miércoles, 17 de marzo de 2010

Los buenos secundarios

The Good Wife está siendo la revelación de la actual temporada apelando a la 'vía aristotélica', a la retórica y poética televisivas más clásicas que podamos imaginar. Una opción tradicional que ha estado fuera del manual de alabanzas de la crítica desde hace mucho tiempo porque se ha abusado de ella y, más bien, no se ha utilizado correctamente. Se llevan las historias vanguardistas de tramas enrevesadas como la hiedra, pero basta que aparezca un roble viejo para que destaque.

Como muchas obras de artesanía, lo original no es un parámetro que sirva demasiado para juzgarla. Aquí se valora la técnica y, amigos, aquí es donde la serie alcanza cotas excelentes. Va mucho más allá de contentarse con cumplir a rajatabla los pasos de la guía práctica del procedimental de la CBS, y brinda a los espectadores una galería de personajes inolvidables que nos obligan a volver con ellos cada semana. En realidad, no hace falta que la voz de Alicia Florrick recuerde después de cada capítulo: "Stay tune" ("Manteneos sintonizados"). Ya vamos nosotros solitos.

Sin embargo, no me refiero únicamente al misterioso encanto de las caras de póker de Kalinda, ese inminente triángulo que se huele entre Alicia y Peter Florrick y Will , la humanidad que esconde Diane tras esa fachada de abogada implacable, o los divertidos comentarios de Cary. Está claro que estos personajes soportan la serie sobre sus espaldas, tienen ese mérito, pero ¿qué hay de esos clientes, familiares y peritos que desfilan por Stern, Lockhart & Gardner?

El traficante del episodio 15 ('Fleas') o el experto en armas del anterior ('Bang') son sólo un par de los numerosos ejemplos que se podrían escoger. El 'gangsta' que supera el estereotipo y presume de unos modales tan exquisitos ante Alicia que cualquiera sospecharía de sus actividades, o el hilarante tira y afloja político entre el experto y Diane. Podrían limitarse a cumplir su función de meras herramientas al servicio del libreto, y aún así, los guionistas se toman el trabajo de imprimirles algo de complejidad dramática en los pocos minutos que van a salir en pantalla. Algo así se agradece dentro de episodios autoconclusivos, ya que se disfrutan mucho más.

Con la subtrama del arresto domiciliario de Peter nos han presentado a Eli Gold, un nuevo personaje recurrente, en la línea de esos excéntricos o políticamente incorrectos que nos ha venido mostrando la serie, como aquel marido (Dylan Baker prestando su rostro inquietante) que supuestamente mató a su esposa en 'Bad' (1x13). No estoy segura de las cotas de cabronería que puede alcanzar el nuevo asesor personal de Florrick, pero ya me imagino alguna que otra jugarreta al inefable Glenn Childs para júbilo de quienes lo queremos fuera de su despacho de fiscal del distrito.

Como el roble, el tronco de esta serie es grueso y sus raíces se hunden a una profundidad suficiente como para que venga un temporal y lo arranque. The Good Wife no es exótica, ni una delicia visual, y, sin embargo, da la sensación de que las vivencias de Alicia Florrick en el bufete de abogados y en casa con su marido infiel y convicto, pueden salir ilesas de cualquier inclemencia meteorológica futura, a diferencia de otras producciones que conservan de milagro el tejado de su casa de diseño (Heroes).

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Por qué no pulsar el FF?

El próximo 18 de marzo va a ser uno de esos días que no quiero que lleguen nunca por dos razones bien distintas. En primer lugar, porque significará el adiós de la segunda generación de Skins, lo cual no tiene por qué ser necesariamente triste (eso espero, Jamie Brittain & co.) pero, al ser una despedida, ya tienes asegurada tu gota de azul en el panorama con independencia de lo que te muestren. En segundo lugar, ese mismo jueves regresará de su parón FlashForward, y no precisamente para ocupar el lugar del grupo del Roundview College. Tengo clavos mejores para quitar el anterior, gracias.

Tal es mi indiferencia ante la vuelta de Mark Benford, sus caras constreñidas, y sus potenciales cuernos conyugales que no miento cuando digo que no me acordaba de qué iba el último capítulo emitido antes de sus vacaciones temporales en la ABC. Como si me hubieran hecho lo mismo que a Jason Bourne en las películas, así os lo digo. Suerte que para eso está Google y me han vuelto los recuerdos, porque tampoco me daba la gana de hacer un barrido rápido al capítulo. Demasiados movimientos de tecla que más vale ahorrarse.

