Voy a confesarlo abiertamente: no soy amante de las típicas series de polis. Quizá por ello, me acerqué con ciertos prejuicios a la nueva ficción apadrinada por John Wells, productor ejecutivo de E.R y The West Wing, entre otras. Pero Southland ha hecho conmigo lo que ayer el Barça a la prensa deportiva de Madrid: '¡Zas, en toda la boca!'. Aunque, en este caso, yo diría '¡Bang!' porque balas es lo que abunda en los bajos fondos de Los Ángeles, ya sea para crear o barrer basura humana.Casi al lado de las glamourosas palmeras de Beverly Hills y los escaparates de Rodeo Drive, yace un inframundo de carroña que esta producción se atreve a mostrar sin tapujos hasta donde los límites de la NBC permiten. Con poca música y mucho ruido de la calle, Southland nos adentra, bajo su capa de drama con toques documentales, en el día a día de un grupo de agentes del departamento de policía de L.A., encargados de limpiar la porquería en las esquinas del sur de la ciudad (de ahí el juego de palabras que da título a la serie), campamento de pandillas, traficantes y delincuentes comunes. ¿A quién le gustaría trabajar allí? Pues a Ben Sherman (Ben McKenzie).
El oficial Sherman tiene dos problemas: es un novato recién salido de la academia y, además tiene pinta de chico 90210, como bien lo describe su veterano compañero de patrulla, John Cooper ( Michael Culdlitz). Debe demostrar que está por encima de las situaciones y, además, lidiar con las continuas puyas que le lanza el incisivo Cooper a propósito de su acomodado origen. McKenzie no es que recite demasiadas líneas del guión en este piloto, es más, nos sigue ofreciendo el mismo rostro pétreo y algo inexpresivo que cuando interpretaba a Ryan en The O.C. (buenísimo ese gag-homenaje a los pijos de Newport), pero cumple con su papel.
A pesar de que aparenta ser un tipo de serie coral en la que los personajes no tienen un peso demasiado importante, Southland aprovecha la acción para desvelarnos detalles de la vida personal de cada uno de los protagonistas. Así, tenemos a la detective Lydia Adams (Regina King), que compagina como puede su trabajo con el cuidado de su madre, y al detective Sammy Bryant (Shawn Hatosy), con un matrimonio en crisis. De la agente Chikie Brown (Arija Bareikis), de momento, sólo sabemos que aspira a convertirse en la primera mujer SWAT.
Si la serie sigue pegada a la realidad, no se vuelve repetitiva (mi principal temor) y mantiene su excelente factura visual, me veré obligada a disparar a la segunda tanda de episodios, a pesar de los pitidos de censura para tacos de la NBC. La cadena, poseída por el espíritu del cable en esta 'midseason', ha conseguido con Southland el éxito de crítica y público que no pudo lograr con la majestuosa Kings.
A la espera de que ésta última regrese de sus vacaciones forzosas, creo que ya he firmado el diario de entrenamiento del agente Sherman con una buena nota.