domingo, 4 de octubre de 2009

¿Viene J.J. a revitalizar la NBC?

Tras el anuncio oficial de que la NBC finalmente se ha quedado con el guión del nuevo drama de espías que J.J. Abrams ha escrito junto con Josh Reims, el niño mimado de la industria está sólo a un paso de completar, como si del Grand Slam de tenis se tratase, el 'Big Four', puesto que, de entre las cuatros grandes cadenas, sólo la CBS no ha caído aún en sus encantos.

En el artículo que publica THR sobre la noticia, se destaca que no es la primera vez que Abrams pone un libreto suyo a expensas del libre mercado para que las 'networks' se peleen cuales novias por un pretendiente. Así, en 2007, FOX se llevó el gato al agua con Fringe, con la que la productora de J.J., Bad Robot, asociada a WBTV, consiguió un 'series commitment' (un compromiso de grabar una temporada completa). Pese a que actualmente la segunda temporada de la serie ha aterrizado en parrilla con unos discretos datos de audiencia, este drama de ciencia-ficción fue una de las grandes sorpresas de la temporada pasada.

Bad Robot es en estos momentos un valor seguro dentro de la industria, y los pavos reales de la NBC Universal se han quedado con la copla después de un año para el olvido, que se saldó en julio con la salida de Ben Silverman al frente del departamento de Entretenimiento para Televisión. Su sustituto, Jeff Gaspin, tiene ahora la tarea de devolver el prestigio a la ficción de la cadena. Además de hacerse con el proyecto de Abrams, se ha encargado de ordenar un recorte en una de las novedades para este año, Day One, que finalmente será miniserie por el miedo a que haga tan bien su papel de nueva Jericho que no pase de la primera temporada.

Por lo que se sabe, el guión del drama de espías de J.J. y Reims (que ya trabajó con Abrams en Felicity) lleva parejo un 'pilot commitment', es decir, si la NBC decide no producir el piloto, tendrá que abrir la billetera e indemnizar a Bad Robot y a WBTV. El argumento recuerda mucho al de Sr. y Sra. Smith, a lo que hay que unir la experiencia de Bad Robot en el género de agentes secretos con problemas familiares que vimos en Alias, donde también se jugaba la carta de 'lo desconocido' con la trama de Rambaldi. Con tan pocos detalles, no se puede decir nada más, aunque el proyecto parece tan 'dejà vu' como alguno de los nuevos estrenos de la cadena para esta nueva temporada. La premisa, en principio, está lejos de ofrecer algo medianamente rompedor como lo fue en día la agonizante Heroes.

Sea lo que sea, viendo la necesidad de éxitos en Peacock, habrá que estar atentos al desarrollo de la idea y de si se le da luz verde como serie. El márketing de Abrams ya lo tienen; ahora, a ver en qué resulta lo que ya podemos considerar como primer gran movimiento de Gaspin con vistas a la temporada 2010/11. ¿Adivináis cuál puede ser el siguiente?

martes, 29 de septiembre de 2009

Qué perra es la vida de modelo...

Y qué cabrona es la audiencia. Poquísimo, dos avances de telediario, le ha durado a Ashton Kutcher su incursión en el mundo de las pasarelas. Tan malo ha sido el resultado que su colección, The Beautiful Life (TBL), no estará a la venta ni en las mejores perchas del mercadillo. Algo más de un millón de espectadores en el 'front row' y 0,5 de aprobación en el target comercial sentenciaron a Mischa Barton a tener que buscarse otro medio en el que buscarse el pan, y, de paso, también a los aficionados a no tener que comernos el tarro para ver qué serie estrenaría el sello de la cancelación.

