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martes, 11 de septiembre de 2012

True Blood 5, una reseña en 2x

Si quieres ahorrarte ver la quinta temporada de True Blood, échale un vistazo a la entrada.

"Todo es más fácil si te gusta lo que haces". Sí, y no. A mí me encanta escribir, escribir sobre series concretamente, pero eso no quita que, a veces, la tarea de hacer una reseña se alargue días y días porque aquello que has visto no te ha convencido y  no quieres que tu blog parezca el diario de un troll acabado de salir de la mazmorra. En contraste con esa corriente que defiende que es más sencillo elaborar una crítica negativa que positiva, a mí me resulta muy difícil encontrar las palabras y tono cuando una ficción se encuentra por debajo de unos mínimos deseables. Por ejemplo, y para que se vea que ninguna producción por loca que sea  está libre de unos ciertas estándares, el nivel de exigencia que se le pide a True Blood no es de los más duros y aun así la decepción de su quinta temporada ha sido mayúscula.  ¿Cómo una serie de la que sólo se espera que sea una bacanal continua al amparo del abrigo de la HBO puede resultar tan aburridazzzzz?

El subidón con 'Anchounia' de Bon Temps, que había dejado a punto de caramelo el regreso de Russell Edgington en lo que prometía una espiral de sinsentidos este año, se ha quedado en la nada. Empezando por el propio Russell, mera caricatura de sí mismo, diluido en una trama 'seria' que pretendía volver a los fueros la primera temporada de la serie donde la dialéctica vampírico-social estaba más presente. Hasta ahora, nunca se había tocado en profundidad los dimes y diretes de la ubicua Autoridad Vampírica, en la que se ha visto que hay dos facciones muy diferenciadas: los 'sangüinistas', o fanáticos adoradores de Lilith (la primera mujer de Adán, al que dejó tirado para irse con los demonios del Mar Rojo, y que aquí es la Diosa Vampira que camina en pelota picada y bañada en sangre) que ven a la humanidad como alimento; y los proconvivencia con los humanos.

Así puesto suena todo muy bonito, pero nada más lejos de la realidad. Una historia que podría haberse solucionado en la primera mitad de la temporada se ha alargado a conciencia para lanzar un órdago con Billith, la unión de Bill y Lilith, con la que viene a completarse la caída al lado oscuro de Compton. Una villanización que, si contamos su papel como Rey en la cuarta entreg,a ha durado dos largos años por obra y gracia de los capítulos y episodios de relleno que, esta vez, han superado el récord: a excepción de los dos últimos, los diez son desechos de vampiro dignos de ser procesados a doble velocidad o en 'recaps'.

Alan Ball se ha convertido en un experto en retrasar el clímax de sus relatos de la peor forma posible que consiste en sumar tramas poco interesantes protagonizadas por personajes soporíferos de la clase Sam o Terry. No sé si mi subconsciente ejerció de adivino el año pasado con vistas a éste (o de si hice un 'timey wimey' sin enterarme), pero no pretendo perder más tiempo escribiendo esta entrada del que realmente pasé viendo la serie, así que me limitaré a autorresponder a las mismas preguntas que planteé en su día:

  • ¿Cómo la liará Russell? - Para lo que hizo, mejor que lo hubieran matado del todo en su momento.
  • ¿El lobo acabará con el linaje de Merlotte's de una vez por todas y, lo que es peor, Sookie podría heredar la gerencia del bar y llevarlo a la ruina por negligencia? - Esto hubiera sido mucho más divertido que todos los episodios juntos, lástima que Anna Paquin estuviera embarazada en el momento del rodaje y su participación estuviera un poco limitada. Lo aceptemos o no, ella es el alma de la serie. Se ha notado mucho.
  • ¿Sookie será "inteligente" y se irá a que la huela Alcide? - Casi, casi. Ya se encargaró Eric de quitarle al lobo las ganas de Sookie.
  • ¿Veremos a Jason de vampiro? - Otro casi, aunque ya se podría haber salido de la serie como hizo Hoyt y dejar de dar la vara. Ni cumplió con la cuota de carne necesaria (hasta eso ha estado por los suelos esta temporada), y su historia con Jessica me sigue pareciendo un error más que un acierto. Sobra ahora mismo.
  • ¿Tara muere de verdad o vendrá sufriendo también como chupóptera? ¿O se atreverán a abrir la veda de los zombis con ella? - Tara como hija vampira/rollete de Pam ha sido lo mejor contra todo pronóstico.
  • ¿Morirá el personaje de Scott Foley en el primer episodio? - Scott Foley y los traumas de Terry. Creo que está dicho todo. Confieso que me salté esas partes como cuando quito la parte pocha de las patatas.
  • ¿Se creará un ejército de hados descendiente del sheriff Andy que permita por fin ver a hadas más de cinco minutos? - Un poco de todo. Lo del ejército está por ver.
  • ¿Seguirá diciendo Pam aquello de 'fucking Sookie'? Seguro. - Pam nunca falla. 

