jueves, 15 de octubre de 2009

Corrigiendo errores

Todos los años, cuando empieza la temporada de series, los aficionados sacamos al técnico de recursos humanos que llevamos dentro y, CVs en mano, hacemos nuestra particular selección de personal. Últimamente hay tal volumen de candidatos, que a algunos no nos queda más remedio que pasar de las dinámicas de grupo y los encuentros tramposos a coger los currícula, apelar a nuestra intuición y jugar al basket. Así, luego pasa lo que pasa por guiarnos por tan exhaustivo método: cegados por la foto del currículum de tal serie, condenamos a la papelera a otras que exhiben un peinado espantoso, pero que saben hacerte pasar un buen rato de buena televisión. Menos mal que sólo estaba de pruebas y el error de contratar a Three Rivers antes de que a The Good Wife no costará un céntimo a la empresa.

Ambas series procedimentales de la CBS no pueden ser más diferentes tanto en temática como en la forma en que ejecutan sus posibilidades. Three Rivers es un drama médico sobre los transplantes de órganos vistos desde la triple perspectiva de pacientes, donantes y doctores. Y ya está. Una premisa interesante, que es lo que más me llamó de la serie en un principio, se queda en lo meramente formal y decorativo de sus transparentes pantallas táctiles, y no logra transmitir lo que se le pide al género de las batas: calor humano. Cada órgano de la serie, bien sea la realización, actuación o historia, va cada uno por su lado, y así es muy difícil conseguir un cuerpo con vida.

El batacazo que se ha pegado en audiencias anuncia cancelación y paro para el siempre atractivísimo Alex O'Loughlin, o la eterna Shane de The L Word, Kate Moennig, que poco pueden hacer con el pobre material que les brinda el guión. Esperaba que los cambios a los que se vio sometida la producción fueran para mejorar la serie, pero me equivoqué.

Por su parte, The Good Wife se está revelando como el auténtico 'underdog' del año. Un drama legal protagonizado por la ex enfermera de E.R., Julianna Margulies, en un papel que perfectamente podría estar diseñado para el canal Lifetime (mujer cuarentona y cornuda, con marido político corrupto en la cárcel, suegra, y dos hijos que criar... ¡uf!) y que tufa a vieja escuela abogacil por doquier. Inspirado en el escándalo del ex gobernador de NY, Eliot Spitzer, sólo le faltaría estar producido por David E. Kelley y ya tendríamos el síntoma que nos falta para completar el cuadro. Pero no, dejando de lado que los hermanos Scott colaboran como produtores ejecutivos, si cortamos la maraña de clichés, veremos un personaje femenino prometedor con una profundidad dramática que transciende los casos de la semana.

Al contrario que los médicos de Pittsburgh, Margulies sí tiene material con el que lucirse y el resultado engrandece a la protagonista, Alicia Florrick, que debe engrasar sus habilidades como asociada novata de un bufete tras años siendo una mujer de su casa. Además, esa dupla que forma con su ayudante, la investigadora Kalinda (Archie Panjabi), tiene pinta de darnos buenos puntos cómicos debido al diferente carácter de las dos mujeres, una más apocada y, por qué no, con métodos 'de madre', y la otra más agresiva y directa. Tampoco podemos olvidar a la suegra, Jackie, intrepretada por Mary Beth Piel, la 'Grams' de Jen en Dawson's Creek.

