martes, 30 de junio de 2009

La familia seriéfila

Estos días estoy siendo víctima de los efectos de la camala que me proporciona el visionado de Battlestar Galactica. El vicio es tal que el original meme que lanza Adri desde Hablando de series ha llegado justo a tiempo antes de que cometa una locura y encadene siete posts seguidos disertando sobre esta serie. De verdad os lo digo: cuando servidora y su mejor amigo inician el recorrido de una montaña rusa gritando ''¡Por Adama!" es para hacérselo mirar. Suerte que está la familia para llevar la riendas de la rehabilitación...

Mi madre: Nora Walker (Brothers and Sisters). No hay nadie como ella para unir a los miembros del núcleo familiar y pelear por ellos a capa y espada. Una matriarca de verdad que se desvive por los suyos.

Mi padre: Tony Soprano (The Sopranos). Con él no tendría problemas para costearme una educación de altísimo nivel, aprobarlo todo con matrículas y que me sobrase el dinero para tomarme un año sabático. Además, contaría con curro garantizado en la empresa que yo quisiera.

Mi hermana mayor: Sydney Bristow
(Alias). A ver quién se metería conmigo en el colegio...

Mis hermanos pequeños: los gemelos Porter y Preston (Desperate Housewives). Seguro que sería cómplice de sus planes para sembrar el caos y la destrucción en casa y en la morada de la señora McCluskey.

Mi abuela: Sophia Petrillo (Golden Girls). Las batallitas de abuela cebolleta adquieren una nueva dimensión con la Sophi. ¡Ni en broma me las pierdo!

El tío enrollado: Nate Fisher (Six Feet Under). Podría ser mi hermano, pero si tengo dudas, él me indicaría los mejores albergues para pasar la noche durante una escapada mochilera, o me enseñaría a cultivar mis propios tomates de agricultura ecológica en Seattle. Eso, sin contar, que sería una compañía estupenda para desvariar sobre la vida.

Mi marido: Derek Shepherd (Grey's Anatomy). Me sorprendería cada día con declaraciones y detalles inesperados. Siendo cirujano, el cuarto de descanso del hospital siempre es un buen lugar para hacer las paces tras discutir. Por supuesto, sobra comentar que viviría más tranquilo y caería mejor a la gente estando conmigo que con Meredith :P

Mi hija: Rory Gilmore (Gilmore Girls). ¿Se puede pedir una mejor descendencia que esta chica? Yo creo que no. ¡Se criaría sola! Inteligente, responsable, buena persona, y sin resultar repipi. Noches sin pegar ojo por ella: las justas.

Mi mejor amiga: Samantha Jones (Sex and the City). Su incondicionalidad está testada a prueba de bombas en cualquier situación, además de que es una maestra de la tertulia y la fiesta.

Otro amigo: Sid (Skins 1 y 2). Otro grande con el que haría un pacto de sangre aunque, a veces, puede resultar tan pasmado que te dan ganas de darle de collejas para que espabile y vaya a por Cassie.

Mi médico: Gregory House (House). Es un cabronazo, pero es el mejor, ¿no? Pues ya está. En sus manos no me voy de este mundo ni queriendo.

Mi jefe: Comandante Adama (Battlestar Galactica). Sabe lo que hay que hacer en cada momento y desde el principio no se anda con chiquitas. Su experiencia lo convierte en un líder del que hay mucho que aprender.

Mi mascota: Kryto (Smallville). Un perro fuera de lo común, al que no hace falta darle paseos para que haga sus cosas porque iría solo y volvería llamando al timbre de casa.

Variopinta familia.

lunes, 22 de junio de 2009

Los galácticos

Resulta curioso que en plena reconstrucción del florentinato galáctico asista a otra historia sobre volver a empezar de las cenizas, pero qué le vamos a hacer si Battlestar Galactica (SyFy, 2003, 2004-2009) ha llegado a mi ordenador en estas circunstancias... No soy nadie para ir en contra de los designios de los señores de Kobol pero, como culé, los muy caprichosos ya podrían haber en mi camino este 'reboot' de una serie de 1978 el año pasado, cuando Guardiola asumió el mando supremo.