Parece que The CW no está dispuesta a mantener una serie por debajo de los dos millones de espectadores, cifra media, más arriba o más abajo, alrededor de la que danza el resto de su parrilla liderada en estos momentos por The Vampire Diaries, que ahora mismo cosecha más de tres millones de adictos a las historias de los hermanos chupasangres de apellido italiano. La cadena 'verde' se ha revelado como una buena aprendiz de los métodos de FOX, sin duda, pero su decisión de cargarse TBL se entiende cuando las reposiciones del remake de Melrose Place (según TVbytheNumbers, también en la cuerda floja a falta de la aparición de Heather 'Amanda' Locklear) obtienen similares datos de audiencia a los de los dos episodios emitidos de la serie de Kutcher. De hecho, los refritos de los vecinos glamourosos ocuparán a partir de mañana el hueco que dejan los malogrados aspirantes a top models, a pesar de que ya se ha puesto en marcha una iniciativa para salvar la serie (!).

Debido a su consideración de hermana pobre de la familia, The CW es la peor posicionada para practicar las virtudes del santo Job en lo que a programación televisiva se refiere. Hay que ahorrar costes y Dawn Ostroff, mandamás del barco, lo sabe bien, pero la cancelación de TBL no hace más que evidenciar el fracaso de la oferta de ficción de la cadena, enrocada absurdamente en la faceta más casposa del 'teen' y, por tanto, sin la suficiente diversidad en su parrilla como para idear un plan de contingencia.

Cualquier análisis de la situación en el primer mes de la nueva temporada de series puede resultar prematuro, pero no tratándose de la cadena que nos ocupa, que lleva pegada la palabra 'crisis' desde su nacimiento hace tres años. Por su juventud no puede permitirse los gastos de las grandes 'networks', aunque esa situación es lo que debería estimular el talento y la visión de los responsables de The CW a la hora de buscar y fomentar productos de cierta calidad en la línea de su madre, la difunta The WB, de la que salieron productos sólidos, juveniles, y con más audiencia que las de su descendiente. Sin ir más lejos, me remito a las cifras de Angel que Seriéfilo menciona en este post sobre el periplo de la producción a lo largo de cinco temporadas.

Más allá de si traslada, o no, sus emisiones al cable (en caso de que desee mantener su status de cadena 'teen'), o de pensar en la desaparición, la supervivencia de The CW pasa por un replanteamiento de aquellos contenidos o historias que está dispuesta a emitir. Quitando las modas, existen lugares comunes entre los adolescentes de hoy y los que lo fuimos hace diez años y disfrutamos de Sunnydale, Capeside, Stars Hollow, o, muy al principio, de un embrujado puente de San Francisco. The CW debe encontrarlos.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Battlestar Galactica 4, "nothing but the rain"

ÚLTIMO AVISO DEL ALMIRANTE ADAMA: Si no has visto la cuarta temporada de Battlestar Galactica, no estás autorizado a entrar. De lo contrario, te arrojaré al calabozo de los spoilers.

Hace casi dos meses asistí al fundido a negro final de una de las mejores series de los últimos años y la sensación de vacío fue tan sobrecogedora que no me he atrevido a escribir esta entrada hasta hoy. No quería reconocer que había terminado Battlestar Galactica, que había completado sus cuatro temporadas en un maratón tan apasionante como absorbente gracias a una alianza de tramas trepidantes, referencias mitológicas y, sobre todo, personajes colosales que jamás olvidaré. La Flota Colonial ha protagonizado en este blog los meses del verano que ya ha acabado, así que, sin más rodeos, montémonos por última vez en el Viper de Starbuck, esa chica que regresó de la muerte al final de la tercera temporada.

Como es lógico, los 20 capítulos siguientes se abren con los recelos de la casi toda la tripulación de la Galactica hacia Kara. Que si es un cylon, que no puede ser que su aparato no tenga un sólo rasguño, cómo puede ser que diga haber estado en la Tierra... Lo peor, sin embargo, pasa por la propia cabeza de la Capitán Thrace, que tampoco sabe ni qué es, ni por qué está donde está y, por si fuera poco, su conocimiento del camino hacia el planeta es confuso. El destino y la verdadera naturaleza de Starbuck ha sido uno de los enigmas y también una de las grandes decepciones, ya que al final los guionistas dejan al espectador en el terreno de las hipótesis. No es cuestión de mostrar todas las cartas sobre la mesa, pero al tratarse de un personaje y una subtrama en la que se ha venido redundando desde la segunda temporada la desilusión es mayor. Nunca sabremos con certeza las aparentes conexiones de Kara con el mundo de los cylon que se revelaron en la recta final de la temporada al son del All along the watchover, aunque la teoría de que Daniel (a.k.a. la 'tostadora' perdida) es el padre de Starbuck gana enteros por las características similares de ambos personajes (los dos son artistas) y, claro está, por las connotaciones especiales de la canción que le enseñó a su pequeña hija. ¿Es Kara el primer híbrido?

