miércoles, 18 de diciembre de 2013

Masters of Sex, lo importante no es el clímax

Esto es NSFU (Not Safe For Unseen). O sea, con spoilers que te quitarán las ganas si no has visto la temporada de debut de Masters of Sex.

Excitación.
Meseta.
Orgasmo.
Resolución.

Las cuatro fases por la que atraviesa una relación sexual no se diferencian demasiado de las etapas por las que transcurre el relato de una historia. En ambos casos, hay principio, nudo y desenlace, aunque el desenlace bien se podría desglosar en un clímax y un cierre. Y, curiosamente, a la hora de buscarles fallos al sexo y a los relatos siempre tendemos a atacar el final. Unas veces,  por apresurado; otras veces, por inexistente o falto de un epílogo. "Lo importante no es el final, sino la experiencia", dicen, pero, en ocasiones, la crítica también puede estar dirigida al estilo, a la habilidad con la que está elaborada la obra aun si cuenta con un punto álgido. Masters of Sex, la gran apuesta de Showtime para esta temporada y flamante nominada a dos Globos de Oro (mejor serie y actor en la categoría de drama), llega a un pico pero ¿logra dejar realmente satisfecho al personal?


La serie de Michelle Ashford engatusa con su pedigrí de historia basada en hechos reales, a la vez inspirada en el libro homónimo de Thomas Maier. La odisea del ginecólogo y obstetra William H. Masters (Michael Sheen, Fox contra Nixon, The Queen, especialista en 'biopics') y su ayudante, Virginia Johnson (Lizzy Caplan, True Blood, Party Down.., sí, la rara en Chicas Malas) en los Estados Unidos de los 50 para intentar desentrañar el funcionamiento de lo que entonces era un ultratabú: la respuesta sexual humana. Cosas como la a negación de la importancia del tamaño del pene, la existencia del multiorgasmo femenino, el papel clave del clítoris en el placer de la mujer, el establecimiento de las cuatro fases y algunas terapias para tratar disfunciones sexuales llevaron su sello pionero y levantaron más de una ceja en la encorsetada comunidad científica de la época. Con semejantes credenciales no es extraño que Showtime, el canal provocador por excelencia, diera luz verde al proyecto, pero Masters of Sex está lejos de considerarse una ficción sexy. Obviamente, hay carne para dar y vender, aunque marinada en electrocardiogramas, vibradores con alto riesgo de cortocircuito y un par de tipos tomando notas detrás de un cristal tintado. A primera vista, nada que pueda poner a las grandes masas...

En realidad, Ashford se escuda en la premisa del sexo como conocimiento para navegar por la contradictoria psique de sus dos protagonistas. Sheen ofrece una interpretación sensacional, absolutamente mimetizada con la atormentada y sociopática personalidad del doctor Masters, un tipo tan brillante como absorbido por su trabajo, frío e incapaz de mostar empatía alguna por su tan devota como ingenua mujer, Libby (Caitlin Fitzpatrick). Caplan, por su parte, irradia encanto como Johnson. Como cabría esperar es el contrapunto de Masters:  divorciada, madre de dos hijos, ex cantante en clubs de poca monta, sin títulos, pero con una ambición y don de gentes fuera de lo común aporta al estudio toda la sangre y sabiduría (vital) de las que el doctor carece. Una mujer de ésas que saben latín, vaya.

Si bien el guión es menos complaciente con las taras de Bill Masters, Ginny Johnson también dista de ser un personaje inmaculado si bien la sombra de fantasía feminista que proyecta invita a pensar lo contrario. Sus ramalazos egoístas con el doctor Haas (Nicholas D'Agosto, Heroes), pobre enamorado, son sólo una huída hacia adelante para evitar enfrentarse a sus propias fracturas. En sus diferencias, Bill y Ginny forman un tándem científico perfecto, y cumpliendo con las leyes de la atracción desarrollan una admiración y dependencia mutua que da paso a algo más complicado. Y aquí es cuando a la serie le entran las prisas por resolver. Las prisas... Nunca son buenas, ¡y más cuando ha sido renovada por una segunda entrega!


 Y éste es "Ulises".

Al parecer, Masters of Sex se toma bastantes licencias a la hora de retratar la relación entre Bill y Ginny, que no fue una unión romántica sino un efecto colateral del trabajo que desarrollaban, el verdadero objeto del afecto de ambos. La Johnson real fue en un principio contratada como compañera sexual para los experimentos por el propio Masters, al que nunca quiso. Aunque hubiera sido casi o tanto más fascinante explorar la complejidad ética de esta situación nada convencional, al final esto es ficción televisiva, y aquí Ashford optó por ajustarse a los cánones tradicionales de la tensión sexual no resuelta.  Los doce capítulos suben en intensidad poco a poco, jugando con miradas y silencios incómodos, empujando a Masters al precipicio, pero, en un momento concreto, pudieron las ansias por cumplir, y la 'season finale' se despide con cierto 'cliffhanger' que es justo lo contrario de lo que la ficción había venido desarrollando con esos dos hasta ese momento. De folletín y precoz.