No fueron ni una ni dos las veces que dije que iba a abandonar la serie durante estos últimos episodios, pero he de reconocer que me tienta la nueva sangre de Billith y que, dentro de lo malo, Ball hizo que el contador de subtramas innecesarias esté de nuevo a cero para (quiero pensar que es así) dar paso a un nuevo orden en True Blood.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

'Anchounia' de Bon Temps

Si no quieres beber una sangría de spoilers de la cuarta temporada de True Blood, deja de leer a la de ya.

Si Alan Ball no hizo el conxuro da queimada en su serie en esta cuarta entrega de True Blood es porque, que se sepa, no ha visitado Galicia nunca. De lo contrario, hubiera metido alguna referencia además de colar por ahí a la Santa Compaña en los caminos de Bon Temps. Total, ¿qué más da por añadirle un ingrediente más a la macedonia de lo sobrenatural en la que se ha convertido el hit de la HBO? Vampiros, cambiaformas multianimal, hombres lobos, hombres pantera, hadas y, ahora meigas... Bueno, en realidad,  brujas y 'bruhos' que, a tenor lo vivido, sólo irían a firmar a un examen de español básico del Instituto Cervantes.

Un dato inaudito teniendo en cuenta que la grandísima villana de esta entrega resulta ser coetánea del padre del Quijote, sólo que en vez de morir en una hoguera de Alcalá de Henares, lo hizo en una de la capital de La Rioja. El espíritu de la nigromante Antonia Gavilán de Logroño se encargó de poseer el cuerpo y compartir consciencia con Marnie (la Tía Petunia de Harry Potter por fin cumple su sueño de soltar maldiciones), una bruja de esas normalillas y que podría salir en un canal echando cartas de madrugada, pero con la que comparte un odio visceral por los chupasangres, que, en el pasado se infiltraban bajo las sotanas inquisidoras que gustaban de asar a las brujas cuales pollos. Antonia se encargó desde las llamas de sacar a los vampiros de sus ataúdes para que todo el mundo supiera de su existencia y, claro, cómo para no ganarse un hueco por derecho propio en la historia vampira...

'Anchounia' ha llevado ella la sola la batuta de una temporada delirante, mucho más consistente (¿este adjetivo es válido para hablar de True Blood?) y choteada de la cabeza que la anterior, donde sobrasalía un tal Russell Edgington, el antiguo rey vampiro de Mississippi y Louisiana, que volverá de entre los cementos el póximo año tal y como se vio en una season finale plagada de promesas y sorpresas en la mejor tradición 'whatthefuckeante' de esta serie. Con todo, la finale no pesa lo mismo que los once episodios que la preceden, donde se fueron acumulando un sinfín de tramas engorde como un buen menú fritanga del Merlotte's.

Digno de abuso de morfina fue todo el tema de la rama 'were' de la serie. A saber:  Alcide y su mujer, Debbie, la loba drogata; Sam y sus problemas con su hermano Tom alias Minisam; MiniSam y la madre de Hoyt a la que tima; el triágunlo Sam y la profe cambiaformas y el líder lobo que se lo quiere comer porque le ha quitado definitivamente a la chorbi; Sam y el absentismo laboral de Sookie... Ah, que esto último no era, pero contad cuantas veces aparece el nombre de Sam en estas líneas y será fácil hacerse una idea de cuánto ha chupado cámara él (el pronombre también cuenta) y las movidas que lo rodean. Por supuesto, no nos podemos olvidar tampoco de las panteras chabolistas que violaron a Jason, al que pretendían convertir en semental del poblado, aunque ahora parece que tendrá esa oportunidad  el reverendo Newlin remasterizado en vampiro.