Lo cierto es que llevaba tiempo alejada de la ciencia ficción tanto en cine y como en televisión y, con el verano preparado para derretir neuronas, me daba una pereza infinita empezar con la miniserie de presentación de uno de los estandartes del género. Ya se sabe: cuando todo el mundo califica de excelente una muestra de sci-fi hay que olvidarse de bajar la guardia porque las apariencias albergan más de un significado. Y si, además, añadimos una pizca de sofisticadísima inteligencia artificial, más vale no pestañear siquiera. Este tipo de exigencia unida al hecho de que se trata de una miniserie de tres horas, pues como que no casaba con la limonada y un, en principio, relajado visionado 'aftersiesta'. Por eso dejé la BSG de Ronald D. Moore para la noche.

Familiaridad. No se me ocurren otra palabra para describir lo que vi. La historia me pareció hiperverosímil por su sobria dirección artística, que logra acercar hasta el extremo una realidad que a primera vista está años luz de la nuestra. Doce colonias-planetas plobladas por humanos y gobernadas por un presidente con sus correspondientes órganos de decisión como si se tratase de cualquier estado de nuestro mundo, y un ejército, que en vez de moverse en tanques, destructores o cazas, se mueve en estrellas de combate espaciales, como la Galactica. Quizá aparte de este detalle, no hay nada en el vestuario, o personajes (no existen los alienígenas), que nos avise de que estamos ante un panorama casi imposible.

Ni siquiera los cylones, una clase de inteligencia artificial que deja al T-1000 a la altura del betún. Las relaciones entre máquinas y humanos son probablemente el eje de lo que se conoce como ciencia ficción, por el interés que despierta la capacidad creadora del hombre, empeñado desde los tiempos del Golem, en emular al ser divino. Pero, ¿y si rizamos el rizo y los propios robots, en su rebelión, son capaces de conseguir lo que nunca consiguió el ser humano? Crear a individuos capaces de amar, odiar, creer y... hasta de sudar. Por todo ello, el tratamiento de la inteligencia artificial que muestra Battlestar Galactica es exquisitamente sofisticado a pesar de su economía de medios. No hay necesidad de ponerle a Number Six (Tricia Helfer) la chapa metálica debajo de la piel, porque no esta hecha de eso, y ahí está el problema para los humanos. ¿Cómo los distiguimos?


Precisamente fue su permeabilidad con la raza humana lo que provocó el armageddon en las doce colonias de Kobol tras 40 años de armisticio, en los que los hombres no volvieron a ver a aquellos cylons rudimentarios y robóticos contra los que lucharon en una cruenta guerra. En una situación de paz los héroes empiezan a ser considerados como recuerdos de épocas pasadas, pero cuando todo ha sido destruido se les vuelve a requerir para sentar nuevas bases. Ésta es la misión del William Adama (Edward James Olmos), casi jubilado junto con su vieja Galactica antes del ataque, y, sobre todo, de la antigua secretaria de Educación, Laura Roslin (Mary McDonnell), que, de rebote y con cáncer, se convierte en la líder de los supervivientes de las doce colonias hacinados en la inmensa estrella de combate.

También es un nuevo comienzo para que los pilotos Lee 'Apollo' Adama (Jamie Bamber) y Kara 'Starbuck' Thrace (Katee Sackhoff) expíen sus propios demonios. El primero tiene la oportunidad de recuperar la maltrecha relación que tiene con su padre, el comandante, mientras que la indomable pero efectiva Starbuck puede redimirse por sus errores del pasado, que le costaron la vida a un ser querido. Incluso el genio científico Gaius Baltar (James Callis) parece estar a punto de atravesar un purgatorio por haber caído en la tentación cylon.

Vista la miniserie, Battlestar Galactica promete mucho más que sci-fi. Adivino que los choques entre Adama Sr. y Roslin estarán a la orden del día mientras que continúa la caza de los cylon infiltrados en la comunidad humana y, sobre todo, la búsqueda de un nuevo hogar llamado Tierra. Pero, por lo que a mí respecta, bastaron tres entretenidas horas para encontrarme y, si me cuidan bien, quedarse las cuatro temporadas restantes. "So say we all".

miércoles, 17 de junio de 2009

Samantha sobre Sookie: "Es una aficionada"

WARNING EXPLICIT CONTENT: considérate un poco spoileado si lees la entrevista, y no has visto la premiere de la segunda temporada de 'True Blood'.

