domingo, 8 de noviembre de 2009

Glocalismos y panaceas

El pasado tres de noviembre unas cuantas naves nodrizas llegadas de otra galaxia se posaron sobre las principales ciudades del mundo. A través de ellas, una mujer aparentemente humana lanzó un mensaje de paz y atención médica universal para todos los habitantes de nuestro viejo planeta, que aplaudieron con júbilo sus palabras.

Esta explosión de alegría se ha convertido en una de las secuencias más criticadas de la premiere de V, la actualización de la mítica serie de los ochenta que la ABC por fin ha emitido tras meses y meses de asedio promocional. El piloto se consume en un suspiro y sale ileso de la tarea de hilar y sintetizar una importante cantidad de información que en el original, según tengo entendido (los lagartos me pillaron casi gateando), se extiende a largo de una miniserie. Sin embargo, no es mi intención hacer crítica del capítulo en sí, sino reflexionar, a propósito de los citados aplausos, sobre algunas de las cuestiones de fondo que aparecen en el mismo y que también se ha detectado en otras producciones como FlashForward.

Ambas series comparten un punto de partida idéntico, un acontecimiento de proporciones mundiales que perturba la rutina de un día determinado, y una reacción neutra o positiva ante esos hechos por parte de la población. En FF, por ejemplo, vemos que los personajes aceptan muy fácilmente las consecuencias del desvanecimiento, mientras que en V no es sólo aceptación sino alegría por la llegada de los visitantes. Por eso , el principal 'pero' que se les ha achacado a los dos pilotos ha sido la falta de crítica, recelo o, incluso, miedo con los que la población se ha enfrentado a la realidad. En otras palabras, ¿es normal tanta normalidad? Mientras que en FlashForward resulta más difícil justificarla (¿a quién beneficia el 'blackout'?), en V, por el contrario, la trama se apoya en algunos temas que hacen comprensible tanta euforia.

Si Battlestar Galactica escogía la metáfora para denunciar ciertos temas del mundo contemporáneo, V, por el contrario, mata la metáfora. De sobra son conocidos los planes de Barack Obama para implantar unos servicios médicos universales en los Estados Unidos, eso que aquí en Europa nos parece tan básico y lógico después de décadas al cobijo del Estado del Bienestar.

Pero las implicaciones del 'lagarto samaritano' que nos presenta van más allá del país de las barras y estrellas, puesto que la consecución de algunos de los Objetivos del Milenio para el Tercer Mundo se asocian a la existencia de una sanidad gratuita o la erradicación de las guerras. Después de años de decepciones tras las promesas incumplidas de las élites y sus intereses, ¿cómo la inmensa mayoría de la población mundial va a decir que no ante algo que les ofrece lo que sus gobernantes no? Por eso, en el piloto queda reflejado el sentir de esa mayoría descontenta, aunque ocurre lo de siempre en una producción estadounidense sobre un acontecimiento global: exceso de localismo.

No obstante, que la buena acogida de las personas de pie a los visitantes quede justificada por una situación de hartazgo o desesperanza (típicas circunstancias en el ascenso de poderes totalitarios, por cierto), eso no es motivo suficiente para que el capítulo no se digne en mostrar la opinión de la comunidad internacional, de los líderes que se ven desplazados del centro de influencia por los recién llegados. Mientras que el piloto aumenta en verosimilitud porque describe una reacción ciudadana realista hasta cierto punto (podemos discutir si los aplausos son necesarios), al mismo tiempo pierde enteros por omitir a las élites políticas, que son las que deben recelar y actuar en un primer momento por la cuenta que les trae. Precisamente, por omisión debemos pensar que también están encantados con los visitantes.

Tengo una oferta que no podrá rechazar

Y qué decir sobre el retrato de medios de comunicación, el elemento de resistencia por antonomasia; si falla la política, allí están ellos para hacer crítica. Nada de eso, son los primeros en hincar sin rechistar la rodilla ante Anna (Morena Baccarin). Una cosa es venderse al mejor postor de entre los humanos, como todos sabemos, pero, ¿también a los extraterrestres? Sabía que mi gremio estaba en crisis, pero no tanto.