Si mi entusiasmo con esta serie roza el paroxismo después de sólo diez capítulos, no sé a qué atenerme cuando todavía quedan catorce más de supuesto entretenimiento. Todo hubiera sido más fácil si Disney hubiera imitado la estrategia de la NBC con Day One. Le vas cortando las cabezas al monstruo poco a poco hasta dejarlo en el DVD release de rigor, aunque nunca sabremos si esta serie se merecía, en efecto, tal sentencia. A diferencia de los pavos reales de Peacock, la ABC se pasó de confiada y vivió un frenesí 'marketiniano' con FlashForward que está pagando (y nos hace pagar) muy caro ahora mismo. Porque decidir quitarle capítulos a tu serie estrella del año, tras haber anunciado con pompa y circunstancia que iba a tener temporada completa, hubiera sido una 'achantada' de escándalo. Además de dólares, también hay mucho orgullo en juego: no es plan de que el Abecedario le dispute ahora a la NBC el papel de bufón de las 'networks' que tan bien ha interpretado en los últimos tiempos.

Seriéfilos y cadena estamos, pues, atrapados con este producto. Yo sigo con ella por cabezonería y porque estoy segurísima de que no veremos una segunda temporada, salvo que la salida del creador de la serie, David S. Goyer, haya significado un cambio sustancial para bien, algo que dudo a estas alturas. Además, la pérdida de espectadores que ha ido acusando la serie desde su estreno en septiembre (de 12 a 7 millones), unida al hiato de tres meses, tampoco ayuda a arreglar la situación.

Flashforward puede quedarse en una interesante premisa saboteada por decisiones creativas desafortunadas y un casting que no da la talla. Su piloto fue un espejismo que nos cazó a unos cuantos, y los que nos hemos propuesto llegar al final tampoco encontramos en el mando el botón FF que nos facilite la tarea.

lunes, 1 de marzo de 2010

De pacífico, nada

Ayer apenas estábamos celebrando la entrada del nuevo año y, sin ni siquiera haber echado mano del Delorean, mira tú que hoy nos hemos plantado ya en marzo, el mes guerrero por excelencia. Pero en este 2010 será especial. A partir del día 14, nos esperan diez semanas de bombardeos, sudor, metralla y misivas manchadas de sangre desde el océano más grande de la Tierra. Ya se sienten la marcha de los marines yankis por el frente pacífico y el murmullo del piloto japonés que ora antes de convertirse en kamikaze. Ya se huele el aire yodado y ceniciento de The Pacific.

Empotrados otra vez a la HBO, Steven Spielberg y Tom Hanks han puesto muchas expectativas por las nubes con su segunda incursión en el universo de la II (valga la redundancia) Guerra Mundial tras la épica Band of Brothers. Con doscientos vienticinco millones de dólares desembolsados en la producción, The Pacific es la serie más cara de la historia, así que no se le puede acusar a priori de falta de recursos para impresionar a los espectadores. En este sentido, el canal de cable viene llevando a cabo desde mediados de 2009 una potente campaña de márketing para colocar la miniserie en el mapa. Como si realmente hiciera falta; de todas formas, ya conocemos el 'modus operandi' de la HBO: siempre a lo grande, y más, tratándose del estreno estrella de su programación para este año.

Por eso, para ir preparando morteros, recopilo aquí los pósters, tráilers oficiales y otros clips que nos han ido llegando hasta el momento. En dos semanas, estaré lista para comprobar si he superado el trauma de ver a Joseph Mazello y que me venga a la cabeza la voz de niña repelente que le pusieron en el doblaje de Jurassic Park.

CARTELES










































TRAILERS
  • #1

  • #2

  • # 3

  • # 4


  • #5


OTROS

  • En el set

  • Preview de Iwo Jima

jueves, 25 de febrero de 2010

God save the Geek

Que cueste acabar una serie no significa necesariamente que estemos haciendo de rodillas el Camino de Santiago. A veces, el punto final nunca llega por todo lo contrario: por puro disfrute que da escolofríos de sólo pensar que eso tiene fecha de caducidad. Encima, para añadir más tortura, cuando no se dispone de una cantidad aceptable de material, una debe sacar el máximo partido a temporadas raquíticas. "Lo bueno si breve...", ese refrán tan arraigado en la televisión británica con el que suelo comulgar, pero que se vuelve perverso si va unido a la incertidumbre de cuándo se estrenarán las continuaciones de ciertos productos como The IT Crowd (Channel 4), que protagoniza la entrada de hoy.