En cualquier caso, si vemos el asunto desde el lado simbólico, las previsiones se cumplen. Las profecías de los híbridos de las naves cylon acerca de Thrace se hacen realidad en 'Daybreak', la grandiosa series finale. Sí, ella es el "heraldo de la muerte", pero también es el "ángel impaciente que conduce a su gente al hogar", tal y como la llamó Leoben en la calabozo de la Demetrius. Starbuck efectúa el último salto FTL de la Galactica hacia su última oportunidad para encontrar un planeta habitable, si bien eso cuesta la muerte de las Doce Colonias como civilización. Y una vez completada la misión, el destino del personaje, ella desaparece ante Lee bajo la promesa de que jamás será olvidada. Al estilo de los héroes clásicos como Aquiles, Starbuck busca la eternidad, pero no muere víctima de una debilidad, sino que simplemente se esfuma de la nueva Tierra reforzando el 'deus ex machina' en el que descansa la resolución de la serie.

La mística religiosa es un ingrediente que nunca ha faltado en Battlestar Galactica , aunque en esta temporada se ha hecho mucho más hincapié con vistas a 'Daybreak'. Por ello, no sorprende que Ron Moore acuda al recurso que acabamos de mencionar (lo del cadáver 'Racetrack' apretando el botón es caso aparte). El ser divino vs. ciencias, las creencias vs. las certezas, han mantenido su particular pulso a lo largo de los capítulos, y el campo de batalla donde han chocado se llama Gaius Baltar. En un principio, este personaje, con todos sus defectos, representa la idiosincrasia de las Doce Colonias, un mundo hiperfuturista donde poca cabida hay para discusiones sobre el más allá (más asociadas tradicionalmente a sociedades primitivas), pero poco a poco (animado por ese espíritu de supervivencia tan suyo) inicia un proceso de conversión, o mejor, dicho de retroconversión, pues acaba arando tierra como su destestado padre, vuelve con Caprica, y, eso sí, harén/secta mediante, adquiere una cierta conciencia religiosa.

La gigantesca evolución de Baltar, certificada por el "orgullo" que Caprica dice sentir por él, se corresponde a la de la sociedad colonial misma. Una vez asentada en la nueva Tierra, vuelve atrás, se permea con ese mundo primitivo, para cambiar, romper el ciclo de repetición nietzchiano, de eterno retorno al que parece estar condenada la raza humana, que no puede evitar corromperse en algún momento. "And this will happen again and again".

A pesar de que, en mi opinión, el exceso de misticismo lastra la primera parte de la temporada, ofreciéndonos capítulos un tanto irregulares, la dirección de la trama no podía ser mejor, especialmente en lo que concierne a Roslin y Adama, que por fin reconocen (sobre todo, ella) 'lo que hay', y la revelación ante la Flota de Tory, Anders, Tigh y Tyrol como los cuatro cylons originales. Pero el momento más espectacular, no obstante, se encuentra en la llegada a la antigua, destruída e inhabitable Tierra, en un implacable cliffhanger precedido de un perfecto plano secuencia, que dará paso a finales dramáticos para algunos personajes e increíbles subtramas para los espectadores. Así, la sensación de 'tanto sufrimiento para nada' se apodera de Gaeta, y unido a Tom Zarek, pondrá en marcha un motín/golpe de estado que sacará el lado más duro de Roslin. A esta mujer no la para ni el cáncer.

"- Tom Zarek: You have to think about the people of this fleet now, and surrender.
- Laura Roslin: No. Not now. Not ever. Do you hear me? I will use every cannon, every bomb, every bullet, every weapon I have down to my own eye teeth to end you! I swear it! I'm coming for all of you!"