Con este panorama, el único elemento de resistencia que queda es una sociedad secreta de ciudadanos, otra élite, aunque con un núcleo más contracultural o subversivo, sobre la que recaerá el peso de despertar al resto, prensa y líderes incluido. Llegados a este punto de no retorno, lo lógico es que veamos otras iniciativas parecidas en el resto del mundo, y no sólo en Nueva York como es el caso. No tiene sentido que ante las audiencias globales que alcanza hoy en día la ficción usamericana, sigan intentando focalizar todo en su territorio o una ciudad, y más con las pretensiones de las historias que manejan.

Para terminar me gustaría volver a FlashForward. Si bien, ésta refleja la función de las élites de poder e influencia un pelín mejor que V, falla a la hora de escoger a su protagonista. ¿Por qué lidera la investigación la delegación regional del FBI en Los Ángeles, y no el FBI? ¿O la misma CIA, que trabaja en el extranjero?

martes, 3 de noviembre de 2009

Theodore, Teddy, Ted...Tedio

Si tuviera que medir mi grado de satisfacción con cada una de las cuatro temporadas que he visto hasta la fecha de How I met your mother (CBS) no dudaría dos veces en recurrir a la regla de los apodos:
  1. Coge a cualquier personaje. Mejor si es el que más odias o el menos carismático de todos.
  2. Transfórmale el nombre, según lo que hayas disfrutado de la serie en una temporada concreta. A más cariñoso, más te habrá gustado; a menos, obvamiente no tanto. Si ya no eres capaz de crear más motes, una de dos: o pasas a los apelativos tontorrones, o te vas directamente a los insultos (también sirve no decir nada para mostrarle tu ignorancia).
  3. Pones la lista de nombres y, en función de eso, nos saldrá un indicador del rumbo que va tomando la serie. En este punto debo que decir que pocas, las obras maestras, consiguen superar temporada a temporada el nivel de cursilería.
En mi caso con HIMYM, tiene toda la pinta de que el 'Tedio' de la cuarta temporada se convierta en un 'Teodioro' si la quinta no es capaz de hacerme volver a los momentos 'Teddy' de la segunda, cuando Robin terminó por arrastrarnos a los centros comerciales, y Barney utilizaba a Lily de espantaligues en su propio piso.

Ni-nu-ni-nu... Spoilers para quienes no hayan visto la cuarta.

Con Ted sin Robin en el tercer año, volvimos a las comeduras de tarro de este hombre, si bien las apariciones estelares y autoparódicas de Britney Spears y James Van der Beek salvaron un poco los muebles. Además, la participación de éste último va unida al comienzo del lío de Robin y Barney, del que me reservo una opinión hasta que vea la quinta. De entrada, sólo pienso que ambos personajes son demasiado iguales en la base.

Ver a al mujeriego Stinson bebiendo los vientos por Scherbatsky en la cuarta temporada no ha estado mal, ya que hemos visto una faceta del personaje muy poco conocida (desde ese capítulo legendario sobre el origen del "Suit up!"...), pero no me creo la resolución del asunto. A lo largo de los 24 capítulos, hemos visto más de Barney llorando por las esquinas, que de Robin dando pistas, aunque sea por gestos, de que le gusta Stinson. Es más, todos los sentimientos de la reportera se muestran en un sólo capítulo, la season finale, de sopetón y sin previo aviso.

Lily Aldrin es quizás el personaje sobre el que menos he cambiado de parecer a lo largo de las temporadas. Haga lo que haga sigue siendo la maquiavela del grupo, y por tanto, una caja de sorpresas. Con Marshall forma la pareja entrañable de anuncio que le sirve de modelo a Ted en su búsqueda de la felicidad, aunque con esas toneladas de humor que en manos de Mosby se convierten en romanticismo de kleenex.

Sin su mujer al lado, he comprobado que Marshall puede llegar a ser un personaje muy cansino. Probablemente, Eriksen haya sido una de las razones por las que la cuarta temporada me haya costado tanto. La ausencia de Alyson Hannigan por maternidad se notó, y mucho. How I met your mother funciona como un puzzle donde todas las piezas son importantes, se trata de una serie donde existe una interdependencia entre los personajes muy fuerte, ya que están caracterizados de manera que actúan de contrapuntos los unos de los otros.

