The Good Wife está siendo la revelación de la actual temporada apelando a la 'vía aristotélica', a la retórica y poética televisivas más clásicas que podamos imaginar. Una opción tradicional que ha estado fuera del manual de alabanzas de la crítica desde hace mucho tiempo porque se ha abusado de ella y, más bien, no se ha utilizado correctamente. Se llevan las historias vanguardistas de tramas enrevesadas como la hiedra, pero basta que aparezca un roble viejo para que destaque.Como muchas obras de artesanía, lo original no es un parámetro que sirva demasiado para juzgarla. Aquí se valora la técnica y, amigos, aquí es donde la serie alcanza cotas excelentes. Va mucho más allá de contentarse con cumplir a rajatabla los pasos de la guía práctica del procedimental de la CBS, y brinda a los espectadores una galería de personajes inolvidables que nos obligan a volver con ellos cada semana. En realidad, no hace falta que la voz de Alicia Florrick recuerde después de cada capítulo: "Stay tune" ("Manteneos sintonizados"). Ya vamos nosotros solitos.
Sin embargo, no me refiero únicamente al misterioso encanto de las caras de póker de Kalinda, ese inminente triángulo que se huele entre Alicia y Peter Florrick y Will , la humanidad que esconde Diane tras esa fachada de abogada implacable, o los divertidos comentarios de Cary. Está claro que estos personajes soportan la serie sobre sus espaldas, tienen ese mérito, pero ¿qué hay de esos clientes, familiares y peritos que desfilan por Stern, Lockhart & Gardner?
El traficante del episodio 15 ('Fleas') o el experto en armas del anterior ('Bang') son sólo un par de los numerosos ejemplos que se podrían escoger. El 'gangsta' que supera el estereotipo y presume de unos modales tan exquisitos ante Alicia que cualquiera sospecharía de sus actividades, o el hilarante tira y afloja político entre el experto y Diane. Podrían limitarse a cumplir su función de meras herramientas al servicio del libreto, y aún así, los guionistas se toman el trabajo de imprimirles algo de complejidad dramática en los pocos minutos que van a salir en pantalla. Algo así se agradece dentro de episodios autoconclusivos, ya que se disfrutan mucho más.
Con la subtrama del arresto domiciliario de Peter nos han presentado a Eli Gold, un nuevo personaje recurrente, en la línea de esos excéntricos o políticamente incorrectos que nos ha venido mostrando la serie, como aquel marido (Dylan Baker prestando su rostro inquietante) que supuestamente mató a su esposa en 'Bad' (1x13). No estoy segura de las cotas de cabronería que puede alcanzar el nuevo asesor personal de Florrick, pero ya me imagino alguna que otra jugarreta al inefable Glenn Childs para júbilo de quienes lo queremos fuera de su despacho de fiscal del distrito.
Como el roble, el tronco de esta serie es grueso y sus raíces se hunden a una profundidad suficiente como para que venga un temporal y lo arranque. The Good Wife no es exótica, ni una delicia visual, y, sin embargo, da la sensación de que las vivencias de Alicia Florrick en el bufete de abogados y en casa con su marido infiel y convicto, pueden salir ilesas de cualquier inclemencia meteorológica futura, a diferencia de otras producciones que conservan de milagro el tejado de su casa de diseño (Heroes).







