.

Ringer, el esperadísimo regreso de Sarah Michelle Gellar (o SMG para los amigos, que tu nombre se pueda resumir en siglas es un indicador de tu divismo) a la televisión tras Buffy ha provocado una sucesión de chascarrillos esta semana por razones extranarrativas. O bueno, quizá no tanto si paramos a pensarlo con detalle. El caso es que, al igual que ocurriera con el humo omnipresente del piloto de The Vampire Diaries, el departamento de efectos especiales ha vuelto a ser la víctima gracias a un cromatín parapetado en una escena marítima que debió de haber sido rodada en el jacuzzi de la Gellar, a tenor de la falsedad de las nubes, la ausencia de gaviotas y la combinación de viento desaforado y un aura brillante que rodeaba la silueta de la actriz. Y no, no se trataba de rodar la aparición de una santa. Cuando creíamos que nada podía superar a los cromas en primetime de la nave nodriza de Anna en V remake (ABC, 2009-2011), aquí tenemos la prueba cutre y patillera de que "impossible is nothing".

Más allá de la pantalla verde, de imposible también encontramos bastante en un piloto donde se desafían las reglas del giro de guión por metro cuadrado. Bajo la architrillada premisa de un intercambio de gemelas idénticas (una, Bridget,  ex prostituta dogadicta que busca redimirse, y la otra, Siobhan, ricachona con casa en los Hamptons pero mala persona), en el piloto se dan cita todos los clichés a los que podemos asistir extendidos en un culebrón de 200 capítulos. Desde amantes, hijastras rebeldes, embarazos fake, desapariciones hasta situaciones de peligro de muerte... Todo eso se cuela en apenas 40 minutos decorados con espejos que, más que ayudar a una Gellar oxidada a diferenciar las expresiones de una y otra hermana,  contribuyen a desorientar el pobre cerebro tras semejante acumulación de hechos.

Quizá la búsqueda de sentido a este desaguisado y, honestamente, la alta y divertida sensación de entretemiento' trash' de sábado 'antenatresero'  sea lo que me haga repetir con el segundo episodio.  Eso y la duda de si no había nada en la BBC para que Ioan Gruffud (Andrew, el marido magnate de Siobhan) haya tenido que aceptar este trabajo alimenticio. Aspirante a placer culpable (otra más), yo te saludo.


Y me temo que también habrá que hacerle sitio a las brujos adolescentes de The Secret Circle, que, tan sólo por su temática y la ligereza de su primera parada ya han conseguido hacer que me pique la curiosidad, al margen de que el aquelarre lo montan los mismos hechiceros de The Vampire Diaries. Sin embargo, al contrario del repelús que me provocó el piloto de ésta (tanto como para no sucumbir ni siquiera tras los comentarios de que la serie mejora), la llegada de Cassie Blake, después de la muerte de su madre, a la casa de su abuela en el pueblo costero de Chance Harbor para descubrir que pertenece a una estirpe de brujas de 300 años, me ha entretenido lo bastante como para volver. Tampoco es que haya que hacer la cuadratura del círculo para superar a aquel desproposito, pero en este primer capítulo se ponen las piezas para llevar un producto sobrenatural digno dentro de las previsibles tramas y arquetipos que se nos presentan en el frente 'high school' liderados desde el minuto uno por unos potenciales cuernos y la aparición de la siempre necesaria bitch,  interpretada por Phoebe Tonkin, una de las (por si no estábamos cargados ya de basura y aires de Antena 3) sirenas de H20.

Tonkin interpreta a Faye, que, además de perra del infierno, también es bruja, como casi todos en el pueblo  (si por algo en los libros el sitio se llama New Salem...), y no hace falta decir que el personaje le da cien vueltas de Cassie , a la que aparte de ser buena sin más , tampoco no ayuda que la encarne Brittany Robertson, por eso de que vivimos con el temor de que le salga el ramalazo de la insoportable protagonista de Life Unexpected. Ella dos forman parte de un círculo de seis jóvenes brujos (dos chicos y cuatro chicas, esto no es como la paridad de Friends) que con la llegada de Cassie se ve completo y habilitado para que sus miembros aumenten y controlen sus poderes a espaldas de lo que queda de sus progenitores, que perdieron a sus respectivos en una de esas sesiones y reniegan de la magia desde entonces... Salvo dos de ellos en concreto que tienen unos planes muy oscuros que involucran a ¡sorpresa! Cassie.  Por supuesto, que, entremedias,  a la novata aún tendremos que aguantarla unos capítulos más con su crisis de "yo no soy bruja" y "no voy a sucumbir a Adam el novio de Diana, la líder, que no se merece que le haga esto porque me trata genial, no como Faye".

Hablando de maromos, el tal Adam no es otro que Thomas Dekker, el amigo de la porrista de Heroes y John Connor en las crónicas de su madre. Decepcionante tratándose de The CW que un cañón en extrañas horas bajas como Gale Harold (Brian Kinney en Queer as Folk), en calidad de villano de la función, arranque más suspiros que el supuesto 'hottie' de la serie por mucha mirada intensa 'cullenesca' que lance. Será el síndrome de abstinencia de Harry Potter pero, por el momento, estoy dispuesta a jugar a adivinar qué artista suena en qué momento con esta serie que ha comenzado con buen pie en los ratings tienendo a los vampiros de Mystic Falls como 'lead-in'.

sábado, 12 de febrero de 2011

The CW quiere montar un aquelarre

A veces pienso que The CW, de tan adolescente que es, hasta mimetiza comportamientos del target al se dirige la 'netlet'. Ya sabe que muchos hijos de vecino entre los 12 y los 18 años pasan por diferentes fases desde la etapa choni-raperilla a la moderna-gafapástica seguidora del videoarte (una misma persona es capaz de pasar por muchas tribus urbanas en su vida), según las modas del momento. Pues bien, después del bombardeo de dramas centrados en jóvenes ricos y 'chic', la cadena comandada por Dawn Ostroff quiere seguir potenciando su experiencia en asuntos sobrenaturales tan en boga con el encargo de un piloto basado en la serie de libros The Secret Circle, sobre una mujer que se muda a un nuevo pueblo, donde descubre que es una bruja, pero no una mindundi, sino una por la que se volverá a desencadenar eterna la lucha entre el bien y el mal, cuyo parón navideño estaba durando demasiado.