De todos, Ted es el menos atractivo, pero es necesario ya que tiene que haber alguien que en contraste haga brillar los comentarios tronchantes de Barney o Robin, y bueno, hay que conocer a su futura aunque nadie se acuerde ya de ella. Del mismo modo, Lily equilibra las pataletas de Marshall con un tipo de humor más malicioso si cabe. Todos ellos, juntos en el MacLaren's o en el salón de Ted, dan lugar a un 'awesome' universo de referencias cómicas que espero que sigan expandiendo a pesar del bache.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Skins cuelga una nueva orla


ADVERTENCIA: Para asistir a esta Skins Party debes haber hecho la ruta de la primera, segunda, y tercera temporadas. Sin ellas, la resaca de spoilers es mala, mala
.

Cada cierto tiempo, cuando estoy en mi ciudad, me planteo visitar mi antiguo instituto y, sobre todo, la estupenda biblioteca que alberga, con sus estanterías de madera oscura y su balconada. También me gustaría echarle un vistazo a las orlas de los pasillos para comprobar si los profesores siguen repitiendo foto, y escrutar mis pintas con 17 años. Horror, pero supongo que forma parte del encanto del I.E.S., un coleccionista de caras, pero con una cara propia que se mantiene igual aunque pasen los años. La forma en que el instituto salvaguarda su esencia y los dramas asociados a sus paredes es cuanto menos paradójica: el cambio, el relevo en las generaciones de alumnos. Es raro, pero así funciona. Y a los creadores de Skins no les tembló el pulso cuando, en la tercera temporada, se mostraron coherentes con esa realidad. La entendieron a la perfección y los que seguimos la serie salimos ganando.

Aunque se exageren muchas de las situaciones, lo que diferencia a esta producción británica del resto de ficciones 'teen' es el alto grado de verosimilitud que regala en cada uno capítulos, donde gran parte del mérito hay que otorgáselo al diseño del reparto. Curiosamente, Skins no necesitó grandes artificios para romper moldes, sólo utilizó algo tan simple y subestimado como el sentido común, y lo convirtió en su marca diferenciadora: contar única y exclusivamente con actores adolescentes (desconocidos, a ser posible) interpretando a jóvenes de 16 a 17 años, con un talento y sensibilidad inusuales en el género. Así, con esta premisa inamovible, no debe extrañar el cambio de personajes en la tercera tanda de diez episodios. Es más, se revelaba como necesario si Esley y Brittain querían mantener una de las principales señas de identidad de la serie junto con el sólido y atípico desarrollo de los personajes, basado en capítulos centrados en cada uno de ellos, como si de un estudio monográfico se tratara.

Ambas piedras angulares, reparto y personajes, dependen íntimamente la una de la otra y no se pueden analizar por separado. De nada sirve que nos pongan a jóvenes actuando medio bien si sus papeles son planos, o, peor aún, chicos que no saben actuar y encima sus roles no tienen matices. Éste es el caso de Física o Química, que, en la actual temporada se ha permitido plagiar alguna que otra secuencia de nuestros amigos de Bristol. En fin.

He de reconocer que tenía mis dudas respecto a si la nueva pandilla iba a estar a las altura de la primera generación, en la que Cassie, Sid y Chris acapararon merecidamente todas mis atenciones. Pronto esas dudas se disiparon, aunque ha sido ahora cuando he encontrado por primera vez a un personaje que me cuesta mucho soportar y ése no es otro que Cook, que si bien comparte con Chris su amor por la fiesta, carece de ese fondo de buen pícaro del que hacía gala Chris, llevándolo todo hacia derroteros más salvajes y extremos. En este sentido, los padres vuelven a presentarse como los principales responsables del estilo de vida de los hijos, ya sea por su propio egoísmo o su profunda idiotez mental, lo que suaviza en parte mi opinión sobre Cook tras ver al elemento que tiene por padre.

Con todo sus excesos y falta de escrúpulos, este macarrilla tatuado ha sido el generador de conflictos y el motor de la trama principal de esta temporada, que gira alredor de un doble triángulo. Por un lado, el formado por él mismo y sus dos amigos de toda la vida: el adorable mago y socialmente inepto J.J., el 'skater' fumado Freddie; y por otro, el que forma con Freddie y Effy, la retorcida y observadora hermana de Tony que ya conocemos. Los retos a los que se enfrenta la amistad cuando llega una intrusa a romper la paz, los esfuerzos por mantenerla y, sobre todo, la lucha de J.J. por hacerse respetar un poco ante sus dos amigos fueron los temas en los que pivotó este último año de Skins, aunque, a decir verdad, el protagonismo 'real' de la serie estuvo en la acera de enfrente, como veremos.