El joven Stackhouse poco ha hecho este año aparte de conseguir vía extorsión su licencia de ayudante de sheriff en ese año (o minutos, según se mire) en el que Sookie se pasó en el mundo de las hadas mirando cómo gente se comía bombillas de bajo consumo subvencionadas. Sé que a esa familia le gusta más un vampiro que a un tonto un lápiz, pero True Blood no puede caer en rutinas más allá de la Rutina que interpreta a Tara.  Jason es el pichabrava oficial de esta serie y el único fiel a su cuota de enseñar cacho sí o sí, pero ¿liarlo con Jessica? ¿Y más después de que ésta rompiera con Hoyt? Muy forzado por mucha lujuria de sangre y ganas de jugar a los pornodisfraces que hubiera. Además, Jessica lleva pidiendo a gritos un arco alejado de diatribas amorosas como se pudo ver en ese par de capítulos donde hizo equipo con su maestro Bill para combatir la avalancha de Logroño.

Aquí donde lo afirmo, Bill me ha parecido de lo mejorcito de esta temporada desde su butaca de rey pelele de Louisiana, mostrando un lado pseudoautoritario muy distinto de la empalogosidad de lo suyo con Sookie, ahora dedicada a practicar posturas con un Eric desmemoriado por Antonia (lo que ha hecho esta señora por quienes queríamos ver a esos dos juntos...). Incluso ese homenaje a Sid Vicious con eyeliner hasta los colmillos que se marcó en un flashback al Londres punk de principios de los 80. Lo único reprochable es que, dentro del absurdo que se estila por estos lares, ver morir en sus manos a dos vampiras más poderosas que él  resultó tan patético como los medios utilizados para ello. Echaremos de menos a la reina Sophie-Anne, personaje desaprovechado donde los haya, y a la Flanagan, que prometía rebelión  para el próximo año antes de acabar estacada en un decisión procedente del trasero de Alan Ball en el último segundo antes de meterse en el retrete a pensar.

Eric en modo dulce tiene su aquel como su reverso tenebroso, aunque queda patente que sin polvo de hada en vena, Sookie no se comería un rosco en ninguna de las dos versiones del vikingo. A la no-camarera sólo le faltó ponerse a jugar al 'pito-pito (no pun intended) gorgorito' con los dos chupasangres para ver con cuál de los dos se quedaba. Alcide, desde luego, hace una labor de caridad ayudándola a decidir y fijo que le estará eternamente agradecido por haberse cargado a Debbie después de que ésta (pincha en el link bajo tu responsabilidad. SPOILER) le volase la cabeza a Tara.

Al final, parece que la prima de Lafayette está hecha para sufrir porque ni la novia streetfighter que se echó ni los aquelarres con Antonia han evitado un destino trágico. Esta temporada Tara al igual que Bill, ha estado más soportable de lo habitual, así que me daría pena que se fuera, todo lo contrario a lo que pasó con MiniSam. Más igual me ha dado la muerte del 'bruho' Jesús, al que no le salvó ni la máscara azteca de sus ancestros ante su novio Lafayatte, embutido en seda japonesa y poseído por Marnie.

El cliffhanger del penúltimo episodio, el de la derrota de Marnie, debería hacer sido la auténtica traca final viendo la chusca  manera en cómo se resolvió esta última posesión, fantasma de la abuela de Sookie en camisón mediante. De todos modos, el pobre Lafayatte ya había puesto su cuerpo  en alquiler a lo Odamae Brown desde que la chica negra, sirvienta de los Bellefleur en los años 30, también se le metiera dentro para perseguir al hijo diabólico de Arlene, a la que rizando el rizo se le aparece René para advertirla. ¿Qué será lo esconde Terry? Con Scott Foley de por medio, nada bueno, seguro. De verdad, voy a empezar a pensar que Shonda le ha pasado el teléfono a Ball para que lo contrate y dé el callo en esta serie también...

