jueves, 22 de abril de 2010

Las cenizas no sólo vienen del volcán

'Eyjafjallajökul'. Cortar y pegar al canto. Si ya es difícil pronunciar el nombre del volcán islandés que ha puesto patas arriba el tráfico aéreo de Europa y, de paso, ha obligado a Madonna (la ilustre homenajeada en el episodio de Glee de esta semana) a hacer pis en una gasolinera de Burgos acompañada de un montón de grandes éxitos de Tony Genil, no iba a estar 10 minutos intentando teclear letra por letra el topónimo, ¿no?

Eso debieron haber pensado los responsables creativos de Life Unexpected, a los que, al contrario que los islandeses, les debió hacer un tiempo estupendo todos los días después del prometedor trabajo realizado en el piloto, que decidieron dibujar la temporada utilizando papel cebolla con el que calcar los episodios para ahorrar tiempo. Cuidado, no vaya a ser que al sol le diera por esconderse en cualquier momento.

Cate es la bruja y Baze, el trozo de pan que consiente a la hija que tienen en común, Lux. Cate intenta ser guay con Lux, pero la acaba fastiando y la chica se va a casa de su padre a llorar. O Baze la pifia, y la rubita acaba en casa de su madre, otra vez. Valen cualquiera de las dos posibilidades. Propiedad conmutativa llevaba al extremo, como si me ponen un conejo de color verde encima de la cabeza (más bien, gorro) de Lux que seguro que no me fijo en el detalle.

Luego están Cate y su futuro marido, Ryan, que trabajan juntos en un programa de radio y prestan su imagen a un montón de eventos, en los que siempre aparece Baze con la única misión de montarla porque está picado con Cate, que siempre le está echando en cara lo infantil que es. Aunque a la mujer se le ablanda el corazón y le acaba poniendo ojitos a su ex en plan "no te mereces que te perdone pero lo hago". Sí, una de las frases que no se dicen en ese tipo de relaciones donde la tensión sexual toma el control de las cosas, y crea triángulos equiláteros hasta que una de las puntas empieza tirar hacia su ángulo y acaba con la forma original. Y ya no cuento el resultado si decoramos el conjunto con un poco de cenizas residuales una vieja erupción volcánica entre dos de las puntas del triángulo.

Cuando te preocupan los personajes, estos polvillos negros son recibidos como un regalo y no te vas a quejar al mostrador de atención al cliente por estar un tiempo atrapado en la sala de espera tragando episodios que repiten patrones. Pero cuando te encuentras con elementos como Baze y Cate, cuyo interés individual desciende capítulo a capítulo, la ceniza es tan molesta que el pobre personal de tierra se tiene que aguantar. Que se líen de una vez, porque está visto que ni Ryan, por soso, sobre todo, Lux, son capaces de asipirar la nube oscura que crean los otros dos.

Lux estaba llamada a ser la protagonista de la serie. Podría haber sido un buen mastil al que agarrarse viendo el tipo de adultos que la rodean (mejor no hablar de los amigos de Baze, Math y Jamie -¿para qué están?- y una hermana y madre de Cate desaprovechadas), y digo "podría haber" porque el guión falla en crear empatía con ella. Tiene 16 años y está en su derecho de hacer tonterías, sin embargo las razones por las que las hace no me consiguen llegarme. Todo queda muy en la superficie. Sólo salvo sus momentos con Ryan, al que más allá de matrimonios, le une esa posición de espectadora del show predecible de Cate y Baze.

No hace falta ser adivino para saber cómo se iban a desarrollar los acontecmientos en el último cuarto de hora de la season finale que, como ya ocurriera en la season premiere, volvió a recurrir al Can't go back now de The Weepies para ambientar la escena. Cuando entró Lux en las vidas de Cate y Baze lo cambió todo para siempre, aunque ¿habrá vuelta atrás para lo que pasó en el último episodio? Todo dependerá de si The CW se decanta al final por Life Unexpected en detrimento de la arrugada One Tree Hill y Melrose Place a la hora de conceder una última renovación.

Por lo que a mí respecta, no hay vuelta atrás. Que se la trague el magma de MyTVShows.

jueves, 15 de abril de 2010

Colisión de best-sellers

Confieso que últimamente leo poco fuera de ensayos académicos y que, desde mi fallida experiencia hace unos años con El señor de los Anillos (del que mejor no digo la página en donde lo dejé), los libros gruesos no me atraen. Es por esta razón tan argumentada por la que ni me he acercado siquiera a Los pilares de la Tierra, de Ken Follet y la saga de Canción de Hielo y Fuego, de G.R.R. Martin. Sé que me gustarían si me pusiese a leerlos, porque en el fondo son mi tipo, pero en este caso no puedo evitar que salga a relucir ese ser interno tan primitivo: si el libro no me entra por los ojos, no hay nada que hacer. Así que, en estas circunstancias, han llegado Starz y HBO al rescate para consentirme con sendas adaptaciones de las dos obras. Y yo que me conformaba con una novela gráfica o algo más modesto... No hacía falta que las convirtieran en serie, de verdad. Vil mentira.