Ya la anterior generación Sid, Cassie y Chris robaron las camáras a los que parecían los reyes del mambo, Tony y Michelle, pero aún así se apreciaba una cierta unidad en la pandilla, especialmente en la primera temporada. La dinámica cambió en el segundo año, en el que se profundizó más en la pintura de los personajes debido al giro dramático que tomó la historia. Y, ahora, en la tercera se ha logrado un cierto equilibrio en la presentación de los chicos que también responde a un balance entre desenfreno, drogas y lágrimas.

Aparte de los llamados Tres Mosqueteros y la 'extraña pareja' de Effy y la alucinada Pandora no hay una relación previa de amistad entre los componentes de la pandilla, como en el caso de la anterior generación, ni se ha formado un sentimiento de grupo a lo largo de la temporada. Esto ha permitido que los personajes no pasen desapercibidos en su primer año como ocurrió con Anwar y Maxxie, de los que me atrevería a decir que son los menos desarrollados de toda la serie, incluso Jal tuvo más protagonismo. De esta forma, las gemelas Katie y Emily, Naomi, la misma Pandora y Thomas, que introdujo una subtrama sobre la inmigración (él es del Congo), se aseguraron sus minutos significativos, aunque con resultados dispares entre ellos.

Y digo dispares porque Emily y Naomi han dinamitado el sentido en el que fue concebida esta temporada. Se comen a Effy, Freddie y Cook, cuyo triángulo literalmente palidece ante la historia de descubrimiento y aceptación de la homosexualidad que protagonizan las dos chicas. Si bien Skins nunca fue ajena a los personajes gays (ahí está Maxxie) ésta es la primera vez que la serie se lanza de lleno a contar una relación, y resulta curioso que de todas las parejas de la serie sea ésta la única que ha seguido una evolución más o menos corriente, ya que no es un dúo disfuncional como Sid y Cassie, y ninguna de las dos tiene la mente pérfida, aunque muy lúcida dependiendo del qué, de Effy para jugar entre dos aguas (Freddie, ¡actúa, haz algo!). Tampoco hay momentos de cuernos propiamente dichos, como en el caso de Tony y Michelle, o Chris y Jal.

Si quitamos lo gay, se queda en algo tan universal como el miedo a querer y a sentirse querido, y el sufrimiento por no conseguir lo que uno quiere, que es lo que le ocurre a la independiente y algo huraña Naomi y la, en apariencia, frágil Emily, respectivamente. ¿Quién no ha pasado por ahí? En esa identificación con la historia, por encima de las identidades sexuales, es donde radica la buena acogida a esta pareja, además de en la sensibilidad y el buen gusto con el que su trama se refleja en el guión.

La parte que le toca a la otra gemela, Katie, es menos benevolente. El personaje está hecho para ser odiado, porque por encima de los padres, es la barrera que no acepta a su hermana Emily tal y como es. Uno de los aciertos de la temporada, en mi opinión, ha sido ver la dinámica entre las dos gemelas y el estatus de poder que la mayor, Katie, tiene sobre la menor, Emily, y como ésta poco a poco va reclamando su lugar como persona en las mismas condiciones que su hermana. Asimismo, Katie, la gemela 'mala', mucho más extrovertida y "siempre con novio desde los siete años", al final se da cuenta de que sólo tiene a su hermana.

Esta posición de debilidad y de incomprensión de Emily nos lleva a otro de los lazos que se ha formado en estos episodios que no es otro que la amistad entre ella y J.J. El capítulo en el que se ayudan el uno al otro a superar sus problemas me pareció uno de los mejores, y rompió un poco con la tónica de utilizar una cuidada selección de música actual (otro sello Skins que se precie) para servirnos una cuidada selección de música clásica a cargo de mi compositor favorito, Claude Debussy. El halo infantil que desprenden sus partituras más famosas le va que ni pintado al episodio, al fin y al cabo J.J. es como un niño grande y, ¡oh, sorpresa! su madre es normal. Estoy deseando ver cómo continúa creciendo el personaje en la próxima temporada y va haciendo frente a lo que parece un principio de autismo.