El descubrimiento de la vieja Tierra viene a ser el detonante de un motín que viene germinándose desde que las Colonias decidieron unirse a los enemigos. La subtrama política tenía que estar en el guión, y desde el principio de esta última tanda de episodios, vemos a los cylon envueltos en una guerra civil comenzada por la facción rebelde de las Six, D'Anna (debería haber continuado hasta el final), las Eights (menos 'Boomer') y los Seven contra Cavil y el resto. La cuestión de los Cinco Últimos en el medio. Lo rebeldes piden ayuda a las Colonias a cambio de una rendición incondicional y tecnología para salvar a la vieja Galactica 'oxidada' de tanto salto hiperespacial. Como era de esperar, los humanos no aprueban que aquellos que destruyeron su vida se beneficien de, por ejemplo, la atención médica de la Estrella de Combate, y menos aún que Tigh, un cylon, sea el segundo de abordo. Otra vez el miedo hacia el otro, y también la constante búsqueda de una identidad propia que se hace más clara que nunca en los diálogos de los cylons rebeldes.

Con respecto al Coronel Tigh, y viendo la importancia mínima que al final tuvo el asunto de Hera y las visiones de la Ópera, no tiene sentido su relación con Caprica y la concepción del primer bebé cylon puro. La historia en sí no llevó a nada y, claro, luego nos resucitan a Ellen Tigh como la quinta 'tostadora' original. He de reconocer que no lo esperaba ni por asomo, y el resultado fue agridulce, porque pierde fuerza el sacrificio que tuvo que hacer Tigh allá a comienzos de la tercera temporada y, porque al fin y a cabo, es Ellen Tigh, no Starbuck, que es la que tenía en la cabeza. Eso sí, a su favor he de decir que el personaje mejora mucho en esa verdadera faceta con la emprenderá una nueva vida en la Tierra, nada que ver con lo que se nos muestra en las anteriores temporadas o, mismamente, en el flashback de 'Daybreak'.

"Almirante Adama: What do you hear, Starbuck?
- Kara Thrace: Nothing but the rain, sir.
- Almirante Adama: Then grab your gun and bring in the cat."

La series finale en sus dos capítulos conjuga de forma magistral los momentos de acción con los homenajes a los protagonistas, la verdadera marca de la casa de Battlestar Galactica. Era necesario. Además de los minutos finales en los que vemos como cada uno abraza su nuevo destino (desde la emotivísima despedida de verdad entre Roslin y Adama con The shape of things to come de fondo, al trágico final del Chief Tyrol traicionado por todas las mujeres a las que amó -lo de Boomer fue tortura psicológica-, el esperanzador comienzo de un Lee seguro del camino que debe seguir, y la familia 'híbrida' y feliz de Helo y Athena), somos espías de la vida de algunos antes del ataque a través de una flashbacks bastante esclaredecores y que ayudan a comprender todavía mejor su crecimiento como personajes. Descubrimos que el tema entre Apollo y Starbuck viene de antaño, las pérdidas familiares que motivan a Roslin a poner un pie en política, y el orgullo de un Almirante Adama cuestionado y su amistad con Tigh y su mujer. Aunque, personalmente, me quedo con la historia de Baltar y su padre por lo drástico que ha sido el cambio de este personaje.

Quitando los 'peros' y las preguntas sin respuesta, Battlestar Galactica se despidió a lo grande y fiel a sí misma hasta el final. A principios de verano me acerqué a esta obra maestra con la ceja levantada, y ahora no hago más que desear que pronto aparezca otro producto que se le asemeje en complejidad temática y en el carisma de sus personajes.

