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domingo, 26 de febrero de 2012

Smash... mashed?


Seis millones de espectadores y un 2.39 en la demo comercial fueron los datos que marcó el tercer episodio de Smash emitido en la semana pasada. Una cifra alejada de esos prometedores 11 millones y 3.8 en los ratings cosechados por la premiere en medio de un salvaje despliegue mediático azuzado por la filtración del 'preair' del episodio piloto, los buenos comentarios de la crítica especializada y la inclusión de los protagonistas en la promo corporativa de la NBC durante el evento que paraliza los Estados Unidos de costa a costa: la final de la SuperBowl. ¿Qué ha pasado entonces para que esta promesa de 'smash' (éxito)  haya caído tan en picado?

No hay que irse a mirar temporadas vetustas para encontrar antecedentes al caso de Smash. Este mismo año la gran apuesta de la ABC, Pan Am, registró unos datos y reseñas parecidas en su estreno para acabar cancelada después de mendigar cifras a lo Fringe los viernes, pero en la noche de los domingos. Claro que las sofisticadas azafatas no contaban como 'lead-in' con un auténtico rodillo de audiencias como es The Voice sino con una serie, Mujeres Desesperadas, que se despide este 2012 siendo una sombra de lo que fue en los audímetros. Creada por Theresa Rebeck (esperemos que toda la situación no se deba un gafe por haber firmado el guión de la inmunda Catwoman de Halle Berry), Smash prácticamente espanta a esos espectadores que por cercanía temática deberían seguir el camino de la cándida y natural de Iowa Karen Cartwright (Katharine McPhee, otra hija de American Idol) para cumplir su sueño de triunfar en Broadway protagonizando un musical sobre la vida de alguien que llegó a mito procedente de lo más bajo del 'white trash': Marilyn Monroe..

El gran enemigo de Smash es el tópico pesado que encierran su planteamiento y sus personajes carentes de matices. La fábula del traslado a la gran ciudad para perseguir los sueños propios es tema recurrente hasta de la vida misma, así que el problema está en cómo se presenta esa circunstancia. Karen es demasiado blanda y novia perfecta, mientras que su antagonista, Ivy Lynn (Megan Hilty), es demasiado la típica rubia sin más (no es una perra a lo Amanda de Melrose Place, para entendernos) por lo que el guión está tardando demasiado en ponerle más defectos la primera y más mala idea a la segunda. No se trata de convertir eso en una oda a Showgirls, pero hace falta más tensión y competitividad entre los dos personajes que se disputan el papel protagonista del musical. Puede que el objetivo sea hacer que el espectador no se decante por ninguna de las dos potenciando sus facetas positivas, pero eso le está haciendo un flaco favor al drama, por no decir que, de momento, se nota una evidente imparcialidad en detrimento de Ivy, un personaje que por sus características juega con desventaja desde el principio.

Los secundarios encabezados por Julia Houston, la compositora del musical 'Marilyn' interpretada por Debra Messing (Will & Grace), y la productora Eileen Rand, encarnada por Angelica Houston (El honor de los Prizzi), todavía tienen que presentar poco a poco sus propios conflictos y dar paso a subtramas que ayuden a al conjunto. Precisamente sólo Julia con sus dilemas sobre la maternidad, y pasados extramatroniales, y Eileen, con el divorcio de su marido y socio empresarial, parecen tener algo que aportar. Los siguientes personajes en importancia, Tom, el músico (Christian Borle), y Derek, el director del musical (Jack Davenport, FlashForward, Swingtown), bailan al son de Julia y Eileen, mientras que el ayudante Ellis, en un papel tan prescindible como el de Ashley en Revenge, es justo el que empieza a independizarse un poco de los demás, aunque sea de forma un tanto patillera y obvia. Como obvio se antoja el destino de Dev, el novio de Karen, para quienes hayamos visto a Raza Jaffrey en Mistresses.

En un ecosistema de las 'networks' en el que la ley de la selva se aplica a rajatabla, un serie no se puede permitirse el lujo de echarse la siesta en los árboles y esperar a ver qué pasa. Y más si la ficción pertenece a una cadena como la NBC, necesitada de monzones que les rieguen urgentemente unas plantaciones que en vez de dramas sostenibles, producen fracasos. Smash, a priori,  lo tiene todo para sacar a la cadena del pavo real de la sequía dramática en la que se encuentra sumida desde hace unos años. La calidad de la producción es impecable desde esas mismas tomas coreografiadas de los castings y ensayos hasta las ensoñaciones sobre el escenario con las luces y el maquillaje. Además, los temas originales compuestos para la serie-musical sin ser la maravilla funcionan por sí solos, pero es el modo de contar la historia y sus personajes lo que debilita cualquier potencial que el producto pueda tener a mayores. La apuesta era arriesgada por su orginalidad, pero carece de más empuje y, paradójicamente, ritmo.

Y también habría que peguntarse sobre la idoneidad de la estrategia de programación de la serie. Cuestionarse hasta qué punto a una  ficción dramática, pero ligera en sus pretensiones, como Smash le conviene estar en la franja de las diez de la noche; si el target de The Voice es realmente el suyo, y si fue acertado o no moverla a la 'midseason' para darle más cancha ese bodrio ya difunto que es The Playboy Club, por mucho que así quede más bonito por coincidir con el quincuagésimo aniversario de la muerte de Marilyn.

martes, 20 de septiembre de 2011

Pilotando The Playboy Club: De exclusivo, nada


"Don't let the fluffy tail fool you". Hasta el estilo del lema promocional es único.

La NBC nos ha dado la llave del primer club que Hugh Hefner abrió en su Chicago natal allá por 1963 y, contra todo pronóstico, hemos encontrado un local frío, casi helado glaciar. Al tratarse de un drama de network,  no esperábamos tampoco que The Playboy Club fuera un fiel reflejo en la ficción de toda la lujuria que implicaban las conejitas del viejo Hef en la época, pero se ha quedado muy lejos de unas expectativas moderadas. El ínfimo aprovechamiento de la erótica, no obstante, es la punta del iceberg de un piloto que hace aguas por todas partes y no es capaz de disimularlo.

