
El pasado tres de noviembre unas cuantas naves nodrizas llegadas de otra galaxia se posaron sobre las principales ciudades del mundo. A través de ellas, una mujer aparentemente humana lanzó un mensaje de paz y atención médica universal para todos los habitantes de nuestro viejo planeta, que aplaudieron con júbilo sus palabras.
Esta explosión de alegría se ha convertido en una de las secuencias más criticadas de la premiere de
V, la actualización de la mítica serie de los ochenta que la ABC por fin ha emitido tras meses y meses de asedio promocional. El piloto se consume en un suspiro y sale ileso de la tarea de hilar y sintetizar una importante cantidad de información que en el original, según tengo entendido (los lagartos me pillaron casi gateando), se extiende a largo de una miniserie. Sin embargo, no es mi intención hacer crítica del capítulo en sí, sino reflexionar, a propósito de los citados aplausos, sobre algunas de las
cuestiones de fondo que aparecen en el mismo y que también se ha detectado en otras producciones como
FlashForward.
Ambas series comparten un punto de partida idéntico, un acontecimiento de proporciones mundiales que perturba la rutina de un día determinado, y una reacción neutra o positiva ante esos hechos por parte d

e la población. En
FF, por ejemplo, vemos que los personajes aceptan muy fácilmente las consecuencias del desvanecimiento, mientras que en
V no es sólo aceptación sino alegría por la llegada de los visitantes. Por eso , el principal 'pero' que se les ha achacado a los dos pilotos ha sido la
falta de crítica, recelo o, incluso, miedo con los que la población se ha enfrentado a la realidad. En otras palabras, ¿es normal tanta normalidad? Mientras que en
FlashForward resulta más difícil justificarla (¿a quién beneficia el 'blackout'?), en
V, por el contrario, la trama se apoya en algunos temas que hacen comprensible tanta euforia.
Si
Battlestar Galactica escogía la metáfora para denunciar ciertos temas del mundo contemporáneo,
V, por el contrario, mata la metáfora. De sobra son conocidos los planes de Barack Obama para implantar unos servicios médicos universales en los Estados Unidos, eso que aquí en Europa nos parece tan básico y lógico después de décadas al cobijo del Estado del Bienestar.
Pero las implicaciones del 'lagarto samaritano' que nos presenta van más allá del país de las barras y estrellas, puesto que la consecución de algunos de los
Objetivos del Milenio para el Tercer Mundo se asocian a la existencia de una sanidad gratuita o la erradicación de las guerras. Después de años de decepciones tras las promesas incumplidas de las élites y sus intereses, ¿cómo la inmensa mayoría de la población mundial va a decir que no ante algo que les ofrece lo que sus gobernantes no? Por eso, en el piloto queda reflejado el sentir de esa mayoría descontenta, aunque ocurre lo de siempre en una producción estadounidense sobre un acontecimiento global: exceso de localismo.
No obstante, que la buena acogida de las personas de pie a los visitantes quede justificada por una situación de hartazgo o desesperanza (típicas circunstancias en el ascenso de poderes totalitarios, por cierto), eso no es motivo suficiente para que el capítulo no se digne en mostrar la opinión de la comunidad internacional, de los líderes que se ven desplazados del centro de influencia por los recién llegados. Mientras que el piloto aumenta en verosimilitud porque describe una reacción ciudadana realista hasta cierto punto (podemos discutir si los aplausos son necesarios), al mismo tiempo pierde enteros por omitir a las élites políticas, que son las que deben recelar y actuar en un primer momento por la cuenta que les trae. Precisamente, por omisión debemos pensar que también están encantados con los visitantes.

Tengo una oferta que no podrá rechazar
Y qué decir sobre
el retrato de medios de comunicación, el elemento de resistencia por antonomasia; si falla la política, allí están ellos para hacer crítica. Nada de eso, son los primeros en hincar sin rechistar la rodilla ante Anna (Morena Baccarin). Una cosa es venderse al mejor postor de entre los humanos, como todos sabemos, pero, ¿también a los extraterrestres? Sabía que mi gremio estaba en crisis, pero no tanto.
Con este panorama, el único elemento de resistencia que queda es una sociedad secreta de ciudadanos, otra élite, aunque con un núcleo más contracultural o subversivo, sobre la que recaerá el peso de despertar al resto, prensa y líderes incluido. Llegados a este punto de no retorno, lo lógico es que veamos otras iniciativas parecidas en el resto del mundo, y no sólo en Nueva York como es el caso. No tiene sentido que ante las audiencias globales que alcanza hoy en día la ficción usamericana, sigan intentando focalizar todo en su territorio o una ciudad, y más con las pretensiones de las historias que manejan.
Para terminar me gustaría volver a
FlashForward. Si bien, ésta refleja la función de las élites de poder e influencia un pelín mejor que
V, falla a la hora de escoger a su protagonista. ¿Por qué lidera la investigación la delegación regional del FBI en Los Ángeles, y no el FBI? ¿O la misma CIA, que trabaja en el extranjero?