Si la trama de Bill y Ginny se va abaratando a medida que pasan los episodios, las subtramas de los personajes secundarios crecen en interés y aquí es donde Masters of Sex triunfa en su propósito de poner el corazón abierto encima de tantas hojas de electrocardiograma. Conmovedor es el caso de Margaret Scully, la mujer del decano la facultad de Medicina, homosexual armarizado, con el que comparte no sólo una hija sino una profunda complicidad emocional que le hace plantearse si vale la pena repudiar a su marido por años de juventud robados y necesidades insatisfechas. Allison Janney (The West Wing) está sobresaliente en su papel acompañada por un Beau Bridges que vuelve a poner los pies en el gran drama.

Tampoco desmerece la guerra de guerrillas de la estirada doctora DePaul (Julianne Nicholson, Boardwalk Empire) contra el status quo y las miradas condescendientes de sus colegas masculinos, mientras lidia con sus propia dosis de desgracia personal. Incluso Libby, bajo esa capa de mujer de anuncio de Mister Proper, esconde una olla a presión repleta de sentimientos reprimidos que espero explote el año que viene.



La serie pinta al fresco de unos personajes que guardan ciertas expectativas sexuales en un período histórico concreto y cómo buscan vías de escape en cuanto se da el inevitable choque con la costumbre y la moral que, no lo olvidemos, también imponen sus propias expectativas. Esto es lo que le ocurre al promiscuo doctor Langham (Teddy Sears) que participa como sujeto en el estudio de Masters y Johnshon. Los sujetos, desde Langham a la secretaria Jane (Heléne Yorke)  utilizan  la excusa de "todo por la ciencia" para darle unas cuentas alegrías al cuerpo, pero ¿no es menos hipócrita invitar hoy en día a alguien a una copa con ese mismo objetivo en mente? No importa cuán progres nos creeamos con respecto al sexo, al final siempre acudimos a excusas culturales para echar un simple polvo. Sómosche así as persoas.

No menos contradictorio es el cambio de timón de Vivian, la volátil hija adolescente del decano Scully, que después de mostrar un apetito desbocado se vuelve de repente muy pía en cuanto Haas le propone matrimonio. Para mí, no es tanto el intento de forzar una supuesta superioridad moral moderna en el libreto como el de mostrar los efectos de una moral religiosa mal asimilada (por mal inculcada, seguro) por alguien que aún es poco maduro. Normal que le salga humo por las orejas a la muchacha. Y  también aquí la lectura vuelve a ser de rabiosa actualidad; que levante la mano quien no haya conocido recientemente a algún pío o pía que, incluso a sus treintaytantos, ve el matrimonio como una mera redención a sus hábitos prenupciales.

Pese a la precipitación en acercar el vínculo entre sus dos protagonistas, Masters of Sex compensa con creces cuando saca a la palestra tantos callejones sin salida humanos. Eso bien vale otro revolcón.

3 comentarios:

AlbertoNahum dijo...

Umm, interesante reseña, Jaina. A mí las tramas secundarias no me han gustado mucho, ya sabes. Las veía tan artificiales y forzadas (la rígida Dra. DePaul o el pobre Dr. Haas podrían ser el paradigma; qué soso el zagal, además), en esa idea de portar una idea más que ofrecer trozos de vida.

Y reconozco que el exceso de casualidad me sacaba una y otra vez del texto, quitándome el dramatismo que se iba cocinando.

A ver qué tal la segunda temporada. Yo, honestamente, les metería más mala leche a los personajes (por cierto, no termino de coincidir en ese egoísmo que le atribuyes a la perfecta Ginny; sí hay cariño genuino; si no, le habría usado más con anterioridad y no lo hace, recuerda que se vuelven a liar tras encontrarse en el coche, con ella llorando).

Jaina dijo...

Nahum: ¡Gracias por el comentario! Lo que pasa con DePaul es que es un personaje bastante caricaturizado, al menos al principio. Lo usan para sacar el momento cómico-incómodo(esos intentos suyos por contar chistes...), pero quiero ver cómo desarrollan su dram. Me parece que sólo han mostrado una parte. Con Haas, en cambio, sí que coincidimos más. Aparte de sosainas, el personaje va dando bandazos. Ahora me acuerdode la leche que le pegó a Ginny en los primeros epis.

De todas esas casualidades que comentas en tu entrada del blog sólo me chocaron por marcianas las que tienen que ver con los Scully (¿de verdad Barton tiene sus encuentros con el chapero en el mismo sitio al que acude de normal con su mujer? Lo de también es mucho...). El resto eran más probables, ya que al fin y al cabo se mueven en un hospital y en la misma planta (creo). Y el ex de Ginny es un vago propenso a aparecer cuando quiere por la casa, me lo esperaba.

Uy, pero justo Ginny y Haas se vuelven a liar después de que Bill la ofende con el sobre con pasta, y la tipa sigue con el cuento hasta el punto de jugar a las familias felices. Ella tiene cariño por él está claro, pero ahí veo egoísmo por su parte porque sabemos que no lo quiere. ¿O quizás es instinto de supervivencia para ella y sus hijos a los que les cuesta atender? También está el tema de Libby, de la que se hace amiga y mientras tanto hace "research" con el marido. Espero que la segunda temporada muestren más de Ginnny, pero con lo que se ha visto no la veo tan perfecta fuera de su fachada de mujer liberada con inquietudes y "pro" en la cama.


sofia martínez dijo...

Entretenida, elegante, sutil, inteligente, emotiva, divertida son algunos de los adjetivos que me vienen a la mente cuando pienso en Masters of sex una de las series con las que más he disfrutado este año porque recién la comencé a ver, espero muy pronto terminarla y comenzar con la segunda temporada.