Desde el trailer mostrado en los 'upfronts' de mayo, se ha hecho muy difícil deshacerse de la sensación de que algo no estaba bien en el reparto de la serie. Y no me refiero a Amber Heard, que, por físico resulta verosímil como Maureen, la conejita recién llegada al club, sino al portagonista masculino, Eddie Cibrian. A Cibrian le toca interpretar a Nick Dalton, el típico abogado triunfador, archiconocido, con ambiciones políticas y con conexiones con la mafia que, supuestamente, tiene que provocar un coma profundo a cualquier mujer que se cruce en su camino. La seducción se queda en intento frustrado (prueba: estoy despierta) porque la responsabilidad del papel le queda enorme a un actor al que la frente le debe estar doliendo de tanto fruncirla para dar la impresión de tipo interesante con peligro. La sombra de Jon Hamm con su Don Draper de Mad Men es alargada y los responsables de casting debieron quedarse con la peor de las coplas al adjudicarle el personaje a Cibrian. Es probable que en manos de otro actor, y con otro peinado,  Dalton no hubiera tenido esa fachada de remedo de Draper, que hunde más la imagen de la serie con vistas a callar bocas en las comparaciones con los publicistas de Matt Weiner. Tampoco está de más destacar que el efecto nocivo se multiplica al ser su presencia bastante notable en este primer capítulo donde, en general, el nivel de actuaciones se mueve en el aprobado raspado.

Maureen se ve envuelta desde los minutos iniciales en una trama de asesinato al cargarse en defensa propia al capo mafioso de la ciudad, que pretendía violarla. Dalton que, claro está, ya le había echado el ojo a la conejita, la ayuda a deshacerse del cadáver, beneficiando de esta forma a su carrera para fiscal del distrito, porque, casualidad, el muerto era también su padrino en la familia y eso no queda bien. A partir de ahí, es natural que los esbirros del mafioso, se pasen por el club a hacer (poca) presión, mientras vemos como se empieza a desarrollar paralelamente una tensión de celos entre la novata Maureen y Carol-Lynne, la conejita estrella y amante de Dalton, que ve amenazado su puesto en las dos madrigueras.



Para lo que exige una historia de este estilo, la ambientación resulta demasiado aséptica. The Playboy Club necesita más suciedad, más garra sitúandose nada menos que en una Chicago heredera de una tradición criminal. El piloto no hace más que insistir en que el club y la mansión representan un bonito escape de la realidad  de aquellos años y, aunque se ve un esfuerzo en ver cuál es esa realidad, queda eclipsado por escenas que, por repetitivas, hacen que la fantasía resulte de plástico. Quizá no era necesario que el primer capítulo viésemos fiestas en el club y la mansión animadas ambas por unos jóvenes Ike y Tina Turner. Quizá hubiera estado mejor ahorrarse algunos cartuchos de glamour para más adelante, y así no dejar el tema de la organización clandestina de activistas gays en una subtrama diseñada a conciencia para cubrir de aquella manera la cuota histórica de la serie.

Los pésimos 5 millones de espectadores y 1.5 de rating en la demo levantados por la premiere no auguran mucho margen de mejora a esta producción con la que el pavo de la NBC esperaba lucir plumas tras un lustro de humillaciones en parrilla. Que no se diga que esta vez que la cancelación vino por la controversia de enseñar carne en la franja de las 10 de la noche.

miércoles, 20 de enero de 2010

Jumping the pond

Si Napoleón se levantase de la tumba seguro que aplaudiría los avances de su legendaria archinenemiga, la "pérfida Albión". Que ahora sea FOX quien esté preparando un proyecto de adaptación de la británica Torchwood, spin-off de Doctor Who, da cuenta de la inteligente reconquista (mediática) que los isleños están llevando a cabo en la antigua colonia americana. Inmersos en un evidente colapso creativo, no es extraño que en los últimos tiempos aparezcan noticias contando que los Estados Unidos recurren a la fecundísima ex metrópoli en busca de provisiones para asarlas ellos mismos en sus parrillas, con independencia de los productos que les llegan importados vía BBC America.

Pero la tendencia parece haberse hecho más notoria en los últimos tres meses, en los que, además de la serie de Russel T. Davies, se han anunciado sendos remakes de dos éxitos de crítica y público en UK, como son la paranormal Being Human (BBC3) o la adolescente Skins (E4). SyFy alargará a trece capítulos las experiencias de un hombre lobo, un vampiro y una fantasma compartiendo piso, mientras que MTV trasladará a Baltimore las tribulaciones de la pandilla de Bristol, aunque todavía está por ver si con el mismo grado de atrevimiento que en el original. En cualquier caso, de entrada el concepto de ambas series se acopla perfectamente a la marca de los canales, si bien la audiencia yanki no siempre responde bien a las adaptaciones.

Ése fue el caso del remake de Life on Mars, que duró una única temporada (2008-2009) antes de que la ABC decidiera no renovarlo para el siguiente curso. El acto de la cadena de Disney fue benévolo en comparación con lo que hizo la NBC en 2003 con la sitcom Coupling, a la que se cargó después de cuatro episodios, incapaz de aguantar las comparaciones con el original de la BBC2, y dejando en el cuarto oscuro siete capítulos ya rodados. Tan flagrante debía ser la diferencia de calidad entre la británica y la americana que BBC America se permitió el lujo de programar su serie a continuación de cuando emitía la cadena de Peacock para que los espectadores apreciaran el contraste.

Con todo, la humillada NBC no se dio por vencida y recuperó su honor adaptando en 2005 The Office. La versión, con actualmente seis temporadas a sus espaldas y múltiples premios, ha conseguido construírse una identidad al margen de la creación de Ricky Gervais, al que bastaron catorce episodios de 'mockumentary' en 2001 para influír en el tipo de comedias que se harían después. Los pavos reales intentarían seguir por la senda del éxito con The IT Crowd (Channel 4), pero el piloto no se llegó a emitir.