Moltisanti ya habló a finales del año pasado sobre la situación de esta comedia en una entrada algo premonitoria ya que, poco después, se anunció que este marzo empezará la grabación del cuarto volumen. ¡Por fin! Un año y medio de parón desde el estreno de la tercera temporada... y unos cuantos meses más de espera pues no se sabe aún cuándo se emitirán los nuevos episodios, que supongo serán seis, como de costumbre.

No estaría tan exaltada en mi queja si The IT Crowd no me hubiera arrancado las lágrimas de los ojos. Con los dramas lloro casi siempre, pero con las comedias me cuesta algo más. El secreto de lo que han conseguido en apenas 18 capítulos Jen, Roy y Moss, jefa y subordinados del departamento de Sistemas Informáticos de Industrias Reynholm, reside en cada elemento absurdo, corrosivo y escatológico que llena sus diálogos. La interacción entre una inepta de las nuevas tecnologías como Jen que debe mandar a dos pedazo de geeks como Roy y Moss (sobre todo éste, más del tipo nerd, qué personaje) marcha a toda vela y, lo mejor de todo, no pone etiquetas de villanos y sometidos.

Digo esto porque puede parecer que la jefa sea la mala de la película cuando, en realidad, los grandes momentos de la serie se dan cuando ella es el centro de las bromas de Roy y Moss a costa de su ignorancia. Sin destripar demasiado los gags sólo destacar el discurso de la tercera temporada hablando de las bondades de la 'caja de Internet' y las consecuencias de buscar Google en Google de la segunda. Tampoco hay que olvidar su obsesión por encontrar al hombre perfecto, que dio pie al que para mí es el episodio más completo y divertido de la serie, "The Work Outing" (2x01), que curiosamente no tiene lugar en el entorno de trabajo, sino en una función de un musical.

Sin contar con una trama que vive a lo largo de los capítulos, como en toda 'sitcom' , temporada a temporada, y entre chiste y chiste, vemos como va cambiando la relación entre los tres personajes. De un ambiente algo hostil, en el que Jen se considera una fracasada por acabar en el sótano de la empresa y Roy y Moss a la defensiva por la llegada de un nuevo miembro, al casi colegueo motivado por el hecho de que, a su manera, los tres son inadaptados dentro de la escala de poder de la empresa.


Y desde la presidencia de la compañía hay que hacer una mención obligada a los secundarios. Empiezo por padre e hijo: Denholm y Douglas Reynholm. Al primero sólo se le ve en la primera temporada, pero es un claro ejemplo de cómo hacer comedia a partir de un tipo arrogante y sin escrúpulos. Lo mismo ocurre con el segundo, un hortera salido (esa silla con forma de mano abierta de su despacho muy sutil, no es) y muy melodramático. ¿Qué más se puede esperar de alguien que se presenta diciendo "Faatheeerrrr!" con voz afectada en plan 'Jesucristo Superstar'? Pues descacharrarse.

Sin embargo, Douglas encuentra un rival de altura en lo que a sobreactuación se refiere: Richmond, el gótico. Escondido en una habitación paralela al departamento de Jen, Roy y Moss es una lástima que no haga muchas apariciones, porque sus pintas y voz atiplada en el original hacen todavía más memorables esos minomonólogos que recita mirando hacia cámara.



El nivel de las actuaciones contribuye a que funcionen los guiones. Cada uno de los personajes está interpretado por comediantes (quizá el más conocido de todos sea el irlandés Chris O' Dowd, Roy) que aportan un disparatado registro de gestos, caras, y una variedad de voces que convierten en delito verla doblada. Por ejemplo, Moss pierde gran parte de su encanto sin el tono robótico y nasalizado que le imprime Richard Ayoade. Una búsqueda en YouTube basta para comprobarlo.

De todas las temporadas emitidas, en la tercera, no encontré unos capítulos tan brillantes en conjunto como los que había visto antes, especialmente en el segundo sexteto de episodios, donde la serie alcanza su máximo. No obstante, el bajón se antoja irrosorio si lo comparamos a las depresiones de algunas 'sitcoms' americanas.

Se suele relacionar The IT Crowd con The Big Bang Theory, por la temática de los dos geeks y la chica "corriente", aunque en realidad ambas series están en galaxias y ligas distintas. Pero la semejanza funciona para recomendarla y de paso avisar de que, una vez vista la intro, el virus de la comedia británica no se puede eliminar del sistema operativo.