Con este argumento lo primero que viene a la mente es una nostalgia por la etapa 'buffyana' que marcó una gran parte de la vida de la difunta Warner, la madre de la criatura CW. Buffy: The Vampire Slayer (1997-2003) y Angel (1999-2004) se repartían el bacalao en cuanto a seres del más allá a principios del milenio, y contaban con el añadido de que formaban parte de un mismo universo de ficción. Después, ambas series terminaron su andadura casi al mismo tiempo que otra de las glorias de la cadena del mítico estudio cinematográfico, Dawson's Creek (1998-2003), dejando solas las Gilmore de Star Hollow, que sólo sobrevivieron al primer año de la fusión con UPN, en 2006.

The CW no se ha caracterizado por emular las audiencias alcanzadas por Warner, no al menos hasta hace un par de temporadas, cuando Kevin Williamson se puso detrás del proyecto de adaptación de The Vampires Diaries, que se ha convertido en el sancta sanctorum de la cadena verde por acumular méritos más que evidentes en la competida noche de los jueves. Y como en en televisión el éxito es ultrafugaz, no hay nada mejor que explotar el filón.

Además de los parecidos en el plateamiento, la referencia a las series de Joss Whedon también sirve para detectar un claro intento de The CW por construir una marca entorno a las historias de L.J. Smith, creadora de los hermanos Salvatore, protagonistas de la serie de vampiros, pero también de la bruja novata de The Secret Circle (las portadas de ambos libros son casi iguales). Encima, Williamson doblará en su labor de showrunner y se pondrá a cocinar ancas de rana para sacar adelante el piloto. Si la pócima sale bien, Dawn Ostroff ya puede subirle los honorarios a ambos.

Sin olvidarnos de la veterana Supernatural, que resiste cancelaciones hasta nuevo aviso, con este anuncio queda confirmado que The CW prefiere pasar su tiempo libre estos días en pueblos con pinta de ser un agujero, pero donde siempre ocurren cosas raras, en vez de tostarse a orilla de la piscina, copa de champán en mano.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Las tópicas gatas del infierno

Os voy a decir la verdad. Escribo este post desde el averno seriéfilo porque es donde me merezco estar por haber sucumbido sin remedio al visionado del piloto de Hellcats, y que me haya enganchado. No me culpéis por hacer una crítica en plan telegrama, porque el ingenio no me da para describir un caso de 'nada televisiva' como el que nos ocupa ahora. Muchas risas maliciosas hubo con el súperestreno de The CW el año pasado pero, al final, aquel primer episodio demostró que tenía más cosas para diseccionar en comparación con el de este año y encima la serie acabó arrasando con media blogosfera y Twitter durante este verano que ya se termina. Así que, esta vez, voy a pasar de explicar por qué Hellcats acuñó el pasado ocho de septiembre tres millones de espectadores y no voy a intentar recomendar lo irrecomendable (dadme Battlestar Galactica que por muy difícil que sea, lo prefiero), pero sí voy a dar cinco (irracionales) motivos por los que voy a ver el siguiente capítulo:

1) El tema animadoras. La mítica Bring It On ('A por todas') y aquella peli portagonizada por Mena Suvari sobre cheerleaders metidas a ladronas de bancos titulada Ingenuas y peligrosas hicieron mucho daño a los que fuimos quinceañeros a principios de los años 2000. Y yo he visto A por todas 3, con Hayden Panetierre ensayando para después dislocarse los hombros como animadora en Heroes al lado de la hermana de Beyoncé... Hay cuatro películas, sí.

2) Tendencias autodestructivas. Como darse un buen festín de kebab, del Burger King o del chino, sin lo que no podría vivir. Pues lo mismo. Parece que Grey's Anatomy ya no me sacia como placer culpable en solitario. Necesito más chonerío sin tener que llegar al extremo de ver qué cani se lleva al tronista de Mujeres, hombres y viceversa.

3) Ver cómo Ashley Tisdale y su nariz acaban siendo la HBIC (Head Bitch In Charge) de la serie. Porque me niego que sea la bruja de Haigh School Musical sea la nueva BFF (Best Friend Forever) de la protagonista y la mala oficial (mala y amargada porque se lesiona y otra la sustituye, como no podía ser de otra froma) es una petarda de cuidado y la interpretación de la actriz es como intentar darle expresión a un chicle estirado. Por debajo del nivel del cast, que ya es decir.

4) Seguir con atención el papel de Aaron Douglas en algo diferente al del sufridor Chief Tyrol en Battlestar Galactica. Y esperar a que Number Eight haga aparición como estrella invitada.

5) La produce Tom Welling. A algo se tiene que dedicar cuando deje de ser Clark Kent en Smallville, ¿no?

Y esto os cuento: la misma trama argumental de siempre, sólo que situada en el ambiente universitario para que cuelen más los maromazos sin camiseta, seguramente inspirada por la propia experiencia de Welling como Superman de instituto en la casi treintena. Resumiendo, Hellcats es la historia de Marti Perkins (Alyson Michalka), una chica de origen humilde con 'mummy issues', pero que se cree demaisado indie-guay como para ser porrista y, al final, acaba haciendo volteretas porque de ello depende su supervivencia en el sistema universitario. La serie cuenta con un doble triángulo amoroso, por un lado, entre la entrenadora, su novio y el nuevo entrenador de football y, a la vez, su exnovio; y por otro, el de la porrista, el animador buenorro y su mejor amigo, el friki no cachas. Tampoco podemos olvidarnos de la buenaza que apoya a Mart (Tisdale, me has decepcionado), de la mala de postín que comentamos antes, y de cantos al esfuerzo y al trabajo en equipo, perrerías y demás dramas típicos y tópicos de este tipo de producciones. La única innovación: esas cortinillas a lo cheerleader que sólo se pueden ver durante los capítulos. Entrañable cutrelux.