ABC, NBC, FOX... ¿Qué pasa con la otra 'big', CBS? Aunque parezca que no le hace falta, 'el Ojo' también se las apaña para avistar en los valles británicos su propia adaptación... de un procedimental, por supuesto. El pasado verano se anunció un proyecto para Wire in the Blood (ITV, 2002-2008), drama criminal sobre un psicólogo clínico que resuelve asesinatos ayudado por una detective. Habrá que esperar a los 'upfronts' de mayo para ver en qué quedó el piloto encargado a uno de los guionistas de C.S.I.: Miami, en un intento de resacirse de los pobres resultados cosechados por el remake de la miniserie Eleventh Hour (ITV, 2006) en la temporada anterior. Igual que aquel anuncio del Kas, unos tiran para la BBC y otros para ITV.

Las generalistas no se cortan al hacer sus propias versiones y, (sorpresivamente por lo que representa en términos de innovación), el cable, tampoco. Russel T. Davies está curtido en cosas del remake ya que vio cómo Showtime adaptaba en 2000 el drama gay de Channel 4, Queer as Folk, que se extendió cinco temporadas al otro lado del charco.


La HBO mantiene una estrecha relación con la BBC para colaborar en la producción de ficciones que de otra manera no hubieran podido salir a la luz, como Rome (2005-2007) , o la reciente House of Saddam. Sin embargo, el canal de cable estadounidense se encargó de impulsar el spin-off yanki del show de sketches Little Britain, que si bien no es una adaptación mantiene a los mismos personajes británicos del original lidiando con su nueva vida en los USA. Para remakes ortdodoxos, el de Shameless (Channel 4), del que ya se ha encargado un piloto con William H. Macy y Emmy Rossum en el cast.

Incluso la nueva ola del cable, con AMC a la cabeza, sucumbe a la tentación del 'pudding'. Ahí está el clásico de ciencia-ficción The Prisoner que, más de cuarenta años después de su estreno en ITV, se transformó en miniserie con Ian McKellen y Jim Caviezel una vez que arribó a la isla de Ellis.

PD: Seguro que hay más remakes de Albión escondidos en USA, así que si sabéis de alguno, adelante :)

lunes, 16 de noviembre de 2009

Midley Season: "Ya se lo dije a Joss"

Cuando publiqué el anterior post, sobre la baja de Eastwick en las filas de la ABC, no pensé que la FOX fuera a mandar al patíbulo ese mismo día a alguien que ya llevaba demasiado tiempo esperando su sentencia: Joss Whedon. La blogosfera seriéfila coincidió en destacar la misericordia de la cadena de News Corp. hacia Dollhouse, pero era 'vox populi' que la gracia no le iba a durar más allá de esta temporada. "¿Quién le mandaría a Joss mezclarse con zorros?", se pregunta por teléfono, la periodista especializada, Midley Season, desde su retiro de las Islas Caimán, en el que recaló tras una crisis de ansiedad durante los 'upfronts' de mayo.

Series a la parrilla: ¿Volverá pronto a su columna semanal, Midley?
Midley Season: No, no lo creo. Necesitaba unas vacaciones, sabes? Quince años en el negocio soportando las amenazas de esos indeseables como Cliff Hanger... ¡Yo fui la primera en denunciar el daño que los métodos de los cancelaseries están haciendo a la industria! ¿Y cómo me lo han pagado mis jefes? ¡Reduciendo las líneas a mi columna y obligándome a entrevistar a Charlie Sheen!

SP: ¿Puedo entender que sus jefes se han vendido?
MS: Eso lo dices tú, no yo. Yo sólo digo que es inadmisible el poder que ha ido ganando este tipo de asesores, como ellos se autoproclaman. ¡Eufemismos!

SP: A pesar de su retiro, seguro que está al tanto de los últimos movimientos...
MS: Que me levante todos los días a mediodía no significa que no esté enterada. Sé lo que le pasó a Joss, porque, ¿es eso a lo que te refieres, no? Acabo de hablar con él por videoconferencia. Una pena, pero que nadie, especialmente sus enemigos, piensen que está llorando abrazado una silueta promocional de Eliza Dushku. Él sabe salir de estas situaciones.

SP: ¿Lo dice por Firefly?
MS: Lo digo por Firefly, aunque en este caso los zorros no se han ensañado como en aquella ocasión. Recuerdo que escribí diez artículos criticando la cancelación de la serie. Muchas veces le he dicho a Joss en qué estaba pensando cuando le ofreció el proyecto a FOX. "¿Estas colocado? Rupert Murdoch es la Boca del Infierno", creo que le solté cuando me lo contó. Pasan los años y sigo sin entenderlo, la verdad.

Creando la serie 'incancelable' para Joss

SP: ¿Y qué le parece que vaya a dirigir un episodio de Glee?
MS: Apaga y vámonos si no se lo hubiesen ofrecido. Los musicales se le dan muy bien. Cómo disfruté con Doctor Horrible y, claro, con 'One more, with feeling' de Buffy, faltaría más.

SP: Deja claro que es una chica Whedon pero, ¿le gusta la serie?
MS: Si te sirve como respuesta compro todos las canciones en iTunes y le he mandado mis felicitaciones a Ryan [Murphy] vía Twittter.

SP: ¿Debemos suponer que, a pesar de este descanso, se mantiene activa de alguna manera a través de este medio?
MS: ¡Por supuesto! Midley Season no se acaba en una columna, es más, desde aquí puedo ser mucho más combativa a favor de las series que deben seguir adelante.

SP: Con todo el respeto, ¿no cree que está dando la razón a aquellos que la tildan de abogada de pleitos pobres? Las series de Whedon, Arrested Development, Veronica Mars... usted hizo campaña por todas ellas. Hasta ha defendido a Southland (ex NBC) estos últimos días.
MS:
Que TNT haya recogido a Southland ha sido una satisfacción tan grande como que la misma ABC haya cancelado Hank. A veces se consiguen cambiar algunas cosas. Ahora mismo, estoy empezando un movimiento para salvar Fringe. Más vale prevenir que curar, ya se sabe.

SP: ¿Por qué dice que está descansando en su casa de Las Caimán cuando está en realidad haciendo todo lo contrario?
MS: ¡Pero si 'twittear' es estar de vacaciones!