La serie en sí no aporta nada a nivel visual o narrativo que no hayamos visto en otro producto del género, aunque se nota el oficio detrás de la realización, impoluta. Y si además a eso le unimos el potencial de su personaje protagonista, que puede hacer escorar el conjunto hacia el drama familiar, la etiqueta de procedimental no sirve para espantar a los que están hartos del formato.

domingo, 11 de octubre de 2009

Desenterrar para seguir viviendo (Six Feet Under 3)

A medida que crecemos una de las mayores lecciones que aprendemos (y que nos han transmitido alguna vez nuestras abuelas mientras las ayudábamos a pelar patatas) es que la vida no nos da siempre lo que queremos. Ya se trate de personas, situaciones ideales, o trabajos, nos topamos con barreras que nos alejan del objetivo a la vez que nos inunda cierto sentimiento de insatisfacción. En esos casos, lo mejor es enfrentarse a esos hechos y pasar página con optimismo. Sin embargo, algunas personas, como los Fisher, hacen todo lo contrario, y meten todos esos sinsabores en un ataúd A dos metros bajo tierra a riesgo de llevarse un buen susto si a esas frustraciones les da por sacar la mano por encima del pavimento.

En la tercera temporada de la serie, la familia funeraria por excelencia sigue, por un lado, dando pasos de gigante contra la incomunicación entre sus propios miembros pero, por otro, se convierte en víctima de esos fantamas de la decepciones vitales que pueden aterrar a cualquier ser humano. Alan Ball ha tensado la cuerda del drama y no ha dudado en rodear a Nate con ella, hasta llevarle al límite de sus fuerzas, primero, fingiendo que es feliz conviviendo en familia con una mujer a la que no quiere (Lisa, la madre de su hija) y, después, desesperándose y sintiéndose culpable por todo lo que pasa.

Por el camino, el hijo mayor del clan interpretado por Peter Krause se nos muestra por momentos intransigente, egoísta e incapaz de 'apechugar' con su nueva realidad, como un adolescente al que le entra una pataleta, pero que tampoco arregla nada, ya que continua dentro de un matrimonio que es fallido a todas luces, aunque luego se autoconvenza de que no es así. Conociendo al personaje, para nada imaginé que tras la intervención quirúrgica me iba a encontrar con un Nate casado 'de penalti', y menos, tan sobrepasado por las circunstancias. Soportarlo a él y a la histérica de Lisa en esta temporada ha sido todo una experiencia. Parece que Ball ha querido aplicarle a Fisher Jr. el cuento de que 'hay algunos que aprenden a leches'. Y tanto, para delicia de los que somos del 'team Chenowith' y de las segundas oportunidades.

A pesar de que estos trece capítulos se hayan centrado en machacar a Nate, y la primera parte de la temporada se haga cuesta arriba, lo más sorprendente ha sido comprobar que el realismo de todas las emociones que desfilan por la serie sigue intacto. Los personajes continuan su evolución particular y, a su manera, van desencorsetándose poco a poco y haciendo frente a tabúes y problemas enterrados. David y su novio Keith nos han brindado los mejores momentos de la temporada, descubriendo juntos la manera de superar los ataques de agresividad del ex policía y los asuntos pendientes con su padre, así como la falta de expresividad de Fisher, que estaban minando su relación. Por algo, cuatro años después del final de la serie, siguen siendo el mejor retrato de una pareja homosexual de hombres que ha dado la televisión. Honesta y alejada del estereotipo.

Desde que murió Nathaniel Sr., Ruth ha intentado revivir la 'juventud perdida' tras su matrimonio con más o menos fortuna, pero esta temporada verla divertirse con Bettina (Kathy Bates) e ilusionarse al lado de Arthur, el friki ayudante de la funeraria, para después casarse con George ha sido mucho para el cuerpo. Nunca sabemos por dónde va a salir este personaje, y ese toque naïf que aporta Frances Conroy con su interpretación la hace absolutamente adorable. Sus conversaciones con la otra pelirroja de la familia, Claire, siempre llegan en el momento justo y, aunque no sean precisamente charlas 'a corazón abierto' suponen un cobijo para los quebraderos de cabeza de su hija. Porque si Nate es el eterno insatisfecho, la pobre Claire tiene un ojo clínico para las relaciones problemáticas.