 

Como esta entrada se está haciendo más larga que un capítulo de la serie protagonizado por Sam, vamos a cerrar con el estado de la cuestión con vistas a la próxima temporada. Así de primeras parece que nuestros colocones de 'V' más intensos se pueden hacer realidad viendo la limpia de personajes que nos ha dejado la season finale, pero las preguntas se reproducen por esporas:

  • ¿Cómo la liará Russell?
  • ¿El lobo acabará con el linaje de Merlotte's de una vez por todas y, lo que es peor, Sookie podría heredar la gerencia del bar y llevarlo a la ruina por negligencia?
  • ¿Sookie será "inteligente"y se irá a que la huela Alcide?
  • ¿Veremos a Jason de vampiro?
  • ¿Tara muere de verdad o vendrá sufriendo también como chupóptera? ¿O se atreverán a abrir la veda de los zombis con ella?
  • ¿Morirá el personaje de Scott Foley en el primer episodio?
  • ¿Se creará un ejército de hados descendiente del sheriff Andy que permita por fin ver a hadas más de cinco minutos?
  • ¿Seguirá diciendo Pam aquello de 'fucking Sookie'? Seguro.

...Y así continuaríamos hasta llegar a Logroño. 

PD: Recomiendo encarecidamente ver esta serie en compañía o en un chat en línea. El triple de diversión :)

martes, 7 de septiembre de 2010

Campanilla: "True Blood es un insulto a nuestra especie"

Ya sabemos que la amiga Tinker Bell se la lió parda a Wendy Darling en la novela de Barrie, así que también te puede spoilear la tercera temporada de True Blood si sigues leyendo.

Si existe un ser en el mundo al que le piten más los oídos, ésa es la habitante de Bon Temps, Sookie Stackhouse. Cuando se trata de ella, o la odias, o la amas, o la amas pero lo disfrazas de risas a costa de su persona. En cada temporada, gracias a la batidora mental de Alan Ball inspirada por los libros de Charlaine Harris, la chica colecciona nuevos epítetos o motes que añadir a su apellido y enseguida tiene a gente opinando sobre ella. Durante esta tercera entrega de episodios, que terminará el domingo de la próxima semana, hemos sabido que los inexplicables poderes de Sookie no le vienen porque sí (explicación que sería muy normal visto lo visto en True Blood, por cierto), sino porque desciende del ilustre linaje de las hadas. Pues bien, la reacción no se ha hecho esperar. La famosísima hada Campanilla, que además de aparecer en Peter Pan, es la presidenta de la Liga Fantástica de las Hadas Enanas (una agrupación ultraconservadora dentro del movimiento hado) ofrece en esta entrevista su visión acerca de la serie, Hadookie, El niño que no quería crecer, Julia Roberts y la relación entre seres humanos, hadas y criaturas fantásticas, en general.

Series a la Parrilla: Si no para quieta en el aire, no me concentro para hacerle las preguntas, hace interferencia en el sonido para que lo capte bien la grabadora y el polvo mágico me está haciendo llorar... ¿Podría parar?
Campanilla: Una hada no puede dejar de revolotear. Mucho esfuerzo hago ya hablando en una lengua que no es la mía. ¿Te interesa publicar mi opinión, o no?

SP: Claro, claro. Espere que me limpie los ojos. Vale, ¿qué es lo que quiere hacer llegar al público?
C: La imagen que da True Blood de las hadas como devoradoras de hombres es incierta. Aunque claro no me extraña viendo el comportamiento de Sookie con todos los caballeros que conoce, como le pasa con Alcide, el hombre lobo. Ahora va a parecer que somos ninfómanas.

SP: El concepto que sale en pantalla, de hecho, recuerda más al de ninfas.
C:
Por eso mismo. Las hadas no tenemos que ver nada con esa especie y que se nos confunda con ellas y se ponga como ejemplo a Sookie Stackhouse es todo ello un insulto, porque repito nosotras no vamos por ahí a la caza de hombres y mucho menos de series abominables como los vampiros. La autora de los libros y el señor Ball que se ve no está a la altura intelectual de mi creador [J. M. Barrie] ya podían haberse informado más del tema.

SP: ¿Se da cuenta de que acaba de ofender a toda dos razas enteras y a dos personas en concreto?
C: Yo sé lo que digo. ¿Por qué cree que esas ninfas volvían locos a los dioses del Olimpo? Por algo es. Nosotras, las hadas de verdad, velamos por la inocencia de las mentes, especialmente la de los niños, por eso nos crispa que nuestro nombre se utilice en productos que sólo invitan al sexo y a la depravación. Y claro está que no somos seres que buscamos otras razas para reproducirnos, aunque de ello dependa nuestra supervivencia.