"So say we all!"

martes, 15 de septiembre de 2009

En la guerra y en la paz

"And Crispin Crispian shall ne'er go by,
From this day to the ending of the world,
But we in it shall be remembered;

We few, we happy few, we band of brothers"
.
(William Shakespeare, Henry V)

Desde pocos años después de la rendición de las fuerzas del Eje, la II Guerra Mundial ha supuesto un filón de historias para el cine y la televisión. Ya sea por el drama de los que sufrieron la contienda alejados del frente, o por las cruentas batallas que asolaron Europa y el Pacífico. Allí, en un paisaje de trincheras y hoyos de mortero, perdieron la vida alrededor de 25 millones de hombres, en su mayoría jóvenes de veintipocos años y con una vida por delante como los de la Compañía Easy del ejército estadounidense, la protagonista absoluta de Band of Brothers, una espectacular y emocionante miniserie de diez episodios que Steven Spielberg y Tom Hanks estrenaron en 2001 bajo el sello HBO.

Cuando Telecinco emitió hace unos años las peripecias de esta compañía del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada del Ejército de los USA no lo dudé ni un segundo. Había disfrutado con Salvar al soldado Ryan y me alegré cuando Spielberg y Hanks anunciaron que iban a unir fuerzas en un nuevo proyecto sobre la contienda, basado en un best-seller homónimo del historiador Stephen E. Ambrose. Pero, tratándose de la 'cadena amiga' la experiencia resultó una calamidad, así que ha sido este año, con los DVD en la mano para siempre, cuando he resaboreado en condiciones la calidad suprema de este producto.

Encabezados por unos sobrios y emotivos créditos, los capítulos ganan en credibilidad cuando al principio de todos ellos unos cuantos veteranos, a veces emocionados por el recuerdo, cuentan sus sensaciones acerca de los acontecimientos que se nos mostrarán más adelante. El compañerismo de la Compañía Easy forjado en los barracones del campo de entrenamiento, en Toccoa (Georgia); el salto sobre Normandía en la madrugada del Día D; la batalla de Carentan, las pérdidas humanas de la operación Market Garden; la falta de provisiones en el duro invierno que marcó la batalla de las Ardenas; el horror del Holocausto y la conquista del Nido del Águila de Hitler en Bavaria... Éstos son los hechos claves que nos relata Band of Brothers con un despliegue de medios de primer orden y una cámara realista y ágil conjugados para hacernos partícipes de la acción y los intensos intercambios de metralla.

Pero sería un error pensar que la miniserie sólo son tiros y bombas, porque no. En cada aproximación y reconocimiento del terreno, o junto a la visión de los camaradas caídos, lo que se ensalza por encima de todo es el sentimiento de unión y amistad a pesar de los duros momentos, la pertenencia a un grupo en un territorio hostil. También vemos la figura de un líder, la del Mayor Dick Winters (un contenido Damian Lewis pre Life), que se convierte en una especie de padre para los 'hermanos' que forman el regimiento.

Entre la retahíla de nombres que vamos escuchando a lo largo de la producción (algunos de ellos interpretados con rigor por caras conocidas como David Schwimmer, Donnie Wahlberg o Colin Hanks), Winters adquiere un papel más destacable junto con el de su amigo, el oficial de Inteligencia de la compañía, el Capitán Lewis Nixon (Ron Livingston, Sex and the City). Ambos personajes se consideran a sí mismos como uno más que sirve en el regimiento, no como héroes de guerra que pasaron a la Historia. Esta percepción se hace extensible al resto de suboficiales y soldados rasos de la compañía, que sufrió un 150 por ciento de bajas, unas de las tasas más altas registradas por el ejército estadounidense en la guerra. Por todo ello, el dolor no podía faltar en la narración.



Aunque abundan las imágenes duras y no se maquillan los efectos de una granada en favor de la veracidad, todo está tratado de forma respetuosa y acorde con el relato los supervivientes, de manera que el lado humano de la historia no se ve relegado a un segundo plano. Personalmente, esto me quedó muy claro cuando mi hermano de 13 años, muy sospechoso de encantarle los videojuegos de estrategia y de matar zombis, me dijo que le gustaría conocer a los veteranos después de que, en un principio, se hubiese unido al visionado sólo por las batallas contra los nazis. Su cara al ver rótulos con los nombres de los veteranos en el capítulo final fue muy graciosa.

Ya le avisé de que aún queda The Pacific.