Definitivamente, a este paso, no me ganaré ni el purgatorio.

jueves, 22 de abril de 2010

Las cenizas no sólo vienen del volcán

'Eyjafjallajökul'. Cortar y pegar al canto. Si ya es difícil pronunciar el nombre del volcán islandés que ha puesto patas arriba el tráfico aéreo de Europa y, de paso, ha obligado a Madonna (la ilustre homenajeada en el episodio de Glee de esta semana) a hacer pis en una gasolinera de Burgos acompañada de un montón de grandes éxitos de Tony Genil, no iba a estar 10 minutos intentando teclear letra por letra el topónimo, ¿no?

Eso debieron haber pensado los responsables creativos de Life Unexpected, a los que, al contrario que los islandeses, les debió hacer un tiempo estupendo todos los días después del prometedor trabajo realizado en el piloto, que decidieron dibujar la temporada utilizando papel cebolla con el que calcar los episodios para ahorrar tiempo. Cuidado, no vaya a ser que al sol le diera por esconderse en cualquier momento.

Cate es la bruja y Baze, el trozo de pan que consiente a la hija que tienen en común, Lux. Cate intenta ser guay con Lux, pero la acaba fastiando y la chica se va a casa de su padre a llorar. O Baze la pifia, y la rubita acaba en casa de su madre, otra vez. Valen cualquiera de las dos posibilidades. Propiedad conmutativa llevaba al extremo, como si me ponen un conejo de color verde encima de la cabeza (más bien, gorro) de Lux que seguro que no me fijo en el detalle.

Luego están Cate y su futuro marido, Ryan, que trabajan juntos en un programa de radio y prestan su imagen a un montón de eventos, en los que siempre aparece Baze con la única misión de montarla porque está picado con Cate, que siempre le está echando en cara lo infantil que es. Aunque a la mujer se le ablanda el corazón y le acaba poniendo ojitos a su ex en plan "no te mereces que te perdone pero lo hago". Sí, una de las frases que no se dicen en ese tipo de relaciones donde la tensión sexual toma el control de las cosas, y crea triángulos equiláteros hasta que una de las puntas empieza tirar hacia su ángulo y acaba con la forma original. Y ya no cuento el resultado si decoramos el conjunto con un poco de cenizas residuales una vieja erupción volcánica entre dos de las puntas del triángulo.

Cuando te preocupan los personajes, estos polvillos negros son recibidos como un regalo y no te vas a quejar al mostrador de atención al cliente por estar un tiempo atrapado en la sala de espera tragando episodios que repiten patrones. Pero cuando te encuentras con elementos como Baze y Cate, cuyo interés individual desciende capítulo a capítulo, la ceniza es tan molesta que el pobre personal de tierra se tiene que aguantar. Que se líen de una vez, porque está visto que ni Ryan, por soso, sobre todo, Lux, son capaces de asipirar la nube oscura que crean los otros dos.

Lux estaba llamada a ser la protagonista de la serie. Podría haber sido un buen mastil al que agarrarse viendo el tipo de adultos que la rodean (mejor no hablar de los amigos de Baze, Math y Jamie -¿para qué están?- y una hermana y madre de Cate desaprovechadas), y digo "podría haber" porque el guión falla en crear empatía con ella. Tiene 16 años y está en su derecho de hacer tonterías, sin embargo las razones por las que las hace no me consiguen llegarme. Todo queda muy en la superficie. Sólo salvo sus momentos con Ryan, al que más allá de matrimonios, le une esa posición de espectadora del show predecible de Cate y Baze.

No hace falta ser adivino para saber cómo se iban a desarrollar los acontecmientos en el último cuarto de hora de la season finale que, como ya ocurriera en la season premiere, volvió a recurrir al Can't go back now de The Weepies para ambientar la escena. Cuando entró Lux en las vidas de Cate y Baze lo cambió todo para siempre, aunque ¿habrá vuelta atrás para lo que pasó en el último episodio? Todo dependerá de si The CW se decanta al final por Life Unexpected en detrimento de la arrugada One Tree Hill y Melrose Place a la hora de conceder una última renovación.

Por lo que a mí respecta, no hay vuelta atrás. Que se la trague el magma de MyTVShows.

miércoles, 27 de enero de 2010

Pilotando Life Unexpected: The CW vuelve con mamá

Pocas veces la trama de un estreno había resultado tan autorreferencial para la cadena que lo emite. The CW parece haberse hartado de la frivolidad y pocos beneficios del tren de vida 'chic teen' que venía llevando hasta la fecha. Perdida en su propio vacío, ha decidido pasar de tomar un 'latte macchiato' del Starbucks mientras pasea por la avenida, para coger la carretera secundaria, y regresar al hogar que abandonó hace unos tres años y donde se la veía sonreír más que ahora. Sí, Life Unexpected nos cuenta la reconciliación de una quinceañera con su padres biológicos, pero también nos habla de la voluntad de la cadena verde por reivindicar su antiguo apellido: Warner.

Allá por el mes de mayo, la premisa de un piloto llamado entonces Parental Discretion Advised sobresalía entre tanto clon de laboratorio y me dejaba pensando si aquello valía realmente la pena. Si la vuelta a los estándares de la difunta The WB no funcionaba, sería el acabose porque, tras el batacazo de The Beautiful Life, todo apuntaba a que esa era la única carta que le quedaba a The CW para empezar a sacar la cabeza del pozo de fango en el que la había metido. Casi un año después y cambio de título mediante, Life Unexpected ha presentado talento suficiente para ayudar a Supernatural a defender el honor de la cadena.