La confesión que le hace su hermano David mientras ambos están recibiendo a los asistentes a un funeral vuelve a demostrar que hay que estar atentos a cada una de las escenas de Six Feet Under. Por muy anodinas que parezcan, están cargadas de un contenido significativo que puede aflorar de un momento a otro. El gusto por los pequeños detalles y el diálogo cotidiano y profundo son el vehículo sobre el que se mueven todas esas emociones que los Fisher aún tienen que desenterrar antes de descansar en paz. Han progresado bastante en tres temporadas, ¿serán capaces de ofrecer aún más en las dos que quedan?

miércoles, 7 de octubre de 2009

Ciento treinta y siete segundos en la bola de cristal


Si lees esto sin haber visto algo de FlashForward, te desmayarás y verás un futuro lleno de spoilers.


Si las videntes no quieren que sus negocios fracasen, deberán aprender a desmayarse a placer y predecir el futuro con más precisión que las cartas del Tarot o los posos del té. El plato fuerte de la ABC para la actual temporada, FlashForward, ha demostrado en los dos capítulos que lleva emitidos que un desvanecimiento puede ser la respuesta a preguntas típicas como "¿qué será de mi vida dentro de un tiempo?" o "¿habré conseguido lo que me propongo?", y lo consigue empujando al subconsciente de cada habitante de la Tierra a presenciar, durante 2 minutos y 17 segundos, hechos que ocurrirán un día concreto dentro de seis meses. El 29 de abril de 2010.

Con esta premisa arranca la serie que está llamada a ser 'la definitiva' heredera de Lost, si hacemos caso del murmullo que ha generado en los medios desde principios de año. Palabras mayores que yo prefiero tomar con cautela porque a pesar de haber enseñado unas credenciales más que dignas en sus dos primeros episodios, la superficie de FlashForward está muy fresca todavía para pegarle tamaña etiqueta. La serie que David S. Goyer (Batman Begins y secuela) y Brannon Braga (Star Trek) presentan a partir de la novela homónima del canadiense Robert J. Sawyer nace en un contexto totalmente distinto que el producto de Abrams, Cuse y Lindelof. Es más, me atrevería a decir que surge en un contexto posible en gran parte gracias a la irrupción de Lost en el panorama televisivo (que haya perdido fe en los 'losties' no les quita méritos) y, en ese sentido, no se puede hablar aún de que aquí se esté preparando una pequeña revolución.

Pero a nivel formal, y ya acabo con las comparaciones, si de algo es deudora FlashForward de la isla, es de la espectacularidad con la que se abre la serie y de su reparto coral. Una secuencia impactante con la que dejar boquiabierto al espectador del mismo modo que aquel Oceanic 815 estrellado en la arena. Los Ángeles colapsado por un desmayo de consecuencias globales y una población mundial desconcertada por lo que ha podido ver, cosas buenas y malas. En 45 minutos de intenso piloto, se nos deja ver las visiones de unos cuantos personajes, entre los que se encuentra Mark Benford (Joseph Fiennes), un agente del FBI con problemas con la bebida, en el que parece recaer el pulso narrativo de la trama, ya que con él comienza la investigación del suceso.

En el primer capítulo vemos los 'flashforward' y los no, de prácticamente todos los personajes principales, por lo que la novedad estará en ir descubriendo las piezas que faltan del resto del mundo, de ahí que la serie se preste a ser un desfile de caras con una historia que añadir al mosaico, como se ha podido ver en el segundo episodio con el testimonio de la pastelera. El drama personal lo ponen los principales, mientras que los secundarios tendrían la función de hacer avanzar la historia. Es sólo una suposición, porque ya sabemos de qué van las visiones más importantes, a menos que tengan un as en la manga oculto que no nos hayan enseñado. Espero que sepan encontrar el equilibrio y que no machaquen demasiado con constantes alusiones gráficas a los 'flashforward' como en el caso de Benford.