Puede pasar de todo. Puede que a última hora me enganche a los libros, como me pasó tras ver la primera peli de Harry Potter, y luego me duela la cabeza cada vez que vea algo fuera del canon de la obra escrita, sensación que, por cierto, va a más según van avanzando con las películas. Con Los pilares y Juego de Tronos voy a optar por dejar que las percepciones de neófita hablen al menos durante las temporadas de estreno, aunque por comentarios de un amigo enganchado al mundo de Martin, sé que voy a necesitar de lápiz y papel para hacer un croquis de las relaciones de personajes, sus títulos, etc. ¿Será la HBO fiel hasta en los apéndices informativos que incluyen los libros?

Teniendo en cuenta los calendarios tan extensos con los que está trabajando el equipo de producción, no se puede esperar otra cosa que exhaustividad, y, por la única foto que ha salido a la luz, el acabado visual responde a lo que la cadena de cable nos tiene acostumbrados. El reparto tampoco se queda atrás y allí estará, entre otros, Sean Bean, que hará doblete de macrosagas (fue Boromir en ESDLA), la madre de John Connor, Lena Headey, Iaian Glen (visto en 'cosas' como The Last Legion) y Peter Dinklage, de la peli Station Agent. Mucho misterio rodea todavía al rodaje que empezará el próximo mes de junio después de que los directivos hayan dado luz verde al piloto que se grabó el pasado mes de noviembre. Con todo, todavía es pronto para ir saciando apetitos ya que el estreno de los diez episodios centrados en la primera novela (una temporada por libro hasta llegar a siete, eso si el escritor se da vida en acabar su creación) está previsto para la primavera del año que viene.



Con Los pilares de la Tierra no hay tiempo para la imaginación puesto que ya se lanzó el trailer en el que se adelanta una pequeña parte de lo que se podrá ver en pantalla a partir del próximo 23 de julio en Starz, representante de la nueva ola del cable. A pesar de contar con la presencia de gigantes como Ian MacShane (Deadwood, Kings) y Donald Sutherland y de rostros más o menos conocidos como Matthew MacFayden (Darcy en la reciente Orgullo y Prejuicio y el Sheriff de Nottingham en el Robin Hood de Ridley Scott), la factura de esta miniserie de ocho capítulos me recuerda a esos Grandes Relatos producidos por el canal Hallmark, que emitió Telecinco a principios de la pasada década. Es decir, una imagen tipo Merlín o Juana de Arco en la que, sin llegar a ser de bajo presupuesto, aún se puede acariciar un entrañable cartón piedra que, ojo, no me impidió disfrutar de esas miniseries. Pero a estas alturas de 2010 esperaba algo más eleborado después de todo el 'buzz' que se le dio al proyecto.

domingo, 11 de abril de 2010

Estancados en V world

Ahora sí. Ya puedo decir que me estoy acordando de la señora que trajo al mundo a Ron D. Moore por dejarme colgada de un árbol hasta septiembre. No creo que esto se acerque en sensaciones a lo que experimentaron el inmundo parón de la cuarta temporada de Battlestar Galactica pero, para ser mi primera vez en esto de esperar el próximo bus, está siendo bastante difícil de llevar. Si me hubieran dicho que esto me iba a pasar con Caprica en enero, cuando esta precuela salió a la luz, me hubiera reído en su cara.

La serie empezó bien, dejando las cosas claras, aunque como todo cylon recién salido de fábrica era lícito guardar cierto recelo y rezar para que no haya que mandarlo a garantía si se rompe a las primeras de cambio. Superado el poco' feeling' que produce el matrimonio Graystone y el cansancio de ver tanto Joseph Adama atormentado, son las pillerías de los avatares de Tamara y Zoe quienes se encargan de demostrar que más vale no abandonar este velero, porque si las audiencias y la crítica siguen soplando, es capaz de llegar a muchos puertos.

Poco importan las intrigas palaciegas entre el capricano Daniel Graystone y su rival en la industria tecnológica, el tauron Turgis, los colocones de Amanda, o la poca sangre que parece correr por las venas de Adama en algunos lances. Casi por sorpresa, los personajes juveniles llevan el peso de la historia principal y son los que hacen que la producción avance. Además, aquí se repite otro de los patrones que ha hecho celebre a la franquicia: la fuerza de los personajes femeninos.

Zoe aka el cylon U87 nos introduce de lleno en lo que ha sido siempre un tema clave en la mitología en esta saga y de toda la sci-fi, la lucha por la propia identidad, y nos muestra esta pelea de forma evidente y gráfica, ya sea conversando con su mejor amiga, Lacy Rand, o emprendiendo ella misma su huída al paraíso de Gemenon, la tierra prometida a la que se dirigía la auténtica Zoe cuando se encontró con la muerte.

Esta colonia, caracterizada por el fervor religioso de sus habitantes, representa el sueño de Zoe por liberarse de las ataduras del laboratorio de Daniel, al que ha perdido cualquier atisbo de respeto tras el pulso psicológico al que ha sometido al cylon para comprobar si, en verdad, el avatar de su hija vive dentro de él. Es curioso como, pasados algunos capítulos, Zoe deja de referirse a él como su padre, estableciendo una barrera emocional parecida a la de la auténtica Zoe. Sin embargo, ahora las motivaciones de avatar y creadora parecen haber cambiado, ya que el avatar parece impulsado por algo más que la herejía colonial en la que creía la difunta. Significativo es que desconfie de sus antiguos compañeros de los Soldados del Único (STO), que también pretenden hacerse con el avatar.