SP: Eso no suena muy políticamente correcto.
C: Ya, pero si preguntas a las hadas de Cenicienta, La Bella Durmiente o a la de Pinocho, pongo la mano en el fuego, aunque no me queme (lógicamente, no puedo), que te van a decir lo mismo que yo.

SP: Pero usted ordenó a los Niños Perdidos que lanzaran flechas contra Wendy porque está celosa de la atención que Peter Pan le prestaba.
C:
Otra vez con la misma cantinela. ¡Sólo estaba evitándole un disgusto a Peter! Esa chiquilla tenía la mirada demasiado sucia para su edad. Suficiente es tener que lidiar con sus nietas y tataranietas cada cierto tiempo. Todas iguales. Seguro que les gusta True Blood.

SP: Usted ve también la serie.
C: Sólo por trabajo, está claro.

SP: ¿Entonces le pareció mal que en Hook la versión que sale de usted intentase seducir al Peter Pan que interpretaba Robin Williams?
C: Cuando me enteré de que iban a poner esa parte en la película me llevé un disgusto terrible, incluso pensé en quitarle la imaginación a Spielberg. Pero luego vi que Julia Roberts hacía de mí, y cambié de idea. No es que ella mejore lo presente, pero bueno podrían haber puesto a otra mucho peor. Desde luego que si ahora deciden hacer un remake y escogieran a Anna Paquin, no dejaría en paz a los hijos de los productores mientras duermen.

SP: Creo que no haría falta que interviniera, ya que para eso están los mosquitos.
C: ¿Y tú sabes de donde vienen los mosquitos? Es lo que pasa cuando las hadas enanas van por el mal camino, acaban juntándose con vampiros y crean monstruitos chupasangre.

martes, 1 de septiembre de 2009

Eric Northman: "Me encantaría tomar el sol con Sookie"

"Y que ella me hiciera las mechas, por supuesto". Eric Northman recibe a Series a la parrilla en el aterciopelado trono de su negocio 'Fangtasia' mientras avista a unas jóvenes morenas que acaban de entrar en el bar. "Después iré a por ellas", comenta con sorna a la vez que un brillo maligno se adivina en unos ojos azules que llevan más de mil años sin ver la luz del sol. Todo un trauma para este ex vikingo sueco acostumbrado alguna vez a los cortos días escandinavos, y que, ahora como sheriff vampiro, vive de la True Blood de los rústicos vecinos de Bon Temps (Louisiana).

Series a la parrilla: Sheriff Northman, ¿por qué cambiar las largas noches de su Suecia natal por unas más cortas aquí en los Estados Unidos?
Eric Northman: Muchos suecos emigraron a los USA y como mi creador, Godric, estaba obsesionado con el Nuevo Mundo no me quedó otra que seguirlo. Además, llevábamos muchos años alimentándonos de compatriotas, después de europeos, y quisieras o no, la sangre te acababa sabiendo igual mordieras a quien mordieses. Probar la sangre india fue toda una experiencia para nosotros, así que si lo miras bien, valió la pena quitarnos unas horas de actividad nocturna.

SP: Supongo que, al principio, Godric y usted tendrían problemas de adaptación. Todo el tema del idioma, conocer a otros no muertos...
EN: Ja, los suecos somos buenos aprendiendo otras lenguas, y más el inglés... ¿Es que no sabes quién es ABBA?

SP: Claro, claro, ganaron Eurovisión en el año 1974 con un tema en inglés titulado 'Waterloo'.
EN:
Yo asistí a esa final e incluso le ofrecí un poco de mi V a Agneta, Björn, Benny y Anni-Frid antes de la actuación. Se puede decir que ganaron y se hicieron famosos gracias a mí.

SP: Vaya, me sorprende que usted fuera tan fan de un grupo digamos que algo 'hortera' en comparación con sus orígenes como guerrero.
EN: Ser un vampiro te permite abrazar un gran abanico de tendencias a lo largo de los años. Tu cuerpo no cambia, al contrario que tu mente. Te vuelves más sabio. Hace mil años yo era fuerte pero ignorante, ahora soy muy inteligente y, además, inmortal. No me hace falta llevar escudos para defenderme, puedo ir bien vestido y matar con la misma efectividad.

