miércoles, 4 de enero de 2012

Great Expectations, la fábula del niño de la forja

Muchos nos las prometíamos muy felices con el parón navideño y el tiempo que este receso deja para ponerse al día con capítulos atrasados o con viejas cuentes pendientas. Un deseo muy bonito hasta que te encuentras con la BBC y sus maliciosas miniseries... Ahi todos tus planes se van al traste. En este año que acaba de empezar se conmemora el bicentenario del nacimiento de una de las primeras grandes superestrellas de la literatura universal, el prolífico Charles Dickens. Y digo superestrella porque sus novelas publicadas en formato folletín creaban un 'hype' equivalente en la época victoriana al creado por cualquier serie salida de la factoría de un productor como J.J. Abrams (mejor no hablemos de su amor por los giros endiablados en sus tramas...).  Para iniciar los festejos de la efémeride, la casa británica ha sacado de la estantería una de las obras más famosas de este autor, Great Expectations, para ofrecerla a los espectadores en tres exquistos episodios de adaptación literaria.

Como otras tantas obras de Dickens (donde abundan las pinceladas autobiográficas), Great Expectations va directamente a las clases más bajas del Londres de mediados del S.XIX para narrarnos de una forma más categórica una historia de ascenso social salpicada de personajes retorcidos y desalmados, pero también de soñadores humildes con aspiraciones cumplidas y arruinadas a partes iguales. El pequeño Philip 'Pip' Pirrip (Oscar Kennedy/ Douglas Booth) vive en la forja que su cuñado y su hermana tienen en las marimas del Támesis, un lugar en donde su destino no puede ser otro que el de convertirse en herrero, hasta que como también le pasa a David Copperfield y Oliver Twist, una serie de circunstancias cambian su camino vital para siempre.

A partir de este momento Pip se encontrará con una terna de personajes encabezados por la misteriosa  Miss Havisham, una rica novia cadáver entre repugnante y trágica,  interpretada con acierto y sorprendente mesura (veremos lo que hace Bonham Carter en la adaptación cinematográfica) por una estelar Gillian Anderson, toda una catedrática en este tipo de papeles (ahí tenemos la madame de burdel de The Crimson Petal and The White), que repite con Dickens tras Bleak House y que últimamente vive un idilio con las adaptaciones literarias de la corporación. También destaca el interés amoroso y motor de gran parte movimientos del protagonista: Estella, la hija adoptiva de Havisham, o  la niña de la eterna cara de asco, que en su versión adulta está encarnada por una irreconocible Vanessa Kirby para quienes la hayan visto antes en su pequeña aparición en The Hour. Y como colofón se encuentra el amigo de Pip, el desheredado Herbert Pocket, al que da vida el carismático Harry Lloyd (Doctor Who, Viserys en Game of Thrones).

Me reservo comentar el menudo pero clave papel del otro gran reclamo del reparto, que no es otro que Ray Winstone, un veterano secundario de muchas producciones británicas. Pero, en resumidas cuentas, el plantel actoral, como es costumbre, soporta gran parte del peso de la adaptación. Y aquí hay que destacar el satisfactorio trabajo del monérrimo Booth como Pip adulto. Los prejucios hacían pensar que un modelo curtido en campañas de Burberry junto con Emma Watson y con perspectivas de salir en el remake de LOL con Miley Cyrus y Demi Moore no iba a hacer nada con el rol, pero Booth aporta una vulnerabilidad e ingenuidad que casan a la perfección con el personaje.

Para los que nos sabemos el cuento al dedillo, el guión escrito por Sarah Phelps va muy de la mano con el original novelesco, cambiando sólo detalles que para nada modifican los motivos de personajes y el sentido de las situaciones, e imprimiendo un ritmo muy fluído en la narración. Quizás le falta más riesgo a la hora de quitarle obviedad y darle más capas a algunos personajes como Orlick y Drummle, que quedan demasiado villanos de manual. Con una factura técnica incontestable que hace justicia a la atmósfera dickensiana original, potenciada por un diseño de vestuario y unos decorados milimétricos, la miniserie también puede ser captada perfectamente por ojos nuevos.

El fondo de la historia se mantiene muy fresco, ya desde esos cuidados títulos de crédito contando el desarrollo de una mariposa, el insecto de la plenitud efímera. Las grandes esperanzas humanas son imperecederas a los tiempos, pero a la par se siguen dando crónicas de estancias en la cima y súbitas caídas al barro de lo común, y más en  medio de una situación como la actual. De ahí que esta nueva versión del clásico adquiera un leve punto de oportunismo, si bien la crítica al paisaje social de la época quede en un segundo plano en favor de los objetivos personales de Pip y el romanticismo de la puesta en escena.

Unas escasas tres horas de buena televisión para empezar el año con buen pie.

3 comentarios:

OsKar108 dijo...

Quiero aprovechar este parón para ver The Crimson Petal And The White, y también lo intentaré con esta; y ya llevo algunas, porque he aprovechado para ver la 3ª de Misfits, The Pillars Of The Earth (que la tenía pendiente desde que acabé el libro, a principios del año pasado), también he visto la 1ª temporada de Mad Dogs y ahora quiero ver Marchlands. Miniseries al poder XD.

¡Saludos!

satrian dijo...

Que bien que escogieran a Ray Winstone, actorazo.
Me han gustado mucho los tres episodios y la ambientación, y los títulos de crédito entre mariposas y encajes maravillosos.

torpe dama dijo...

La única adaptación que había visto de esta novela (que, por cierto, aún no he leído) era la peli con Ethan Hawke, que no me gustó demasiado. Pero esta adaptación me ha gustado bastante: G. Anderson está, una vez más, soberbia en lo contenido de su desquiciamiento, y el resto de personajes no desmerecen. De todas formas, las adaptaciones de Dickens suelen simplificar demasiado el contenido y la crítica social de las novelas (centrándose en las tramas románticas que, me da la impresión, ni siquiera interesaban demasiado al autor), así que tampoco me atrevo demasiado a dar mi opinión hasta que no lea el libro.