Con vistas a la cuarta temporada, espero que Pandora y Thomas tengan un poco más de peso, ya que sus personajes se han ido desinflando una vez hemos visto sus episodios de presentación, y que a Freddie nos lo despierten de su letargo, por favor, aunque entiendo algunas de sus acciones. Por otra parte, también deseo que superen la bicefalia que sale a relucir en los dos últimos capítulos. Esto ha dado lugar a una season finale muy desangelada en comparación con el explosivo final de los 45 minutos anteriores, quizá debido a lo que ya hemos comentado sobre la poca interacción que ha habido entre la pandilla más allá de las fiestas conjuntas, y el surgimiento de una trama secundaria con más gancho que la principal.

En líneas generales, la nueva hornada de jóvenes presenta unos personajes, en su mayoría, más equilibrados desde el inicio, quizá sin una caracterización tan, tan marcada como los de la primera generación, pero por ello con más posibilidades de que los cambios se den de una manera más sostenida y menos evidente. Imposible decidirse por una de las dos cuadrillas.

Veremos en los próximos ocho episodios. Ya falta menos para enero.

viernes, 23 de octubre de 2009

¿Fue un plan lo bastante Cavilado?

AVISO AL OSADO: Los spoilers de esta entrada probablemente te disuadan de ver Battlestar Galactica: The Plan

Espero no crear una marabunta si afirmo que Battlestar Galactica: The Plan en algunos momentos pareció una película de humor. Puede que las circunstancias del visionado, en compañía y con comida alrededor tuvieran algo que ver, pero lo dudo mucho. Lo que se suponía como una crónica de cómo los cylons orquestaron el plan para exterminar a la raza humana, se quedó en ¿Cavil echando la bronca a sus esbirros zoquetes? Las expectativas me traicionaron esta vez.

La sensación de pastiche o collage en la TV movie ¿dirigida? por Edward James Olmos está presente de principio a fin. La yuxtaposición de imágenes de la miniserie rodada en 2003 con otras grabadas para la ocasión canta demasiado, sobre todo, en el caso del Chief Tyrol. Aaron Douglas, el actor que lo intepreta, ha cogido bastantes kilos en todo este tiempo, y eso se tiene que notar por algún lado. Seis años son seis años, se mire por donde se mire. Sé que se trata de un ejemplo un tanto frívolo, pero es la prueba más gráfica que he podido encontrar para sostener que la película parece el resultado de una práctica intensa con el Avid o cualquier otro programa de edición.

Aunque el film tiene detalles interesantes como los duros comienzos de la guerrilla capriana liderada por Samuel Anders (Michael Trucco), el resto, e incido en ello, es puro Cavil transformado en Gargamel dando collejas a su gato, porque le salió mal la última artimaña para acabar con los pitufos. Saber que El plan del que se nos hablaba al inicio de cada episodio de la serie, es una idea de bombero ideada sobre la marcha, y hace que esas frases ("Los cylon fueron creados por el hombre...") pierdan toda su fuerza y relevancia.

The Plan se limita a ser un detrás de las escenas un tanto cómicas (la Six prostituta colocándose una peluca platino de cualquier manera...) de cosas que ya hemos visto en la serie. No aporta nada nuevo, y lo que es peor, de plan sólo tiene el nombre. Como fan, quería ver cómo se gestó todo el ataque a las colonias, cómo los 'hijos' de los Cinco Últimos deciden romper una tregua de cuarenta años, y no el flashforward de las dos primeras temporadas visto desde otro punto de vista que se nos ofrece en la película. En ella, simplemente vemos lo que tuvo que pensar Cavil para acabar con algo que no había previsto en el ataque: la supervivencia de una flota humana en el espacio.



A propósito de los Cincos Últimos, su protagonismo es nulo, con la dudosa excepción del Chief. En su lugar, el peso del drama recae en una de las versiones Number Four, que viene a ser el equivalente en masculino de los sentimientos que Six y Boomer sienten hacia los humanos. De entre todos los cylons, la personalidad de la 'tostadora' negra es la más desconocida para el gran público, pero la forma en la que se nos muestra se ve engullida por el conjunto, flojo y sin ninguna gana de sorprender al espectador. Bueno, sí que sorprende: ¡¿dónde estaba D'Anna?!

En definitiva, estamos ante un producto diseñado a conciencia para el olvido. Desde luego, no provocará que alguien se de con la mano en la frente si piensa que ha visto todo sobre Battlestar Galactica. Al menos, en Razor sí vimos algo un poco diferente.