Después de ser testigos del regreso de True Blood, que ya va por su segunda temporada, se vuelve a abrir el eterno debate de por qué esta serie con momentos sublimes y desarmantes a partes iguales engancha como lo hace un folletín novelesco. Tal es su bipolaridad que ya no sabes si la sigues porque te gustan las bondades que ofrece, o porque estás deseando ver cuál será la siguiente caspa-bizarrada que la historia ponga por delante. Dentro de este último apartado, los amigos Sookie Stackhouse y el vampiro Bill Compton tienen mucho que decir, por lo que hemos contactado con la experta en Química Sexual de la HBO Samantha Jones, para que arroje luz a todos los interrogantes que despiertan esos dos en acción, incluyendo el más importante: ¿Sookie tiene sex appeal?

Series a la parrilla: Señorita Jones, sé que su experiencia en estas lides es dilatada, pero ¿podría confirmarme que ha estado con vampiros?
Samantha Jones: Por supuesto. Es más, estuve con ese Compton una noche. Me habían comentado que los chupasangre son fabulosos en la cama y me fui a uno de esos bares que tienen a morder a uno. Bill vivía en la ciudad por aquel entonces y, bueno, ya sabes, ese acento sureño y sus batallitas de guerra a dónde fueron a parar...

SP: ¿Y?
SJ: Tal y como me habían comentado. ¡Batí mi récord de orgasmos! Y eso, que sólo teníamos una hora antes de que amaneciera porque si no, apuesto a que hubieran caído más. Que quede entre nosotras: Smith, con todo lo que era, nunca consiguió superar aquello.

SP: Vaya, ¿y repitió después de esa noche?
SJ: Ah, aquí viene la parte donde se tuerce todo... Todo el mundo sabe que el sexo es la cosa que me da menos miedo en el mundo, así que cuando Bill sacó sus colmillos, le dejé que me mordiera. El mejor sadomaso de mi vida. Hasta que al día siguiente el Gucci escotado que tenía preparado se quedó en el armario. No había experimentado el cuello alto desde que abandoné el colegio de monjas, además, aún lamento no haber podido pagar la reserva de un Birkin original por culpa de la salvajada que me cobró el cirujano. Un mes entero sin acudir a fiestas, esperando a que las marcas de cuello y el escote se fueran solas. Imagínate, ¡no podía salir de casa! Era operarme, o nada.

SP: ¿De verdad se tuvo que practicar una cirugía? Entonces, ¿Sookie?
SJ: Ésa, a menos que robe, no puede permitírselo. Menos mal que trabaja de camarera y lleva camisetas que le tapan todo. Además, supongo que creerá que Bill se pondrá más cachondo por verla marcada como una vaca. Yo que ella hubiera utilizado el dinero que le dejó su tio abuelo.

SP: Noto algo de inquina en sus palabras.
SJ: ¿De verdad cree que por haber enseñado las tetas puede competir contra mí? Mmm, aficionada. Yo soy la única que sabe hacerlo con algo de clase. Además, no creo que tenga cerebro para practicar otra postura que no sea el misionero.

SP: Creo que esto se está empezando a salir de madre, ¿por qué no...?
SJ: ¡Pero si es verdad! Fíjate, ¿dónde está la woman on top? ¿Dónde? No sé quien tiene más sangre dentro: si ella o Bill. Aunque bueno, éste siempre puede devolverle un poco de la que le quita. Y luego nos machacan con que lo hagamos con condón, ¡pues que vayan a ver lo que hacen los paletos!

SP: Veo que está al día de sus encuentros, ¿eh?
SJ:
Claro que no, esa rubia de bote quiere quitarme el puesto con su rollo de mosquita muerta. Eso será por encima de mi cadáver, pero considerando que casi siempre está debajo de uno... Pues, lo tiene difícil.

