jueves, 31 de marzo de 2011

Voy y vengo como los fantasmas

Sabéis eso que se dice de los fantasmas, de que están atrapados entre dos dimensiones de forma que están por ahí pero tampoco son una presencia real. Como una idea que vaga sin llegar a materializarse nunca. La tercera temporada de Being Human (BBC3) ha tenido mucho de fantasmagórica, de inconsistente, de tenerlo todo para dar un paso más en la historia y, sin embargo, permitir que los elementos de su universo sobrenatural la superasen.

El impactante final de la segunda entrega ponía las expectativas por las nubes ante el regreso del malvado vampiro Herrick, al que todo el mundo veía persiguiendo a unos Mitchell, Annie, George y Nina recién instalados en su nueva casa de Cardiff. En su lugar, Toby Whithouse se ha dedicado a explorar a lo largo de los primeros capítulos otros submundos fantásticos, como el de los hombres lobo y cierta clase alta de vampiros, de una manera un tanto dispersa y con muy poco impacto en el arco argumental que atraviesa la temporada.

Para sólo contar con ocho capítulos, la mayoría se sienten como un largo prólogo para retrasar la llegada de lo bueno. Una circunstancia que no beneficia en nada al conjunto, ya que se fuerzan situaciones y se llevan al límite las acciones de ciertos personajes por amor al arte. Mitchell ha estado realmente insorportable en algunos tramos, arrastrando consigo a Annie, menos inspirada y más fantasma de lo habitual. después de un prometedor comienzo en los confines del Purgatorio. George y Nina tienen sus dramas de camada lobuna, que ya de por sí resultaban interesantes sin la necesidad de traer agentes externos.

Sin ánimo de destripar la trama, decir que la presentación más interesante ha sido la de Adam, un eterno vampiro adolescente, que pese a contar con 47 años sigue comportandose como cuando dejó de ser humano. La introducción de este personaje no ha sido casual ya que Adam protagoniza el spin-off de ocho webisodios de 15 minutos, Becoming Human al que le echaré un vistazo próximamente.

Renovada para una cuarta tanda de episodios tras el arrollador éxito de este año (una media de 1,4 millones de espectadores es muchísimo para un canal digital), el gran interrogante ahora se centra en qué va a pasar el próximo año con un Aidan Turner inmerso en el rodaje de esa película que de tan anticipada parece una procesión: El Hobbit. Sólo espero que después de la decepción que resultó el desenlace de Herrick esta vez, no jueguen la carta del 'todo vale' y se salten a la torera las propias normas y límites que han consolidado a la serie como una (todavía) apuesta refrescante dentro de su género.