De esta manera, el cylon se mantiene al margen de las divisiones en el seno de la secta, encomendándose a la buena voluntad de Lacy, que poco a poco, se ve más y más involucrada en asuntos turbios de los que no quería saber nada en un principio. No se avecinan buenos tiempos para este personaje, que, hoy por hoy, muestra el mayor potencial de evolución y además servirá de testigo ocular para asistir a lo que ocurre con los STO. El duelo Polly Walker vs James Marsters promete ofrecer más asaltos.

¿Y qué hay de Tamara? Menos mal que los responsable de la serie cambiaron de idea y decidieron explorar el viaje del poderoso avatar de la joven por las versiones pirateadas de la holoband, regalando unos capítulos espectaculares en los visual, con una estética Sin City que añade más imagenería al enorme collage de referencias que es Caprica. Sobra decir que gracias a este arco volví a creer en Joseph Adama, del que ya pensaba que era el hermano adoptado de Sam. Ojalá que no sean las únicas veces que visitemos New Cap City y sus barrios de corrupción, aunque sabiendo cómo funcionan las cosas en casa Moore, lo más seguro es que ahora toque apretarse el cinturón y dar paso a capítulos más modestos y de interiores.

miércoles, 31 de marzo de 2010

El hospital fantasma

¿Os acordáis de la ouija? ¿Aquel juego del más allá al que alguno de nosotros jugó de adolescente y en el que siempre había dudas de si alguien estaba moviendo el vaso a propósito o no? Pues parece que se va a convertir de aquí a poco en la herramienta preferida de Shonda Rhimes para elaborar los guiones de Grey's Anatomy si es que no lo es ya. Cuando un actor entra en desgracia dentro del alborotadísimo set de rodaje de la serie, no penséis que su status queda reducido al de un simple figurante. No, no. Si de por sí ya es bastante vergonzoso que le pongan las orejas del más burro de la clase, todavía más que le disfracen de fantasma y te hagan actuar como tal.

Primero fue Isaiah Washington, luego T.R. Knight, luego Brooke Smith, Melissa George, y ahora después de muchos 'sí y no', Katherine Heigl, la agitadora oficial de la serie, que pide perdón por todos los quebraderos de cabeza causados. Primero, heroína por defender los derechos de su amigo Knight y después, caprichosa diva de comedia romántica a la que no le gustaban los guiones que le daban, se quejaba de las horas que tenía que currar y se encomendaba a la baja maternal para cuidar de su hija. Precisamente, ésta es ahora su (supuesta) razón principal para decir adiós de verdad tras su aparición en el episodio doce de la actual sexta temporada. Y ya está. Ahí se queda. No sé si su marcha supera en frialdad a la de Brooke Smith dejándolo todo en el parking, pero para haber sido un personaje con mucho peso, la despedida es cuanto menos humillante.

Ya sabemos cómo se las gasta Shonda si la sacas de sus casillas. O hace que te arrolle un bus y se rían en tu funeral, o, más fácil, al día siguiente no apareces y tu nombre se convierte en tabú. Ironías de la vida, de todos estos actores, el que tuvo la salida más digna fue Washington, la Pandora de la caja de los líos allá por la tercera etapa. Será que los niveles de cabreo de la showrunner se elevan año tras año, porque eso fue muy 'light' en comparación con lo que vino después. A este paso, habrá que jugar a Cluedo con los posters del elenco en las diferentes temporadas, además del clásico juego de la botella. Aunque esto último está presente desde el primer segundo del piloto de Grey's.

Pero tampoco es cuestión de que seas un chico malo o que no gustes a los jefes, como le pasó a la pobre Smith (despedida por fea, sin eufemismos), también puedes verte arrastrada por las circunstancias. Me estoy refiriendo al personaje de Chyler Leigh, Little Grey, a la que yo veo más cerca de la laguna Estigia que del Seattle Grace en los últimos episodios. Recordemos que George se fue desvaneciendo de la foto poco a poco como la familia de Marty McFly después de que naufragara su rollo infame con Izzie. Y viendo cómo ha acabado el tema de Lexie con Mark Sloan pues da que pensar, para qué ser ilusos viendo la saga de desapariciones cosechadas y el nuevo interés amoroso de McSteamy.

Porque comprobado que la carta de los cuernos dio unos resultados pésimos, si hay que romper parejas, se rompen y se ponen parches en un 'plis' como el que arregla la rueda de una bici. En serio, en vez de volver a la carga con otra serie de médicos, Rhimes debería intentarlo con una sobre mecánicos, o (ya que se está haciendo una película de Facebook) sobre Meetic.com. Al fin y al cabo, a estas alturas pocas dudas hay ya de que Grey's Anatomy es una casa de citas... Con sus espíritus pululando.