SP: Pero lo importante es que Bill la quiere, ¿no cree?
SJ: A ver, por muy bien que folle, el vampiro tiene mentalidad dieciochesca. Le dirá todas esas cosas para llevársela al huerto y si la tía no tiene personalidad, mejor. Como una muñeca hinchable pero con el c... caliente.

SP: Bueno, conociéndola por sus aventuras en Sex and the City, se diría que lo que acaba de decir es un poco como lo que hace usted...
SJ:
Yo le dejo las cosas claras a los tíos desde el principio, que es diferente. Si te gusta así, bien, si no, ya tengo a otro. Yo ya se lo dije a Bill: "Paso de gastarme dinero extra en B12 por ti". Ahora parece que ha encontrado una a la que no le importa.

Viendo como ha ido la entrevista, quizás Samantha no haya sido la fuente más indicada para dar una opinión objetiva. Es más, sus palab
ras han abierto un nuevo y más inquietante interrogante: ¿Por qué Sookie no tiene marcas en el cuello o sucedáneos? ¿Tiene habilidades de regeneración? ¿Es familia de la cheerleader de Heroes?

Trataremos de averiguarlo en los próximos episodios, al igual que el misterio de las mechas de Eric Northman.

domingo, 14 de junio de 2009

Pilotando Nurse Jackie: ¿'Showtimitis'?

Que el título no lleve a confusión. En poco más de 25 minutos, la enfermera Jackie Holt ha conseguido ponerme una inyección tan bien que no quiero que ninguna otra lo haga de momento. Rápida, entretenida y con un personaje polidiédrico, la nueva serie que nos ha reservado Showtime para este verano apunta maneras de convertirse en un buen narcótico contra el calor. Y también puede que contra el hastío. Ése que amenaza con provocar el canal de cable si sigue añadiendo Nancys, Dexters y Hanks a su parrilla, es decir, dramedias que juegan en el difuso límite del bien y del mal.

Para variar, Nurse Jackie entra en esa definición, aunque otra vez el canal nos ha colado con maestría un ibuprofeno. Si algo hay que destacar por lo visto en este piloto, aparte de sus puntazos de comedia negra, es que estamos ante una serie en la que hacer lo incorrecto para hacer lo correcto está, si no justificado, más claro que nunca. "Make me good, God, but not yet", dice Jackie, consciente de que para conseguir salvar unas vidas, debe falsificar, robar, echar cachos de orejas por el retrete previo 'fuck you'... Y esnifarse unos analgésicos después de haberlos intercambiado por sexo con el responsable de la farmacia del hospital (Paul Schulze, el curilla gorrón de Los Soprano).

La enfermera está por encima de listas de espera y de lo que pueda certificar un médico inexperto como el doctor Cooper (Peter Facinelli). Ella sabe lo que hay que hacer, y punto. Y tampoco tiene por qué saberlo nadie, que para eso la aprendiz a su cargo (Merrit Wever) la considera una santa. Si eso, ya tiene a su amiga la doctora O'Hara (Eve Best),o al enfermero Mo-Mo (Haaz Slieman) para compartir remordimientos a su manera.



A diferencia de Dexter Morgan, la Jackie que nos regala una irónica y punzante Edie Falco (Carmela, el amor platónico del curilla) se toma la justicia por su mano de forma proactiva, no reactiva: el delito se produce antes de que el paciente se muera. Y a diferencia de House, no está para nada sola, por lo que el piloto no deja de lanzar preguntas al aire acerca de por qué esta mujer es, dependiendo de en qué lugar se encuentre, la parte suave o la cortante del escalpelo.

Con unos casos médicos en último plano, a esas cuestiones deberán ir respondiendo poco a poco los episodios sucesivos (renovada para una segunda temporada al primer toque), porque se trata de evitar que la imagen de marca que está construyendo Showtime se empiece a comparar a la de la CBS con sus 'procedurals'. En definitiva, el reto consistirá en evitar que el espectador se sienta de vuelta de todo y diga: "Otra más de tío/a chungo/a que cae bien".