SP: ¿Por eso se hace mechas en el pelo?, ¿para estar guapo frente a sus víctimas?
EN: Al estar muerto, mi pelo rubio ha perdido el brillo que tenía cuando era humano. Las mechas son un buen invento para recuperar una de las pocas cosas que echo de menos de esa etapa. Eso y tostarme bajo el sol.

SP: Hombre, puede acudir a los solariums.
EN: Te recuerdo que soy alérgico a la radiación UVA. Pero bueno, si esos japoneses fueron capaces de quitarnos el placer de chupar buena sangre con esa porquería embotellada, nosotros les pedimos a cambio que inventaran rayos no nocivos. ¿Por qué crees que la Reina de Louisiana disfruta de un día de piscina en su masión? Porque yo le vendí la tecnología. 'Fangtasia' es mi hobbie; lo que me ha dado dinero y la posición que tengo entre la comunidad es mi cadena de solariums para vampiros, Ra Tech. Actualmente tenemos un agente en Madrid intentado convertir a Cristiano Ronaldo para nuestra causa.

SP: Todo un emprendedor por lo que veo.
EN: Precisamente eso es lo que quiero que se venda en esta entrevista. ¿Quién coño es Bill Compton a mi lado? ¿Qué puede darle ese don nadie a Sookie Stackhouse? Todo el mundo sabe que es un mantenido de la Reina.

SP: Y todo el mundo sabe de su fijación por Sookie, aunque, parece que a ella los vampiros metrosexuales no le van demasiado.
EN: No le puedo culpar de preferir a un paleto, ya que es producto de su educación mediocre, pero del mismo modo que Godric me salvó, yo la puedo salvar. De momento, compartimos el gusto por las tumbonas, me encantaría estar echado en una piscina junto a ella. Haríamos una bonita foto.

SP: ¿No cree que está subestimando el atractivo de Bill?
EN: Para empezar, el pobre padece doble enanismo. Por un lado, físico, porque está claro que comparte genes con Tom Cruise; y mental, ya que sólo tiene 170 años. Deberían haber castigado a Lorena por haber creado semejante vergüenza para nuestra especie. En cualquier caso, confío en que mi sangre le haya calado bien a Sookie para que se de cuenta de lo que mejor está aquí.

Qué tipo tan optimista. Las morenas del fondo no paran de saludarle. "Es hora de comer". Y se levanta del trono.

miércoles, 17 de junio de 2009

Samantha sobre Sookie: "Es una aficionada"

WARNING EXPLICIT CONTENT: considérate un poco spoileado si lees la entrevista, y no has visto la premiere de la segunda temporada de 'True Blood'.

Después de ser testigos del regreso de True Blood, que ya va por su segunda temporada, se vuelve a abrir el eterno debate de por qué esta serie con momentos sublimes y desarmantes a partes iguales engancha como lo hace un folletín novelesco. Tal es su bipolaridad que ya no sabes si la sigues porque te gustan las bondades que ofrece, o porque estás deseando ver cuál será la siguiente caspa-bizarrada que la historia ponga por delante. Dentro de este último apartado, los amigos Sookie Stackhouse y el vampiro Bill Compton tienen mucho que decir, por lo que hemos contactado con la experta en Química Sexual de la HBO Samantha Jones, para que arroje luz a todos los interrogantes que despiertan esos dos en acción, incluyendo el más importante: ¿Sookie tiene sex appeal?

Series a la parrilla: Señorita Jones, sé que su experiencia en estas lides es dilatada, pero ¿podría confirmarme que ha estado con vampiros?
Samantha Jones: Por supuesto. Es más, estuve con ese Compton una noche. Me habían comentado que los chupasangre son fabulosos en la cama y me fui a uno de esos bares que tienen a morder a uno. Bill vivía en la ciudad por aquel entonces y, bueno, ya sabes, ese acento sureño y sus batallitas de guerra a dónde fueron a parar...

SP: ¿Y?
SJ: Tal y como me habían comentado. ¡Batí mi récord de orgasmos! Y eso, que sólo teníamos una hora antes de que amaneciera porque si no, apuesto a que hubieran caído más. Que quede entre nosotras: Smith, con todo lo que era, nunca consiguió superar aquello.