La verdad es que el viejo título tiene su coña y es mucho más explícito con respecto al punto de partida de la serie. La pizpireta Lux (Brittany Robertson) , con un currículo extenso en casas de acogida, quiere emanciparse aprovechando que va a cumplir dieciséis años. Pero para ello tiene que pedirle a sus padres biológicos, Nate (Kristoffer Polaha) y Cate (Shiri Appleby), que la concibieron en una noche de pim-pam-una-y-no-más cuando eran adolescentes, que le firmen el papelito y chao otra vez. Lógicamente, la juez le niega la emancipación y, para horror de la chica, y sorpresa de sus padres, que tienen la vida montada cada uno a su manera, éstos deben compartir su custodia hasta la mayoría de edad.

Ninguna de las partes se esperaba que las cosas surgieran así, de ahí que estemos ante una historia de descubrimiento padres-hijos al cien por cien, que sólo comparte con productos canónicos de The WB como Everwood o Gilmore Girls (¿obviamos 7th Heaven?) esa vocación juvenil para toda la familia. Considerando sólo el piloto, Life Unexpected se situaría en una tierra de nadie entre el drama intenso de una y el humor supercalifrágilisticoespialidoso de la otra, sin dar tampoco breves muestras a favor de alguno de los dos extremos en ningún momento. Con una historia susceptible de programar en unas estupendas tardes de sábado en Antena 3, este primer capítulo no arriesga y se mantiene en un tono muy ligero a la vez que contenido; con detalles gamberretes y confesiones a corazón abierto a partes iguales, pero que se las ingenian para conectar con el espectador.

Esa personalidad (por suerte, nada cargante) de Lux de chica hecha a sí misma y de respuestas rápidas puede dar mucho juego viendo al par de elementos que tiene por padres: uno cabeza loca que quedó estancado en los 20 años, y la otra que va de madura y exitosa, pero con las mismas inseguridades que tenía en el instituto. ¿Quién educa a quién? Hablando de Nate y Cate, tampoco podemos olvidarnos del mítico asunto pendiente, o tensión sexual resuelta pero no resuelta, entre semejantes polos opuestos, que entra en conflicto con las actuales parejas de ambos, Trace y Ryan (Kerr Smith). Añadamos a esto una probable fuente de lagrimeo en su justa medida en forma de dolencia cardíaca (esto nunca falla en el manual) y tenemos las principales líneas argumentales que, en principio, nos ofrecerá la serie.

En cuanto al cast en sí, no niego que me chocó ver a Appleby en el papel de madre tras tenerla tan marcada como la Liz Parker de Roswell (The WB, 1999-2002), aunque ese halo de perplejidad y de chica de al lado que tiene la actriz encaja con el rol de mujer a la que de repente se le presentan retos. Asimismo, la pinta de yerno ideal de otro hijo de Warner Bros., Kerr Smith (Jack McPhee de Dawson's Creek), contrasta con la de pasota de Polaha, habitual de varias series. Sólo espero que su personaje no sea tan perfecto en el futuro por el bien del entretenimiento. Sobre Brittany Robertson, decir que con su interpretación logra que me olvide de preguntar por qué no escogieron a una actriz morena para hacer de Lux. Defiende muy bien su posición.

Si esto no es suficiente para pensar que The CW apuesta por tomar cafés en casa y apelar a los buenos sentimientos, encima tira de playlist y pincha el Can't go back now de The Weepies. Veremos hasta qué punto es una declaración de intenciones y no abandona la senda que acaba de tomar para alegría de los nostálgicos de The WB y de los amantes del drama familiar.

martes, 29 de septiembre de 2009

Qué perra es la vida de modelo...

Y qué cabrona es la audiencia. Poquísimo, dos avances de telediario, le ha durado a Ashton Kutcher su incursión en el mundo de las pasarelas. Tan malo ha sido el resultado que su colección, The Beautiful Life (TBL), no estará a la venta ni en las mejores perchas del mercadillo. Algo más de un millón de espectadores en el 'front row' y 0,5 de aprobación en el target comercial sentenciaron a Mischa Barton a tener que buscarse otro medio en el que buscarse el pan, y, de paso, también a los aficionados a no tener que comernos el tarro para ver qué serie estrenaría el sello de la cancelación.

Parece que The CW no está dispuesta a mantener una serie por debajo de los dos millones de espectadores, cifra media, más arriba o más abajo, alrededor de la que danza el resto de su parrilla liderada en estos momentos por The Vampire Diaries, que ahora mismo cosecha más de tres millones de adictos a las historias de los hermanos chupasangres de apellido italiano. La cadena 'verde' se ha revelado como una buena aprendiz de los métodos de FOX, sin duda, pero su decisión de cargarse TBL se entiende cuando las reposiciones del remake de Melrose Place (según TVbytheNumbers, también en la cuerda floja a falta de la aparición de Heather 'Amanda' Locklear) obtienen similares datos de audiencia a los de los dos episodios emitidos de la serie de Kutcher. De hecho, los refritos de los vecinos glamourosos ocuparán a partir de mañana el hueco que dejan los malogrados aspirantes a top models, a pesar de que ya se ha puesto en marcha una iniciativa para salvar la serie (!).

Debido a su consideración de hermana pobre de la familia, The CW es la peor posicionada para practicar las virtudes del santo Job en lo que a programación televisiva se refiere. Hay que ahorrar costes y Dawn Ostroff, mandamás del barco, lo sabe bien, pero la cancelación de TBL no hace más que evidenciar el fracaso de la oferta de ficción de la cadena, enrocada absurdamente en la faceta más casposa del 'teen' y, por tanto, sin la suficiente diversidad en su parrilla como para idear un plan de contingencia.