Mientras disfrutaba del segundo capítulo en compañía de unos amigos, tuvimos una pequeña discusión acerca del agente del FBI y de las motivaciones de ocultarle a su mujer, Olivia (Sonya Walger) su recaída en la bebida cuando ella le ha sido sincera sobre su posible futuro con otro hombre. Resumiendo: no congenié mucho con Mark, aunque eso lo achaco quizás a la poca fuerza de Fiennes a la hora de interpretar el papel. Por el contrario, Demetri (John Cho) y la pequeña Charlie son los personajes que más me intrigan por ahora; el primero, por el trágico final al que parece destinado, y la segunda, por todo lo que no nos ha contado.

Por la sensación de cuenta atrás que va a unida al argumento de la serie, de tener la oportunidad de cambiar un futuro nada alentador antes de la fecha de caducidad, veo muy difícil la manera de justificar una segunda temporada. Con una media de 11 millones de espectadores, tiene todas las papeletas para hacerse con un puesto estable en la parrilla de la ABC, aunque esperemos que no a costa de inventarse tramas inusitadas propias de adivina de cadena local a medianoche. Ése es el peligro y el reto al que deben hacer frente los guionistas en los episodios que están por venir.

domingo, 4 de octubre de 2009

¿Viene J.J. a revitalizar la NBC?

Tras el anuncio oficial de que la NBC finalmente se ha quedado con el guión del nuevo drama de espías que J.J. Abrams ha escrito junto con Josh Reims, el niño mimado de la industria está sólo a un paso de completar, como si del Grand Slam de tenis se tratase, el 'Big Four', puesto que, de entre las cuatros grandes cadenas, sólo la CBS no ha caído aún en sus encantos.

En el artículo que publica THR sobre la noticia, se destaca que no es la primera vez que Abrams pone un libreto suyo a expensas del libre mercado para que las 'networks' se peleen cuales novias por un pretendiente. Así, en 2007, FOX se llevó el gato al agua con Fringe, con la que la productora de J.J., Bad Robot, asociada a WBTV, consiguió un 'series commitment' (un compromiso de grabar una temporada completa). Pese a que actualmente la segunda temporada de la serie ha aterrizado en parrilla con unos discretos datos de audiencia, este drama de ciencia-ficción fue una de las grandes sorpresas de la temporada pasada.

Bad Robot es en estos momentos un valor seguro dentro de la industria, y los pavos reales de la NBC Universal se han quedado con la copla después de un año para el olvido, que se saldó en julio con la salida de Ben Silverman al frente del departamento de Entretenimiento para Televisión. Su sustituto, Jeff Gaspin, tiene ahora la tarea de devolver el prestigio a la ficción de la cadena. Además de hacerse con el proyecto de Abrams, se ha encargado de ordenar un recorte en una de las novedades para este año, Day One, que finalmente será miniserie por el miedo a que haga tan bien su papel de nueva Jericho que no pase de la primera temporada.

Por lo que se sabe, el guión del drama de espías de J.J. y Reims (que ya trabajó con Abrams en Felicity) lleva parejo un 'pilot commitment', es decir, si la NBC decide no producir el piloto, tendrá que abrir la billetera e indemnizar a Bad Robot y a WBTV. El argumento recuerda mucho al de Sr. y Sra. Smith, a lo que hay que unir la experiencia de Bad Robot en el género de agentes secretos con problemas familiares que vimos en Alias, donde también se jugaba la carta de 'lo desconocido' con la trama de Rambaldi. Con tan pocos detalles, no se puede decir nada más, aunque el proyecto parece tan 'dejà vu' como alguno de los nuevos estrenos de la cadena para esta nueva temporada. La premisa, en principio, está lejos de ofrecer algo medianamente rompedor como lo fue en día la agonizante Heroes.

Sea lo que sea, viendo la necesidad de éxitos en Peacock, habrá que estar atentos al desarrollo de la idea y de si se le da luz verde como serie. El márketing de Abrams ya lo tienen; ahora, a ver en qué resulta lo que ya podemos considerar como primer gran movimiento de Gaspin con vistas a la temporada 2010/11. ¿Adivináis cuál puede ser el siguiente?