SP: Vaya, ¿y repitió después de esa noche?
SJ: Ah, aquí viene la parte donde se tuerce todo... Todo el mundo sabe que el sexo es la cosa que me da menos miedo en el mundo, así que cuando Bill sacó sus colmillos, le dejé que me mordiera. El mejor sadomaso de mi vida. Hasta que al día siguiente el Gucci escotado que tenía preparado se quedó en el armario. No había experimentado el cuello alto desde que abandoné el colegio de monjas, además, aún lamento no haber podido pagar la reserva de un Birkin original por culpa de la salvajada que me cobró el cirujano. Un mes entero sin acudir a fiestas, esperando a que las marcas de cuello y el escote se fueran solas. Imagínate, ¡no podía salir de casa! Era operarme, o nada.

SP: ¿De verdad se tuvo que practicar una cirugía? Entonces, ¿Sookie?
SJ: Ésa, a menos que robe, no puede permitírselo. Menos mal que trabaja de camarera y lleva camisetas que le tapan todo. Además, supongo que creerá que Bill se pondrá más cachondo por verla marcada como una vaca. Yo que ella hubiera utilizado el dinero que le dejó su tio abuelo.

SP: Noto algo de inquina en sus palabras.
SJ: ¿De verdad cree que por haber enseñado las tetas puede competir contra mí? Mmm, aficionada. Yo soy la única que sabe hacerlo con algo de clase. Además, no creo que tenga cerebro para practicar otra postura que no sea el misionero.

SP: Creo que esto se está empezando a salir de madre, ¿por qué no...?
SJ: ¡Pero si es verdad! Fíjate, ¿dónde está la woman on top? ¿Dónde? No sé quien tiene más sangre dentro: si ella o Bill. Aunque bueno, éste siempre puede devolverle un poco de la que le quita. Y luego nos machacan con que lo hagamos con condón, ¡pues que vayan a ver lo que hacen los paletos!

SP: Veo que está al día de sus encuentros, ¿eh?
SJ:
Claro que no, esa rubia de bote quiere quitarme el puesto con su rollo de mosquita muerta. Eso será por encima de mi cadáver, pero considerando que casi siempre está debajo de uno... Pues, lo tiene difícil.

SP: Pero lo importante es que Bill la quiere, ¿no cree?
SJ: A ver, por muy bien que folle, el vampiro tiene mentalidad dieciochesca. Le dirá todas esas cosas para llevársela al huerto y si la tía no tiene personalidad, mejor. Como una muñeca hinchable pero con el c... caliente.

SP: Bueno, conociéndola por sus aventuras en Sex and the City, se diría que lo que acaba de decir es un poco como lo que hace usted...
SJ:
Yo le dejo las cosas claras a los tíos desde el principio, que es diferente. Si te gusta así, bien, si no, ya tengo a otro. Yo ya se lo dije a Bill: "Paso de gastarme dinero extra en B12 por ti". Ahora parece que ha encontrado una a la que no le importa.

Viendo como ha ido la entrevista, quizás Samantha no haya sido la fuente más indicada para dar una opinión objetiva. Es más, sus palab
ras han abierto un nuevo y más inquietante interrogante: ¿Por qué Sookie no tiene marcas en el cuello o sucedáneos? ¿Tiene habilidades de regeneración? ¿Es familia de la cheerleader de Heroes?

Trataremos de averiguarlo en los próximos episodios, al igual que el misterio de las mechas de Eric Northman.

miércoles, 25 de febrero de 2009

True Blood: la HBO ataca a la yugular de la plebe

Es como si de repente al canal de cable, conocido por la gran calidad de sus ficciones, le diese por quitarse los Manolos y calzarse unas Converse, que, sin perder ese toque trendy, son casual y están al alcance de bastantes más bolsillos. Esa sensación me deja el visionado de la primera temporada de True Blood, un drama que rompe con toda esa imagen de alta costura televisiva a la que la 'eichbiou' nos tiene acostumbrados y nos presenta cómo es la línea prêt- à-porter, asequible, del canal. Un entretenimiento sin pretensiones, con aires de folletín, concebido para ser administrado directamente en la vena del espectador.