Cualquier análisis de la situación en el primer mes de la nueva temporada de series puede resultar prematuro, pero no tratándose de la cadena que nos ocupa, que lleva pegada la palabra 'crisis' desde su nacimiento hace tres años. Por su juventud no puede permitirse los gastos de las grandes 'networks', aunque esa situación es lo que debería estimular el talento y la visión de los responsables de The CW a la hora de buscar y fomentar productos de cierta calidad en la línea de su madre, la difunta The WB, de la que salieron productos sólidos, juveniles, y con más audiencia que las de su descendiente. Sin ir más lejos, me remito a las cifras de Angel que Seriéfilo menciona en este post sobre el periplo de la producción a lo largo de cinco temporadas.

Más allá de si traslada, o no, sus emisiones al cable (en caso de que desee mantener su status de cadena 'teen'), o de pensar en la desaparición, la supervivencia de The CW pasa por un replanteamiento de aquellos contenidos o historias que está dispuesta a emitir. Quitando las modas, existen lugares comunes entre los adolescentes de hoy y los que lo fuimos hace diez años y disfrutamos de Sunnydale, Capeside, Stars Hollow, o, muy al principio, de un embrujado puente de San Francisco. The CW debe encontrarlos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Pilotando The Vampire Diaries: Escabechina sin sangre

Querido diario:

Un día entero tardé en tomar la decisión de ver, o no, la nueva apuesta de The CW. Como un vampiro que ve una gota de sangre y se le ponen los dientes largos, la tentación era difícil de controlar, pero oliendo la escabechina que se había montado alrededor de The Vampire Diaries en muchos rincones de la blogosfera, el reto fue sencillamente insoportable y... ¡Ñam, ñam!. Eso sí, de alimento para el cuerpo, nada de nada. Me pregunto cuántos de los 4,8 millones de espectadores que establecieron un nuevo récord para una premiere en la cadena 'verde' volverán la semana que viene. Todo dependerá de lo que les cueste hacer la digestión, porque esta muestra de hemoglobina, creéme, es tóxica y tópica hasta el aburrimiento.

Tampoco esperaba mucho de esta serie cuando allá por abril saltó la noticia de que The CW iba a dar el visto bueno al piloto, basado en una serie de novelas juveniles de Lisa Jane Smith, anteriores al Crepúsculo de Stephenie Meyer. Realmente no le se podían buscar tres pies al gato: viviendo en plena era vampiro Edward y una cadena amante del acné y el remake en horas bajas, más tarde o más temprano algo así iba a llegar a la televisión. Y por abrir horizontes, ha llegado hasta España, fíjate lo que te digo. Pero, por muy adolescente y hormonal que sea (hay que carecer de pretensiones al calificar el género), hay listones y listones, y The Vampire Diaries directamente se encuentra a ras de suelo.

Falla en lo que se le pide a una producción del género: entretener. El piloto se hace largo y se hunde en ínfulas pseudoexistencialistas donde hay poco espacio para toques de humor, y sí para el drama 'antenatresero' de familias rotas por la pérdida de uno de sus miembros. También lo hay para el desbarajuste emocional que sufren los que están vivos, como por ejemplo, el hermano pequeño drogadicto. Así deber ser el ambiente en el que se mueva la protagonista femenina. Como en la saga de Meyer, en la de Smith, la chica arrastra un aura de tristeza alrededor, pero, sorpresa, Elena Gilbert es bastante más popular que Bella Swan y me atrevería a decir que hasta más espabilada, aunque eso el espectador debe intuirlo debajo de la capa de hormigón armado que resulta la interpretación de Nina Dobrev.

Puedo ir de veraneo a Marbella si quiero

Luego tenemos a Stefan Salvatore, el chupasangre centenario y romántico encarnado por el nieto de Steve McQueen, Paul Wesley. La mirada intensa del actor se transforma más bien en mirada enjuta. ¡Qué capacidad tiene Wesley para mantener el ceño fruncido todo el rato! Nacido para seducir, sin duda. Por no hablar del Caín de la historia, Ian Somerhalder, que interpreta a Damon, el sanguinario hermano y rival de Stefan. Nadie sabe si es por efecto del maquillaje anticoloretes o qué, pero el rictus que ofrece el Boone de Lost no lo consigue ni un mimo callejero. En general, los ganchos masculinos de la serie se muestran acartonados y, ciertamente, veo a Somerhalder un poco mayor para el papel. Los años deben de haberme vuelto exigente, pero una serie 'teen' debe contar con unos buenos guapos, y The Vampire Diaries tampoco los tiene. Además, lo del pedrusco a modo de anillo que llevan ambos hermanos para soportar la luz del sol me parece el colmo del vampirismo 2.0. (demos gracias que no brillan como Edward).

Si bien no puede alardear de caras bonitas que sepan actuar, porque eso es harto difícil de encontrar, ocurre lo contrario si hablamos de niebla. ¿Hay algo peor en una historia de supuesto terror que te anuncien la llegada del malo malísimo? Damon trae con él al humo blanco y al cuervo, ese pajarraco que entiendo como una metáfora de la muerte. Sí, sólo falta el murciélago y que salga volando.

El tema no sería tan sangrante si un maestro del género como Kevin Williamson no estuviera detrás. Vale que no es un proyecto de autor y que la historia es muy típica, pero la impresión denota mínimo esfuerzo por la parte que le toca a don Kevin. El piloto hubiese tenido el mismo éxito porque la mezcla de triángulo amoroso y vampiros adolescentes viven en el ADN de la audiencia de The CW. ¿Qué más da introducir algo que se salga del guión?

Lo que sí introducen a 'dexter et sinister' y sin venir a cuento es canciones desde el inicio, a modo de hilo musical de tienda de ropa. La cadena se caracteriza por la actualizada selección musical que imprime a sus ficciones, aunque en este caso se trata de un bombardeo. Creo que no pasan cinco minutos sin que no se escuche ningún tema.