PD: Aprovecho para volver a dar gracias, esta vez en el blog, a The TV Slayers por la cita en su último podcast :)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Contrahechizo

Los contrahechizos para combatir la magia negra que ha venido practicando la audiencia con Eastwick no le han servido de nada a la ABC para mantener a flote este drama 'hoccus poccus', resultado de un cruce maligno entre Desperate Housewives y la famosa película de los ochenta. Eso sí, la cancelación se producirá tras haber cumplido cada una de las fases del conjuro, por lo que se producirán y emitirán los trece episodios que se habían encargado en un principio. Ya se sabe que jugar con 'meigas' es tentar al gafe de por vida, y no es plan de enfadar a los aproximadamente cuatro millones y medio de 'trasnos' que veían la serie, según el Libro de las Sombras.

Los pobres datos que ha venido marcando en el target comercial, los miércoles a las 10 de la noche, con un rating alrededor del 1,5 por ciento, sin duda dan la razón a la cadena de Disney para archivar la serie protagonizada por Rebecca Romijn, Lindsay Price y Jamie Ray Newman. A su favor hay que decir que tuvo el mal fario de ser programada en la misma franja que uno de los tótems de la CBS, CSI: NY; pero al mismo tiempo, la crítica se ha divertido haciendo vudú con ella, por insípida e incapaz de ofrecer nada medianamente atractivo.

Con esta noticia, la ABC se une a The CW y a la cada vez más desplumada NBC (veremos en qué acaba la compra del grupo NBC Universal por parte del gigante del cable Comcast) en la terna de 'networks' que han finiquitado alguno de sus estrenos en lo que llevamos de cosecha televisiva. La cadena del Abecedario ha cuidado un poco las formas a la hora de cerrar Eastwick, ya que simplemente se ha limitado a no otorgarle a la serie el derecho a temporada completa, algo que también ha hecho Peacock con Trauma. El drama paramédico a lo Michael Bay también se apagará tras los trece episodios que se suelen contratar al inicio de la 'season'.

Ya vimos que The CW no tuvo tantos miramientos y devolvió toda la colección de The Beautiful Life sin haberla sacado casi del camión. Mientras, la CBS se ha aliado con el brujo que supuestamente le hace la puñeta a Cristiano Ronaldo, y tiene la casa protegida para bastante tiempo, así que sólo nos falta saber cuándo actuará Aquella que No Debe ser Nombrada. Ya tarda para lo que acostumbra.

domingo, 4 de octubre de 2009

¿Viene J.J. a revitalizar la NBC?

Tras el anuncio oficial de que la NBC finalmente se ha quedado con el guión del nuevo drama de espías que J.J. Abrams ha escrito junto con Josh Reims, el niño mimado de la industria está sólo a un paso de completar, como si del Grand Slam de tenis se tratase, el 'Big Four', puesto que, de entre las cuatros grandes cadenas, sólo la CBS no ha caído aún en sus encantos.

En el artículo que publica THR sobre la noticia, se destaca que no es la primera vez que Abrams pone un libreto suyo a expensas del libre mercado para que las 'networks' se peleen cuales novias por un pretendiente. Así, en 2007, FOX se llevó el gato al agua con Fringe, con la que la productora de J.J., Bad Robot, asociada a WBTV, consiguió un 'series commitment' (un compromiso de grabar una temporada completa). Pese a que actualmente la segunda temporada de la serie ha aterrizado en parrilla con unos discretos datos de audiencia, este drama de ciencia-ficción fue una de las grandes sorpresas de la temporada pasada.

Bad Robot es en estos momentos un valor seguro dentro de la industria, y los pavos reales de la NBC Universal se han quedado con la copla después de un año para el olvido, que se saldó en julio con la salida de Ben Silverman al frente del departamento de Entretenimiento para Televisión. Su sustituto, Jeff Gaspin, tiene ahora la tarea de devolver el prestigio a la ficción de la cadena. Además de hacerse con el proyecto de Abrams, se ha encargado de ordenar un recorte en una de las novedades para este año, Day One, que finalmente será miniserie por el miedo a que haga tan bien su papel de nueva Jericho que no pase de la primera temporada.

Por lo que se sabe, el guión del drama de espías de J.J. y Reims (que ya trabajó con Abrams en Felicity) lleva parejo un 'pilot commitment', es decir, si la NBC decide no producir el piloto, tendrá que abrir la billetera e indemnizar a Bad Robot y a WBTV. El argumento recuerda mucho al de Sr. y Sra. Smith, a lo que hay que unir la experiencia de Bad Robot en el género de agentes secretos con problemas familiares que vimos en Alias, donde también se jugaba la carta de 'lo desconocido' con la trama de Rambaldi. Con tan pocos detalles, no se puede decir nada más, aunque el proyecto parece tan 'dejà vu' como alguno de los nuevos estrenos de la cadena para esta nueva temporada. La premisa, en principio, está lejos de ofrecer algo medianamente rompedor como lo fue en día la agonizante Heroes.

Sea lo que sea, viendo la necesidad de éxitos en Peacock, habrá que estar atentos al desarrollo de la idea y de si se le da luz verde como serie. El márketing de Abrams ya lo tienen; ahora, a ver en qué resulta lo que ya podemos considerar como primer gran movimiento de Gaspin con vistas a la temporada 2010/11. ¿Adivináis cuál puede ser el siguiente?

martes, 28 de julio de 2009

Un buen rey al que no dejaron reinar

Reconozco que antes de escribir la presente entrada, he tenido que ir a la habitación de mi compañero de piso y ponerme el ventilador en el cuarto unos minutos. Porque cada vez que intento evocar la season finale de Kings no puedo evitar que me suba la temperatura de la indignación. ¿De verdad que todo se acaba cuando la fábula sólo está por la mitad?

Como ya se apuntaba en el piloto, la malograda serie de Michael Green era una carga demasiado pesada para lo que podía soportar la NBC, que, ante el único producto de su actual parrilla sellado con la marca de calidad, no supo ni promocionarlo ni programarlo (publicidad nula y condena al cementerio de los sábados). Por supuesto que nadie sabe con exactitud cómo reaccionará la audiencia ante una nueva serie pero, sin duda, los 'pavitos reales' son responsables de la debacle de la historia de David en los audímetros estadounidenses. El esfuerzo de comunicación para hacer llegar a los espectadores la adaptación del texto bíblico es mayor y se vuelve más complicado cuando tus espectadores no pagan por acceder a los contenidos.