Cuando se filtró el piloto, enseguida se levantaron voces preguntándose si Alan Ball, ese genio capaz de crear Six Feet Under, había perdido el norte o si quizá el vampiro Bill Compton le habían chupado toda la sangre que tenía en el cerebro. A primera vista, adaptar una serie de libros de misterio protagonizada por una telépata enamorada de un nosferatu de 140 años no entraba dentro del estilo del autor de American Beauty, y menos de la HBO de Tony Soprano, David Fisher, Ari Gold, Tito Pullo y otros tantos personajes carismáticos. Eso debieron pensar muchos de los críticos que desangraron la serie, desilusionados ante las expectativas creadas.

Y, ¿si la Home Box Office y Alan Ball se cansaron de análisis sesudos de la naturaleza humana? Porque precisamente eso no ofrece True Blood: todo es obvio, nada se deja a la imaginación, y la crítica social está tan en la superficie que si no aparece plasmada tal cual en el guión, los personajes se encargan de recordarlo ya sean con sus frases o actos.


¿Qué hay más tópico que el sur de los Estados Unidos para hablar de los derechos de las minorías? Antes, negros contra blancos. Ahora, humanos contra vampiros bebedores de sangre sintética supuestamente integrados en la sociedad. Sólo viven de noche y tienen colmillos (a diferencia de los desdentados 'crepusculares' de Stephenie Meyer), pero pululan por ahí. Hay gente que no los quiere en sus bares, del mismo modo que hace 60 años no quería compartir el mismo autobús con una persona de raza negra. De igual manera que el ficticio pueblo de Bon Temps es un nido de cazurros sureños obsesionados con el sexo, tal y como nos muestra la mente de la camarera Sookie Stackhouse cuando se asoma sin querer a las cabezas de sus vecinos.

Precisamente, la presencia del sexo, el realismo de los tugurios ultracutres en los que se mueven humanos y vampiros, y unos diálogos sin pelos en la lengua es lo que nos recuerda que estamos ante la HBO y no en la CW. Porque son capaces de colar un plano tronchante de un periódico en el que informan de que Angelina va a adoptar un niño vampiro (¿os imáginais?) y, acto seguido, una madre completamente borracha le mete un botellazo en la cabeza a su hija negra que, encima se llama Tara, como la plantación de 'señorita Escarlata'. "¿Qué madre negra es tan imbécil de ponerle un nombre así a su hija?", dice Tara (Rutina Wesley), la mejor amiga de Sookie.

Tara, con sus ademanes exagerados de 'black power' y ese 'aha' intercalado en cada palabra, es el contrapunto que necesita el espectador para olvidarse de la presencia de Sookie, porque, uno, no se puede concentrar tanto panfilismo en una sola persona; y dos, no puedo con las caras de Anna Paquin, de la que no entiendo cómo se pudo llevar el Globo de Oro. Como el vampiro Bill Compton (Stephen Moyer), Sookie es una outsider dentro de la comunidad en donde vive ya que su habilidad de leer mentes le impide relacionarse con normalidad. Hasta que llega el chupasangre y la chica no puede saber si está pensando en llevársela a la cama en ese mismo instante. Compton es opaco y tremendamente atractivo en el sentido romántico de la palabra, ya que pasa de relacionarse con los de su especie y bebe sangre embotellada del sabor 0 negativo. Por eso él y Sookie congenian desde el minuto uno en que se conocen.

Si con la chica Stackhouse congenia, no se puede decir lo mismo con el hermano, Jason (Ryan Kwanten), símbolo descarado de todo el paletismo de Bon Temps, cuyo odio hacia los vampiros está fundamentado básicamente en que los nosferatu son más hábiles en la cama que él, y por eso, todas las mujeres del pueblo ofrecen sus yugulares a los no muertos.

¿Y qué decir de Lafayette (Nelsan Ellis)? Hombre pluriempleado donde los haya: traficante, chapero con aires de reina y cocinero. Todo él es tan excesivo que junto con Tara y Jason protagoniza las escenas más divertidas de la serie, en la que el misterio de los asesinatos avanza con cuentagotas sin que parezca que ocurra nada demasiado importante, pero sin que tampoco nos podamos levantar del sillón para ir al baño.

En resumidas cuentas, True Blood es adicción de novelas por entregas, de esas que se leen en los asientos del bus o del metro, y que Alan Ball se ha atrevido a trasladar a la élite de la televisión por cable.