Así que, querido diario, aunque la amiga vidente de Elena diga que esto "sólo es el principio", para mí significa el final.

viernes, 29 de mayo de 2009

"Little boxes on the hillside..."

"Little boxes made of ticky tacky..." Con tanto empacho de Weeds que estamos teniendo en estos últimos días con motivo del estreno de la quinta temporada el 8 de junio, y, como la hierba también es verde, permitidme que mezcle el tocino con la velocidad. Voy a hablar de The CW. Sí, porque hay ciertos tics de periodista que una no puede evitar, y la 'netlet' por excelencia fue ninguneada sin más en el anterior post. Equidad.

Para ser "brutalmente honesta" como House, la cadena 'green' se nos presentará más 'ticky tacky' (que no tiki-taka) que nunca el próximo año. Mucho nos quejamos del complejo de cadena de montaje de la CBS, pero The CW va por el mismo camino, sólo que en versión churro o porra. Un motor procedimental te recorre kilómetros de audiencia, en cambio, una freidora repleta de aceite marca 'teen drama', vende pocos churros y te deja la cocina llena de humo.

¿Alguien aprecia una ligera diferencia interna en la lista de series-porras que estrenará la cadena de Dawn Ostroff en la temporada 2009/10? Pensemos en Melrose Place, The Vampire Diaries y The Beautiful Life. ¿Qué cambia? Que unas llevan más azúcar y otras, no, y ya. Incluso podríamos hacer que la diva 'ocera' Mischa Barton salte del cast de una serie al de otra, que no pasaría nada. Parental Discretion Advised, por el contrario, se antoja distinta porque está recubierta con la novedad que aporta el chocolate de la historia de una chica que se tiene que convivir con unos padres biológicos a los que apenas conoce. Un oasis de realidad (dentro de lo que cabe) entre tanto 'chic teen', y que, atendiendo a su premisa, haría compañía a Supernatural (seguida por mucho de vosotros) como la propuesta más visible de la cadena. Tendremos que esperar hasta 'midseason' para comprobarlo.

Es lo único que le queda a la 'netlet'. Porque Gossip Girl se ha desinflado, cuentan que One Tree Hill está para la morgue, 90210 no debería haber sido concebida siquiera, y Smallville... Bueno, ésta es como Connor McLeod: habrá que cortarle la cabeza para acabar con ella. Además, si consideramos que la cadena ha pasado la segadora por las plantaciones de Privileged, Reaper, The Game y Everybody hates Chris, el panorama se llena de nubarrones gris oscurísimo.

The WB y UPN se fusionaron en principio para hacer y vender casas de mejor calidad. Sin embargo, en la unión han confundido la fidelidad a un target con el exceso de manga ancha a series con una ambientación similar. Así, The CW ha acabado por levantar edificios prefabricados, "all just look the same", sólo que sin los resultados de El Pocero. Puede que en el cable encuentre un solar en condiciones para seguir construyendo.

Si ahora pusiesen la cancioncilla de Malvina Reynolds como promo de la cadena no sorprendería en absoluto.

lunes, 25 de mayo de 2009

Breaking news: Cliff Hanger spits out again

Todo el mundo sabe que la semana de los 'upfronts' es una especie de primavera en la que florecen las canas y la alopecia a partes iguales en las cabezas de los ejecutivos de televisión. Pero analizando lo ocurrido una semana después, me atrevo a vaticinar que el mandamás de la NBC, Ben Silverman, empezará a experimentar este proceso en otoño, cuando Jay Leno saque el Atila que lleva dentro y convierta en tierra muerta las cinco horas de 'prime time' que va a pisar a la semana. Por supuesto, esta última afirmación es algo con lo que el veterano cancelador de series Cliff Hanger disiente por completo.

Deseando retomar la conversación donde la dejamos, y tras mucho insistir (10 mails y otras tantas llamadas) y llevarme malas contestaciones, por fin conseguí que Hanger me dedicara algo de su escaso tiempo. Eso sí, calculo que fueron alrededor de 20 minutos. Los que le llevó redactar el siguiente comunicado, en el que hace un balance de lo ocurrido:

"
No puedo declarar en absoluto que esté contento con los resultados obtenidos por mi compañía este año. Desde luego que mis hombres se van a quedar sin royalties, y con razón. Al final no consiguieron que esos cretinos fans de Chuck se fueran a comprar cajas de kleenex en vez de bocadillos a Subway. Lo mismo puedo decir de ese llorica de Whedon, que ha jugado a Los Miserables con su casa de muñecas y ha conseguido salvar su su serie por cuatro duros. Hemos fallado, pero sobre todo al ver que el día de emisión (viernes) de Dollhouse no ha variado y que se enfrenta a las brujas de la CBS, confiamos en que la FOX nos vuelva a requerir y cargarle el 20 por ciento de más. Es una pena porque son buenos clientes, pero no nos han hecho caso. Así es nuestro negocio, el que avisa no es traidor.

Como le dé un espasmo ahora...

En este sentido, pienso también que la NBC ha cometido un terrible error renovando esa parida de espías, pero lo ha subsanado poniendo cinco horas de buena comedia a la semana. Silverman es un tipo listo en el fondo y no se le puede reprochar haberse rendido ante esa escoria de estudios o productores con Medium como, por el contrario, sí lo ha hecho (sorprendentemente) la FOX con el friki. Aún así, por lo menos no acabó cediendo ante los hooligans de Terminator y la terminó, valga la redundancia. No era una mala serie pero tanto lío con los robotitos de turno cansaba.