Que una 'network' como la NBC diese luz verde a una temporada de 13 capítulos sabiendo que Kings no era una serie fácil, y para más inri, después ni presuma de ella cuando la crítica la etiqueta como 'El mejor estreno del año', dice bastante de la esquizofrenia que padece la cadena en sus departamentos directivos. Como diría una buena amiga: ¿Para qué gastarte unos miles de euros en un bolso de Hermés si no lo vas a lucir? Pues lo mismo. Eso sí, aún está por ver si el cambio de guardia anunciado ayer da resultados benignos a la cadena.

Esta sensación de sinsentido aumenta tras haber terminado la serie, impecable en el apartado técnico y emotiva en la narración. Quizá su tendencia a excederse en el preciosismo de los símbolos y el lenguaje shakesperiano sean sus 'peros' más destacables, aunque quedan eclipsados por la fuerza y el ritmo de la historia y unos personajes, en general, con sangre en las venas. En concreto, el Rey Silas que compone un inmenso Ian McShane, actor capaz de transmitir amabilidad y celos de favorito caído en desgracia con una gracia pasmosa.



Curiosamente, su personaje acaba en el mismo punto en el que empezó Jack Benjamin, ciego de envidia, pero con el añadido de ser castigado por el mismísimo Dios. Por su base bíblica, la serie no se desprendió de su componente religioso y/o sobrenatural en ninguno de sus capítulos, si bien esto se hizo más patente en el último, que deja al espectador con la miel en los labios y con las ganas de seguir acompañando a David en la senda hacia el trono. Costó una temporada entera para que el chaval aceptara que su destino era ser monarca de Gilboa como para que nos dejen con un final tipo 'coitus interruptus' y sin la posibilidad de ver cómo el Capitán Shepherd supera el arquetipo de héroe impoluto.

Una vez se supo que estaba cancelada, lo mínimo que se le pedía a la serie era un desenlace digno y cerrado, pero considerando que fue rodada en bloque y sin vuelta atrás, pues pocas esperanzas había. Y llegados a este punto volvemos a hacernos la misma pregunta: ¿Por qué encargar un cierto número de capítulos cuando en el fondo estás temblando de miedo? Si la NBC quería conseguir con la propuesta de Green un hipotético éxito de crítica, a sabiendas de que no era un producto masivo, tenía que haberle planteado al creador la posibilidad de articular una miniserie desde el principio, en lugar de una serie al uso. Porque a estas alturas ya nadie se cree que eso de que Kings contaba con un cierre en el que se atan todos los cabos, tal y como explicó el propio 'showrunner'.

Pero lo peor del caso es que, visto el pausado desarrollo de la historia a lo largo de los capítulos, resultaría una chapuza que, de repente, se reuniera de nuevo el equipo de rodaje para darle un final a la trama. Todo hubiese quedado comprimido y acelerado. Por ello, con todo el dolor del mundo, mejor me quedo este final inconcluso antes de que lo hubieran empeorado.

lunes, 25 de mayo de 2009

Breaking news: Cliff Hanger spits out again

Todo el mundo sabe que la semana de los 'upfronts' es una especie de primavera en la que florecen las canas y la alopecia a partes iguales en las cabezas de los ejecutivos de televisión. Pero analizando lo ocurrido una semana después, me atrevo a vaticinar que el mandamás de la NBC, Ben Silverman, empezará a experimentar este proceso en otoño, cuando Jay Leno saque el Atila que lleva dentro y convierta en tierra muerta las cinco horas de 'prime time' que va a pisar a la semana. Por supuesto, esta última afirmación es algo con lo que el veterano cancelador de series Cliff Hanger disiente por completo.

Deseando retomar la conversación donde la dejamos, y tras mucho insistir (10 mails y otras tantas llamadas) y llevarme malas contestaciones, por fin conseguí que Hanger me dedicara algo de su escaso tiempo. Eso sí, calculo que fueron alrededor de 20 minutos. Los que le llevó redactar el siguiente comunicado, en el que hace un balance de lo ocurrido:

"
No puedo declarar en absoluto que esté contento con los resultados obtenidos por mi compañía este año. Desde luego que mis hombres se van a quedar sin royalties, y con razón. Al final no consiguieron que esos cretinos fans de Chuck se fueran a comprar cajas de kleenex en vez de bocadillos a Subway. Lo mismo puedo decir de ese llorica de Whedon, que ha jugado a Los Miserables con su casa de muñecas y ha conseguido salvar su su serie por cuatro duros. Hemos fallado, pero sobre todo al ver que el día de emisión (viernes) de Dollhouse no ha variado y que se enfrenta a las brujas de la CBS, confiamos en que la FOX nos vuelva a requerir y cargarle el 20 por ciento de más. Es una pena porque son buenos clientes, pero no nos han hecho caso. Así es nuestro negocio, el que avisa no es traidor.

Como le dé un espasmo ahora...

En este sentido, pienso también que la NBC ha cometido un terrible error renovando esa parida de espías, pero lo ha subsanado poniendo cinco horas de buena comedia a la semana. Silverman es un tipo listo en el fondo y no se le puede reprochar haberse rendido ante esa escoria de estudios o productores con Medium como, por el contrario, sí lo ha hecho (sorprendentemente) la FOX con el friki. Aún así, por lo menos no acabó cediendo ante los hooligans de Terminator y la terminó, valga la redundancia. No era una mala serie pero tanto lío con los robotitos de turno cansaba.

La CBS tampoco se ha portado demasiado bien este año. Aparte de recoger a la rubia loca con pesadillas (para contento de mi esposa, que la adora), le ha hecho una putada a mi amigo Bruckheimer, que me llamó muy disgustado creyendo que mis hombres tendrían algo que ver en lo ocurrido con Without a Trace. Ya le aclaré que no estábamos involucrados en el asunto y aprovecho ahora para desmentir de una vez por todas las acusaciones de esa periodistucha llamada Midley Season, que se ha dedicado a echar mierda sobre el tema. Fue una decisión tomada por la cadena sin asesoramiento alguno (quizá se están creyendo demasiado eso de ser los reyes del mambo), aunque al final Jerry ha colocado su nueva serie de médicos.

