En mi empeño por ir paso a paso con el universo de Doctor Who, le ha tocado el turno a la primera temporada de Torchwood, el 'spin-off' protagonizado por el carismático Capitán Jack Harkness, al que conocimos en la primera temporada de las aventuras del nuevo Doctor. Esta serie de la BBC, estrenada en 2006 bajo la batuta del mismo Russell T. Davies, cuenta con un tono más adulto y oscuro que la ficción de la que deriva, y se centra en mostrar en qué consisten las actividades del aquel famoso y secreto Instituto Torchwood que tan indisimuladamente se nombró a lo largo del segundo año de Doctor Who. Puede darse el caso de que quien sólo haya visto Torchwood no logre entender mucho de lo que sucede con el personaje de Harkness, lo cual es un problema porque dos tercios del atractivo de la serie, al menos en este volumen de apertura, corresponden al Capitán yankee. Por eso, desde aquí aprovecho para insistir en que vale mucho la pena ver los dos primeros años de Doctor Who antes de embarcarse con el 'spin-off'. Más que nada, porque no estamos ante una secuela al uso que se pueda disfrutar de forma separada, ya que el vínculo de la trama de Harkness con la serie matriz es demasiado relevante.Localizada en la capital de Gales, Cardiff, la base Torchwood Three se dedica a combatir en secreto cualquier tipo de ameneza alienígena en nombre del gobierno británico. En la base, escondida bajo una plaza muy transitada de la ciudad, trabajan la hacker Toshiko Sato (Naoko Mori) , el biomédico Owen Harper (Burn Gorman), el azafato Ianto (Gareth David-Lloyd) y Susie la mecánico, que responden a las órdenes de su jefe, el misterioso Capitán Jack Harkness (John Barrowman), de cuya vida apenas saben unos pocos detalles. Esta intriga es menor para el espectador de Doctor Who, que fue testigo de cómo Harkness ayudó al Doctor a derrotar a los Daleks. No obstante, hay algo que éste no sabe: los efectos secundarios que esa batalla dejó en el Capitán. El episodio piloto de Torchwood nos presenta también a otro de los personajes clave de la serie, Gwen Cooper (Eve Myles), una joven policía local que entrará a formar parte del equipo después de que Susie traicione a sus compañeros. La curiosidad y persistencia de Gwen arrinconan a Harkness que, de una forma gráfica, le revela su condición de inmortal y la hace prometer que no se lo contará a nadie. (SPOILER de Doctor Who 1) Y es que cuando Rose Tyler le devolvió la vida haciendo uso de la energía del vórtice espacio-temporal en la season finale 'Parting of the Ways', lo dejó un cargamento para toda la eternidad. (FIN)
Como su serie madre, la primera temporada de Torchwood se caracteriza por contar con un total de trece capítulos estructurados al estilo 'monstruo de la semana', esto es, con una amenaza que empieza y y acaba en el mismo episodio como ocurre con los casos de las series procedimentales. Aunque, a diferencia de los remilgos de algunas series de este género, aquí no se andan con muchos miramientos, y se muestran historias atrevidas tanto en forma como en contenido, acordes al tipo de horario y público al que se dirige la serie. Este riesgo en las tramas es evidente en los primeros compases de la temporada, en los que la producción lucha para encontrarse a sí misma, dubitativa en profundizar en el personaje Harkness, y en el resto, o dar más importancia al misterio de cada episodio.
Es en esta última cuestión donde radica el principal defecto de esta tanda de capítulos. Por un lado, la serie quiere dar una apariencia de cierta seriedad, y de atrevimiento, como son esas tramas en ambientes turbios o con mucha carga sexual, pero que aplicadas a algunos de los villanos que pueblan la serie se quedan en puro 'camp', provocando más de una risa. No en vano, ahí queda de ejemplo el segundo capítulo de la serie, 'Day One', más conocido como el de la muerte por kiki. Eso, por no mencionar el infeble episodio de la cyberwoman, sacado directamente de una película de serie Z, que, de tan malo, se carga de un plumazo en sólo 45 minutos la continuidad del mito de los cybermen. Una chapuza en toda regla.
Por suerte, la serie muestra su potencial cuando se centra en su galería de personajes peculiares, todos ellos con problemas de sociabilidad y sin apenas vida social debido al trabajo que desempeñan. Todo lo contrario que Gwen, que por ser la novata, se abandona a la emoción del mundo privado que acaba de descubrir, lo cuál le crea más de un problema con su novio Rhys. La confianza, salpicada con una pizca de tensión, que se va forjando entre Gwen y el Capitán avanza poco a poco y sirve como ventana a la personalidad de Harkness, un tipo mucho más oscuro y complicado de lo que pueda dar a entender su fachada de conquistador caradura . Es en estos momentos cuando la producción de Davies se deja ir y es capaz de brindar escenas relevantes y una poderosa recta final de temporada que alcanza su máximo con el meláncolico 'Captain Jack Harkness', un episodio clave por lo que cuenta del pasado de este veterano de guerra.
No estamos ante una producción para todos los paladares, y el recorrido irregular de la temporada desde luego no ayuda a dibujar un garabato demasiado decente, pero ante la promesa de un salto de fe en la segunda entrega, me quedo cazando aliens hasta nuevo aviso.