La CBS tampoco se ha portado demasiado bien este año. Aparte de recoger a la rubia loca con pesadillas (para contento de mi esposa, que la adora), le ha hecho una putada a mi amigo Bruckheimer, que me llamó muy disgustado creyendo que mis hombres tendrían algo que ver en lo ocurrido con Without a Trace. Ya le aclaré que no estábamos involucrados en el asunto y aprovecho ahora para desmentir de una vez por todas las acusaciones de esa periodistucha llamada Midley Season, que se ha dedicado a echar mierda sobre el tema. Fue una decisión tomada por la cadena sin asesoramiento alguno (quizá se están creyendo demasiado eso de ser los reyes del mambo), aunque al final Jerry ha colocado su nueva serie de médicos.

De la ABC sólo puedo alabar su carácter previsor, ya que nos llamaron muchos antes del final de temporada, y por fin supieron ver que esa pastelada de Pushing Daisies estaba condenada. Mi abuela murió de diabetes, y no quería que les ocurriese lo mismo a mis hijos de continuar en pie semejante serie. Personalmente, como seguidor de Donald Sutherland, no deseaba ayudar a cargarse Dirty Sexy Money, pero en esta vida hay que demostrar que eres un profesional. Por eso quizás también me siento un poco defraudado con la actitud de N(blip) F(blip), al que seguro que han tenido que mimar de buena manera para que haya dejado en la estacada a sus antiguos colegas del gremio y no haya hecho nada por hundir Castle.

Con respecto a su pregunta sobre The CW, ésta no ha contratado nuestros servicios, pero no porque se puedan permitir licencias como la CBS, sino porque están a dos velas y nosotros tenemos unas tarifas iniciales inamovibles que dan cuenta de nuestro prestigio.

Espero haber dejado todo claro para no tener que dar explicaciones a sus impertinencias hasta el próximo año, si todo transcurre dentro de lo previsto. Me merezco unas vacaciones."

lunes, 27 de abril de 2009

Entrevista secreta con un cancelador de series

Café, papeles, más café y más papeles. Con los 'upfronts' a la vuelta de la esquina, los directivos de las grandes cadenas están al borde de un colapso nervioso. Prácticamente acampan en los despachos, desde donde deciden los destinos de las ficciones que viven en sus parrillas. Tan ardua es su tarea, que no dejan entrar a nadie que pueda perturbar el ambiente que se respira allí dentro, pero hay ciertos tipos que tienen pase VIP. Vestido de negro Hugo Boss, y recordándome por enésima vez que no dé detalles sobre su aspecto físico, Clifford 'Cliff' Hanger me ha citado en un café cercano al número 30 de Rockefeller Plaza para hablar de lo que mejor sabe hacer: convencer para que cancelen una serie.

Una eminencia de esta faceta desconocida del mundo de la televisión, Hanger se toma con filosofía eso no de aparecer en los créditos de agradecimiento. "Es parte de mi trabajo como asesor, así nos ahorramos que fans enloquecidos atenten contra la seguridad de nuestras familias", asegura mientras responde presto a un mensaje que acaba de llegar a su Blackberry.

Series a la parrilla: ¿Era sobre Dollhouse?
Cliff Hanger: Joss Whedon es un viejo conocido en nuestro negocio. Cuando logramos persuadir a la FOX de la inviabilidad de Firefly, le avisamos de que no volviese a contratar nada que viniera de este tío, pero, qué le vamos a hacer, Buffy fue un éxito y, desde entonces, vive de las rentas con cualquier porquería que se le ocurra. Mi equipo está trabajando duro para que no renueven Dollhouse, pero la negociación está difícil porque el amigo se dedica a soltar perlas por los festivales y, claro, eso confunde a los directivos. Sólo cuando se ponen demasiado farrucos, utilizamos hipnosis o drogas.

SP: ¿Recibe muchas llamadas de la FOX?
CH: Son los más inteligentes. De tantas veces que nos han llamado, les hacemos precio con cada nuevo servicio. Saben de qué va este mundo y no se andan con chiquitas, como debe de ser.

SP: En pleno final de temporada, supongo que alguien como usted no debe dar abasto con tanto trabajo.
CH: La verdad es que no. Abril-Mayo es nuestra época de mayor actividad, aunque solemos hacer algún servicio especial a principios y a mitad de temporada como, por ejemplo, Kings. Nosotros apostamos por la cancelación fulminante pero, la NBC quería mantenerla. Ya sabes, esa patochada del prestigio, bla, bla... Por eso la pasaron al verano, aunque está claro que no la van a renovar.

SP: Ahora que la ha mencionado, ¿ha contactado con usted la NBC para resolver la situación de Chuck?
CH: Mira, si una serie no te da suficiente audiencia, la mandas al infierno directamente, como yo hubiera hecho ya hace tiempo con Heroes. Pero volvemos a lo de siempre, a esos niñatos que viven de sus padres y que no tienen nada mejor que hacer que amenazar con quemarte la cadena, por ejemplo. Ahora dicen que van a comprar bocatas en el Subway para salvar a Chuck... ¡Qué los compren! Más dinero para Subway, que es patrocinador, a cambio de nada. No hay nada cerrado con Chuck todavía, pero nosotros decimos que con Leno ahí, no vale la pena mantenerla.

SP: Hombre, Jericho le debió su renovación a los cacahuetes...
CH: Pero luego se vio que a la gente no le interesaba. ¿Sabes lo mejor de todo? Que la CBS no tuvo que reabastecer su máquina de snacks durante tres meses.

SP: De todos las cancelaciones que ha conseguido, ¿de cuál se siente más orgulloso?
CH: Hay varias. Carnivale fue nuestro primer gran trabajo para la HBO, pero sin duda, recuerdo con mucho cariño la de Veronica Mars, por lo que nos costó. Ya nos llamaron a final de la segunda temporada con eso de que UPN se fusionaba con The WB, pero la cadena decidió seguir con ella. Aún así, la espera mereció la pena, porque si nos reclaman una segunda vez para el mismo caso, cobramos un 20 por ciento más.