De la ABC sólo puedo alabar su carácter previsor, ya que nos llamaron muchos antes del final de temporada, y por fin supieron ver que esa pastelada de Pushing Daisies estaba condenada. Mi abuela murió de diabetes, y no quería que les ocurriese lo mismo a mis hijos de continuar en pie semejante serie. Personalmente, como seguidor de Donald Sutherland, no deseaba ayudar a cargarse Dirty Sexy Money, pero en esta vida hay que demostrar que eres un profesional. Por eso quizás también me siento un poco defraudado con la actitud de N(blip) F(blip), al que seguro que han tenido que mimar de buena manera para que haya dejado en la estacada a sus antiguos colegas del gremio y no haya hecho nada por hundir Castle.

Con respecto a su pregunta sobre The CW, ésta no ha contratado nuestros servicios, pero no porque se puedan permitir licencias como la CBS, sino porque están a dos velas y nosotros tenemos unas tarifas iniciales inamovibles que dan cuenta de nuestro prestigio.

Espero haber dejado todo claro para no tener que dar explicaciones a sus impertinencias hasta el próximo año, si todo transcurre dentro de lo previsto. Me merezco unas vacaciones."

domingo, 3 de mayo de 2009

Pilotando Southland: Barrenderos con pistola y corbata

Voy a confesarlo abiertamente: no soy amante de las típicas series de polis. Quizá por ello, me acerqué con ciertos prejuicios a la nueva ficción apadrinada por John Wells, productor ejecutivo de E.R y The West Wing, entre otras. Pero Southland ha hecho conmigo lo que ayer el Barça a la prensa deportiva de Madrid: '¡Zas, en toda la boca!'. Aunque, en este caso, yo diría '¡Bang!' porque balas es lo que abunda en los bajos fondos de Los Ángeles, ya sea para crear o barrer basura humana.

Casi al lado de las glamourosas palmeras de Beverly Hills y los escaparates de Rodeo Drive, yace un inframundo de carroña que esta producción se atreve a mostrar sin tapujos hasta donde los límites de la NBC permiten. Con poca música y mucho ruido de la calle, Southland nos adentra, bajo su capa de drama con toques documentales, en el día a día de un grupo de agentes del departamento de policía de L.A., encargados de limpiar la porquería en las esquinas del sur de la ciudad (de ahí el juego de palabras que da título a la serie), campamento de pandillas, traficantes y delincuentes comunes. ¿A quién le gustaría trabajar allí? Pues a Ben Sherman (Ben McKenzie).

El oficial Sherman tiene dos problemas: es un novato recién salido de la academia y, además tiene pinta de chico 90210, como bien lo describe su veterano compañero de patrulla, John Cooper ( Michael Culdlitz). Debe demostrar que está por encima de las situaciones y, además, lidiar con las continuas puyas que le lanza el incisivo Cooper a propósito de su acomodado origen. McKenzie no es que recite demasiadas líneas del guión en este piloto, es más, nos sigue ofreciendo el mismo rostro pétreo y algo inexpresivo que cuando interpretaba a Ryan en The O.C. (buenísimo ese gag-homenaje a los pijos de Newport), pero cumple con su papel.



A pesar de que aparenta ser un tipo de serie coral en la que los personajes no tienen un peso demasiado importante, Southland aprovecha la acción para desvelarnos detalles de la vida personal de cada uno de los protagonistas. Así, tenemos a la detective Lydia Adams (Regina King), que compagina como puede su trabajo con el cuidado de su madre, y al detective Sammy Bryant (Shawn Hatosy), con un matrimonio en crisis. De la agente Chikie Brown (Arija Bareikis), de momento, sólo sabemos que aspira a convertirse en la primera mujer SWAT.

Si la serie sigue pegada a la realidad, no se vuelve repetitiva (mi principal temor) y mantiene su excelente factura visual, me veré obligada a disparar a la segunda tanda de episodios, a pesar de los pitidos de censura para tacos de la NBC. La cadena, poseída por el espíritu del cable en esta 'midseason', ha conseguido con Southland el éxito de crítica y público que no pudo lograr con la majestuosa Kings.

A la espera de que ésta última regrese de sus vacaciones forzosas, creo que ya he firmado el diario de entrenamiento del agente Sherman con una buena nota.

lunes, 27 de abril de 2009

Entrevista secreta con un cancelador de series

Café, papeles, más café y más papeles. Con los 'upfronts' a la vuelta de la esquina, los directivos de las grandes cadenas están al borde de un colapso nervioso. Prácticamente acampan en los despachos, desde donde deciden los destinos de las ficciones que viven en sus parrillas. Tan ardua es su tarea, que no dejan entrar a nadie que pueda perturbar el ambiente que se respira allí dentro, pero hay ciertos tipos que tienen pase VIP. Vestido de negro Hugo Boss, y recordándome por enésima vez que no dé detalles sobre su aspecto físico, Clifford 'Cliff' Hanger me ha citado en un café cercano al número 30 de Rockefeller Plaza para hablar de lo que mejor sabe hacer: convencer para que cancelen una serie.

Una eminencia de esta faceta desconocida del mundo de la televisión, Hanger se toma con filosofía eso no de aparecer en los créditos de agradecimiento. "Es parte de mi trabajo como asesor, así nos ahorramos que fans enloquecidos atenten contra la seguridad de nuestras familias", asegura mientras responde presto a un mensaje que acaba de llegar a su Blackberry.

Series a la parrilla: ¿Era sobre Dollhouse?
Cliff Hanger: Joss Whedon es un viejo conocido en nuestro negocio. Cuando logramos persuadir a la FOX de la inviabilidad de Firefly, le avisamos de que no volviese a contratar nada que viniera de este tío, pero, qué le vamos a hacer, Buffy fue un éxito y, desde entonces, vive de las rentas con cualquier porquería que se le ocurra. Mi equipo está trabajando duro para que no renueven Dollhouse, pero la negociación está difícil porque el amigo se dedica a soltar perlas por los festivales y, claro, eso confunde a los directivos. Sólo cuando se ponen demasiado farrucos, utilizamos hipnosis o drogas.

SP: ¿Recibe muchas llamadas de la FOX?
CH: Son los más inteligentes. De tantas veces que nos han llamado, les hacemos precio con cada nuevo servicio. Saben de qué va este mundo y no se andan con chiquitas, como debe de ser.

SP: En pleno final de temporada, supongo que alguien como usted no debe dar abasto con tanto trabajo.
CH: La verdad es que no. Abril-Mayo es nuestra época de mayor actividad, aunque solemos hacer algún servicio especial a principios y a mitad de temporada como, por ejemplo, Kings. Nosotros apostamos por la cancelación fulminante pero, la NBC quería mantenerla. Ya sabes, esa patochada del prestigio, bla, bla... Por eso la pasaron al verano, aunque está claro que no la van a renovar.

SP: Ahora que la ha mencionado, ¿ha contactado con usted la NBC para resolver la situación de Chuck?
CH: Mira, si una serie no te da suficiente audiencia, la mandas al infierno directamente, como yo hubiera hecho ya hace tiempo con Heroes. Pero volvemos a lo de siempre, a esos niñatos que viven de sus padres y que no tienen nada mejor que hacer que amenazar con quemarte la cadena, por ejemplo. Ahora dicen que van a comprar bocatas en el Subway para salvar a Chuck... ¡Qué los compren! Más dinero para Subway, que es patrocinador, a cambio de nada. No hay nada cerrado con Chuck todavía, pero nosotros decimos que con Leno ahí, no vale la pena mantenerla.

SP: Hombre, Jericho le debió su renovación a los cacahuetes...
CH: Pero luego se vio que a la gente no le interesaba. ¿Sabes lo mejor de todo? Que la CBS no tuvo que reabastecer su máquina de snacks durante tres meses.

SP: De todos las cancelaciones que ha conseguido, ¿de cuál se siente más orgulloso?
CH: Hay varias. Carnivale fue nuestro primer gran trabajo para la HBO, pero sin duda, recuerdo con mucho cariño la de Veronica Mars, por lo que nos costó. Ya nos llamaron a final de la segunda temporada con eso de que UPN se fusionaba con The WB, pero la cadena decidió seguir con ella. Aún así, la espera mereció la pena, porque si nos reclaman una segunda vez para el mismo caso, cobramos un 20 por ciento más.

SP: Tengo entendido que hace poco uno de los suyos fue apaleado por el caso Veronica Mars.
CH: Sí, y no es el primero. Por ello es tan importante la discreción en nuestro trabajo, ya que nunca sabes donde puedes encontrar a enajenados seriéfilos. Nuestra mejor victoria fue haber paralizado la producción antes de que los guionistas pudieran darle un final a la serie. Haciendo eso hundes a esa pandilla de fanáticos.

SP: Usted vive de matar series, pero, ¿hay alguna que le guste?
CH: Por supuesto que sí. Amo a las series, de ahí que nuestro trabajo consista en mantener el buen funcionamiento del panorama televisivo. Soy fan de todo lo que hace Jerry Bruckheimer y adoro Two and a Half Men. La CBS no nos necesita, lo cual es un síntoma de que lo están haciendo muy bien.

SP: ¿Qué tiene que hacer alguien para entrar a trabajar en su equipo de asesores?
CH: Muy fácil: tener visión para los negocios y tener, como mínimo, el carisma de nuestro mejor empleado.

SP: ¿Se puede saber de quién se trata?
CH: Hace tiempo que nos dejó para meterse a actor, pero N.F. le da mil vueltas al que ahora es mi mano derecha. Su facilidad para conseguir una cancelación sigue siendo asombrosa, a ver qué hace con Castle.

SP: ¿Cuánto cobraba?

Otro correo. Hanger se disculpa como puede. Gabinete de crisis en la FOX para debatir si se aprovecha el estreno de Terminator: Salvation para renovar The Sarah Connor Chronicles.

Continuará...

martes, 24 de marzo de 2009

Pilotando Kings: Cuando el versículo se hace serie

"Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. A partir de aquel día vino sobre David el espíritu del Señor" (1 Samuel 16:13).

Fue en primero de bachillerato cuando la Biblia se convirtió en el único libro de texto válido de la asignatura de Religión en el instituto público al que asistía. Bajo la batuta del párroco de una localidad vecina, nos pasamos casi un curso entero analizando pasajes del culebrón más grande jamás contado: el Tánaj o Antiguo Testamento. De entre todas sus historias repletas de guerras, romances y traiciones, la fábula del Rey David brilla con luz propia, al igual que Kings, la nueva serie que nos brinda la NBC y que moderniza la tragedia del segundo monarca de Israel.

Se agotan los adjetivos para describir el resultado de la reinterpretación visto en el doble piloto, a pesar de los pésimos datos de audiencia (4,5 millones de espectadores) que ha cosechado el tercer capítulo emitido en USA. La serie intimida de la majestuosidad que desprende su diseño de producción, impecable y colosal, especialmente, en las escenas que transcurren en el centro de gobierno, y en Shiloh, la metrópoli-capital del reino de Gilboa encabezado por el Rey Silas (un tremendo Ian McShane, Deadwood).

Gilboa está en guerra con el vecino Gath, que vendrían siendo los filisteos y cuentan, cómo no, con varias armas de combate llamadas Goliaths. Diferencia: aquí no hablamos de un sólo gigantón, sino de bastantes tanques que dejan a los gilboenses, como a los israelitas en la Biblia, bastante mermados. Encima, ha habido una emboscada y uno de los dos soldados prisioneros es Jack Benjamin (Sebastian Stan, aka Carter Baizen en Gossip Girl), el díscolo hijo del rey y crápula profesional.

Y aquí entra David Shepherd (Chris Egan), que, con el mínimo equipo de defensa, cruza las líneas enemigas para liberar a los rehenes y después deshacerse el solito de un Goliath. No hubo honda ni piedras, pero sí una granada y un bazoca. ¿Consecuencias de tan noble acto? El mecánico hijo de Jessie (el rol de Jesé es femenino en la serie) y menor de siete hermanos es aclamado con honores de héroe, presentado a las altas esferas de Gilboa, y ascendido a capitán por el mismísimo Rey Silas.