SP: Tengo entendido que hace poco uno de los suyos fue apaleado por el caso Veronica Mars.
CH: Sí, y no es el primero. Por ello es tan importante la discreción en nuestro trabajo, ya que nunca sabes donde puedes encontrar a enajenados seriéfilos. Nuestra mejor victoria fue haber paralizado la producción antes de que los guionistas pudieran darle un final a la serie. Haciendo eso hundes a esa pandilla de fanáticos.

SP: Usted vive de matar series, pero, ¿hay alguna que le guste?
CH: Por supuesto que sí. Amo a las series, de ahí que nuestro trabajo consista en mantener el buen funcionamiento del panorama televisivo. Soy fan de todo lo que hace Jerry Bruckheimer y adoro Two and a Half Men. La CBS no nos necesita, lo cual es un síntoma de que lo están haciendo muy bien.

SP: ¿Qué tiene que hacer alguien para entrar a trabajar en su equipo de asesores?
CH: Muy fácil: tener visión para los negocios y tener, como mínimo, el carisma de nuestro mejor empleado.

SP: ¿Se puede saber de quién se trata?
CH: Hace tiempo que nos dejó para meterse a actor, pero N.F. le da mil vueltas al que ahora es mi mano derecha. Su facilidad para conseguir una cancelación sigue siendo asombrosa, a ver qué hace con Castle.

SP: ¿Cuánto cobraba?

Otro correo. Hanger se disculpa como puede. Gabinete de crisis en la FOX para debatir si se aprovecha el estreno de Terminator: Salvation para renovar The Sarah Connor Chronicles.

Continuará...

lunes, 6 de abril de 2009

Transfusión para The CW

Últimamente a este blog le está saliendo acné. Serán cosas de la primavera que, además de alergias, provoca síndrome de Benjamin Button, pero hoy vuelvo a hacer referencia a esa franja de población comprendida entre las seguidoras de los Jonas Brothers y, más o menos, los que empiezan a curiosear en el MySpace.

Tras la reciente renovación de su plantel de buques insignia, y la rumoreada cancelación de Reaper, la CW necesita sangre fresca si no quiere que se le coagulen los vasos de su parrilla. ¿Y cuál es el banco de ideas más idóneo en este momento para hacerse una transfusión? Paradojas de la vida: unos señores que en vez de darte un poco de hemoglobina, te la roban. Qué le vamos a hacer, se llevan los vampiros y, por ello, es muy probable que la joven cadena verde dé el OK al piloto de The Vampire Diaries, una historia a lo Caín y Abel con colmillos basada en los libros homónimos de Lisa Jane Smith. Dos hermanos, uno bueno y otro malo, con chica de por medio... y Kevin Williamson. Sí, el creador de Dawson's Creek y de la efímera Hidden Palms aporta el pedigrí 'teen' en calidad de productor ejecutivo y guionista del invento.

En cuanto al reparto, han ido a lo seguro y nos rescatan al ex 'lostie' Ian Somerhalder, en el papel de Damon Whitmore, el macarrilla, y a Paul Wesley, como su hermano Stefan, el boy scout. Lo de Somerhalder es para hacérselo mirar a sus 31 años, porque si mal no recuerdo hace casi diez hacía de un chico de 15 años en Young Americans, y aquí su personaje aparenta 17. A lo mejor su capacidad de no envejecer fue determinante para convencer a los productores de que podía interpretar a un vampiro. A Wesley lo conocemos por ser Tommy, el novio chungo que se echó Amy Abbott (Emily VanCamp) en Everwood, e intervenciones esporádicas en The O.C. o CSI.

La tercera en discordia es Nina Dobrev. Esta actriz de origen búlgaro se ha hecho con el papel de Elena Gilbert, y viene de la cantera de la canadiense Degrassi, por lo que si la CW pone la fumata blanca para The Vampire Diaries, habemus otro invasor para añadir a la interesante lista confeccionada por Crítico en serie.

¿Qué habrían pensado los genuinos Angel y Spike ante semejante plaga de chupópteros?

martes, 10 de febrero de 2009

Promesas de Krypton

Alguien se lo tiene que pensar dos veces antes de prometer algo tanto a sí mismo como a otra persona. No es nada nueva esta premisa. Funciona en las parejas, en el trabajo y en la propia vida diaria de cada uno, donde tres (y 1/2) de cada cuatro de esas promesas se quedan propósitos de año nuevo que somos incapaces de recordar cuando el sol tuesta en agosto.

El problema viene cuando no sólo no puedes borrar ese propósito de tu memoria, sino que en un arranque de cabezota 'Yes, we can' te empecinas en cumplirlo, aunque las tentaciones de mandarlo todo al garete son muchas, y con razón. Eso es lo que me pasa con Smallville.

No sé en qué momento decidí aguantar hasta el final las aventuras del joven Clark Kent. Desde que terminó la quinta temporada (donde debió acabar todo) cada nuevo capítulo es un dolor y podría hacer un censo de los habitantes de Kansas con superpoderes asociados a la kryptonita. Con este panorama se entiende que busque cualquier cosa para pasar mi tiempo libre antes que ver a Lana Lang llorando porque Clark no se sincera con ella y le cuenta que es como E.T. solo que sin casa y más soso que una ameba. Y no, Lex Luthor ya no es motivo suficiente para que me trague más de un episodio seguido. Con lo que me gusta su calva...

Estacancada como estoy en la segunda mitad de la sexta temporada (claro, yendo a un capítulo por mes...), he pensado que ya es hora de hacer un nuevo propósito: ponerme al día con ella para finiquitarla cuanto antes. Sólo así podré prometer que seguiré fiel a Heroes hasta el final de sus emisiones. Es broma. Vista la experiencia, nunca más no volveré a jurar fidelidad ninguna serie.