Cuando el espectador asiste al primero de los triunfos que consigue David a lo largo del capítulo, no se sorprende en absoluto porque dos años antes fue testigo del ungimiento del chico con la grasa de un coche que había arreglado. Esta escena, sucedida al principio del episodio, es clave porque explica que estamos ante un personaje excepcional capaz de hacer cosas extraordinarias y supone un magnífico ejercicio de adaptación del texto bíblico. En el libro, el profeta Samuel unge con aceite la frente de David designándolo como rey de Israel, mientras que aquí el Reverendo Samuels (Eamonn Walker) limpia un mancha de grasa de la frente del rubito que le solucionó el contratiempo. Una estampa sencilla pero significativa.

Este momento junto con la coronación de las mariposas a la que hacía referencia el Rey Silas remarcan la grandeza de David, que poco a poco se irá ganando la confianza del monarca, incapaz de confiar en su heredero Jack. La caída del Rey Saúl se ramifica en Silas y en Jack, ya que mientras el padre representa la corrupción del poder, el hijo encarna la envidia ante alguien que puede ocupar su lugar.

Por su parte, el Reverendo Samuels se anuncia en su papel de profeta pesado que suelta verdades como puños. No en vano, recuerda machaconamente al rey que se está alejando de los designios de ese Dios al que tanto le gusta aludir en sus discursos. Por el contrario, alaba las virtudes del joven David.

Tal es la cantidad de subtexto bíblico que hasta la puerta del pisito del chico lleva el número 7, cifra sagrada para los judíos (¿casualidad de que David sea el séptimo hermano?); y el nombre de la hija de Silas, Michelle, recuerda bastante al de la primera mujer de David: Michal, vástaga del Rey Saúl.

También se ha respetado el carácter de guerrero cultivado del chaval, que cambia las cuerdas del arpa por las del piano, con el que interpreta una pieza de Liszt que acompaña a los instantes más emotivos del piloto. Con todo, no pensemos que estamos ante el yerno que todas las madres querrían tener. David es un hombre con destino de héroe, pero un hombre, al fin y al cabo, con su debilidades, como así da a entender a su hermano Eli. "No soy como crees", le dice.

Considerando los datos de audiencia y que los 13 episodios de la primera temporada ya están rodados, podemos pensar que el periplo de Kings se quedará ahí. Una verdadera pena por el juego que puede dar el material en el que se basa la serie, quizá demasiado compleja para lo que puede soportar en estos momentos la NBC, que vive una etapa tan convulsa como la que retrata la historia creada por Michael Green.

Quién sabe los frutos que podría haber dado esta ficción en un canal de cable, así que, hoy por hoy, sólo podemos sentarnos y disfrutar de las intrigas políticas que configurarán el ascenso y caída (si da tiempo) del hijo de Jessie.

martes, 10 de marzo de 2009

Pilotando The Listener: Escuchantes en ambulancia

El domingo pasado sintonicé Radio 1 y me saltó el programa de Pepa Fernández No es un día cualquiera. He de reconocer que no soy una habitual de este magacín porque, de lo contrario, no me sorprendería que utilizara el apelativo de 'escuchantes' para dirigirse a los que estábamos en el salón de nuestras casas. Claro que pongo atención a lo que me dicen, pero soy incapaz de escuchar lo que no me cuentan, algo que sí puede hacer Toby Logan, el paramédico primo lejano de Novak Djokovic.

The Listener ha aterrizado en España (FOX) con el honor de haberse estrenado en todo el mundo antes que en los Estados (NBC) y Canáda (CTV), que, precisamente, es el país de origen de este procedimental con ínfulas sobrenaturales, pero que en factura creativa se queda a la altura de Melinda Gordon y sus ghostwhisperianas visiones. O sea, raso, raso.

Para empezar, la primera escena del piloto nos descubre el pastel de Toby Logan (Craig Olejnik). Allí en el tejado, y con una maraña de voces a su alrededor, me recordó al profesor Charles Xavier de los X- Men utilizando a Cerebro para buscar mutantes. Una presentación de la telepatía de Logan demasiado obvia, aunque no la podemos comparar a la de Sookie en True Blood, pues a diferencia de la vampirófila, nadie sabe que Toby puede leer mentes.

Tampoco se puede afirmar que estemos ante un telépata que necesite controlar su don, como Matt Parkman en la primera temporada de Heroes; al revés, aquí nos presentan a un tipo ya formado, que, incluso, está empezando a experimentar otras facetas de su propio poder. Así, nos lo muestran los guionistas con la escena de la impresión mental previa al rescate de la madre en el coche siniestrado. El vehículo explota en un alarde de efectos especiales innecesario, sólo para mostrar la típica imagen del héroe con la víctima en brazos dejando atrás el desastre. Cliché.



Poco original también es el caso que abre la serie y que anima al paramédico a plantearse el ayudar a los demás. Que nos planten a un personaje con sus facultades básicas ya estabilizadas es un síntoma de que en The Listener lo que importa son las historias de cada semana, aunque nos suministren píldoras del pasado de Logan (¿es su verdadero nombre?) y de dónde viene su poder. El tema de la joven madre soltera claramente remite a los telefilmes de Antena 3: falla por todas partes, al menos podrían haber tratado la premisa de manera que causase un fuerte impacto en el protagonista, y, de paso, de un poco de sustancia a la voz en off del final, cuando acepta que su don puede hacer el bien.

No nos engañemos, Toby no es ninguna mala pécora. Sólo lee mentes para camelarse a la médico Olivia Fawcett (Mylene Robic), anticiparse a la salidas de Osman (Ennis Esmer), su compañero de ambulancia, y, desde ahora, colaborar con la detective Charlie Marks (Lisa Marcos). Sí, porque (como en cualquier otra serie de este estilo) no puede faltar alguien que sepa disparar y hacer llaves como Dios manda.

En el caso concreto de Toby tampoco puede faltar su profesor Xavier particular, Ray Mercer (Colm Feore), quien se encargó de educar sus habilidades en el pasado y previsiblemente le seguirá ayudando a soportar los dolores de cabeza porque, como bien apuntó, el radio de acción de Logan "está aumentado".

Sin embargo, el mío no creo que lo haga. Sintonizar un capítulo de este 'escuchante' ha sido suficiente para que no vuelva a colocarme sobre su dial.